Sobre la memoria histórica (3)
28.01.08 @ 10:11:42. Archivado en Violencia, Cultura, Política, Psicología, Colaboraciones, Salud Mental, Otros Autores, Investigación
Me presentaron a Octavio hace menos de 2 años aqui en Madrid. Nuestra común amiga Ana
Guardione fue nuestro contacto. Llega desde su Cuba natal con muchas ideas en su cabeza y entre sus actividades, está el desarrollo de un blog, el cine, la literatura, y el arte en todas sus manifestaciones.
Su centro de atención es el séptimo arte y la dirección. Tiene varios trabajos de filmación. Pero siempre asociado a la política, a la crítica social, a la rebeldía que emana de su juventud y de sus convicciones ideológicas.
Por Octavio Fraga
miércoles 16 de enero de 2008
Que me dijera mamá
La memoria histórica no es un concepto abstracto, un modismo de pasarela, mucho menos una “carta íntima” que debemos ocultar. Mirar hacia atrás no significa entretenernos en el goce de lo ajeno, o en nuestro pasado, distante en el tiempo.
Toda vivencia presente y futura está imbricada con los hilos del pasado, del que no podemos ni debemos desentendernos ni un instante. El conocimiento de la historia constituye una necesidad impostergable para el desarrollo y la formación del ser humano. El pasado es cimiento del presente, es la fuente, la raíz de la que debemos alimentarnos siempre.
Obviar o desconocer un capítulo de la historia local o universal constituye un claro riesgo de hacernos transitar por el vacío, que tiene inmediata consecuencia en la incomprensión de los procesos del presente y futuro.
En la historia contemporánea, el período franquista ha ocupado un lugar destacado por su particular evolución en Europa, con una clara repercusión en otros hemisferios de nuestro convulso planeta.
Sería injusto dejar de reconocer que en los años posteriores a la desaparición del franquismo ha brotado de manera escalonada literatura en torno a este período de la historia de España, pero aún quedan testimonios para nuevos trabajos, no solo literarios.
El audiovisual constituye una eficaz herramienta de reflexión y mirada, necesitada de certeros retratos audiovisuales.
No basta acuñar el franquismo como dictadura. El cine, y en particular el documental, por ese tradicional sentido de reconstrucción, son requeridos para esta labor. En esta reflexión cabe el ejemplo del documental Los niños perdidos del franquismo. 1ra. parte, de los realizadores Montse Armegou y Ricard Belis.
La tesis de esta obra desmonta el uso que le dieron los seguidores de Franco a la ciencia, en este caso la psiquiatría, para justificar ideológicamente las represiones, vejámenes y ajusticiamientos de que fueron objeto personas que se oponían a la represión franquista o que huían de ella.
El personaje: Antonio Vallejo-Nágera, jefe de los Servicios Psiquiátricos del ejército de Franco. Algunas de sus reflexiones constituyen de por sí reveladoras y escalofriantes, y se emparientan con el pensamiento fascista de la época, que afirmaba: “El marxismo es una enfermedad”. Con la creación del Gabinete de Investigaciones Sicológicas, con una nota aprobatoria del Generalísimo, se desarrollaron humillantes estudios, donde se tomaban mediciones antropométricas de los prisioneros.
Estas experiencias tuvieron lugar en el campo de concentración de San Pedro de Cárdena, donde se realizaron la mayoría de las investigaciones. Sus conclusiones son propias de una persona aberrada y xenófoba: “El simplismo del ideario marxista y la igualdad que propugna, favorece su asimilación por los deficientes mentales”.
Los directores de este excelente trabajo construyen esta introducción fílmica apelando a material de archivo y a la voz en off, representado por un actor en un ambiente de frialdad que suele dar esos tonos azules.
La raíz de Los niños perdidos del Franquismo. 1ra. parte se fortalece con los testimonios de mujeres que fueron –en su inmensa mayoría– víctimas directas de estos hechos. Nombres como María Villanueva, Juana Doña, Trinidad Gallego, Carmen Riera, Teresa Martín, Petra Cuevas, Julia Manzanal, entre otras, aportan desgarradores testimonios de aquel período.
Prisiones desbordadas, muerte por meningitis, fideos hechos con agua de mar, niños fallecidos junto al estiércol, personas transportadas en trenes donde habitualmente se movía el ganado, mujeres que aún hoy no saben donde han enterrado a su familia, son algunos de los testimonios que conforman un amplio abanico de esta realidad en las cárceles del régimen franquista.
Dos de los más estremecedores testimonios de este documental son los de Julia Manzanal, quien fue testigo de la muerte de un adolescente por llamarse Lenin, cuya cabeza fue estremecida contra la pared, o la narración de Petra Cuevas, quien fue víctima de la tortura con cables eléctricos y la amenaza de unas palabras –tan ilustrativas de un interrogador– que afirmaban: “Delante de este retrato hablan hasta los muertos”.
Por supuesto, era el retrato de Franco.
En cada una de estas secuencias la cámara se muestra serena, sin pretensiones de encuadre o movimientos que busquen expresiones o gestualidades, alejado de todo el morbo al que “estamos acostumbrados” en los telediarios, que convierten la noticia en un espectáculo mediático, lejos de la profundidad y el rigor.
Pero los postulados de Vallejo-Nágera continúan floreciendo en esta propuesta fílmica: “La mujer española ha desempeñado un importante papel en la tiranía roja, participando en el pillaje, en los incendios, en la destrucción de los objetos religiosos y también en la matanza con marcado carácter sádico”.
Personajes como estos tuvieron apoyo en la iglesia católica de la época. Carmen Riera nos cuenta, desde la dignidad, como un cura le decía: “Putas, más que putas... no habrá amnistía y haremos limpieza”.
Los niños perdidos del franquismo. 1ra. Parte es un documento fílmico apegado al rigor histórico, de los hechos acaecidos en aquella etapa de la historia de España. El derecho a conocer la verdad pertenece a la pluralidad de la sociedad.
Muchos otros testimonios complementan este material, dados a la luz desde el dolor, la incomprensión, el anónimo silencio de muchas mujeres que esperaron más de veinticinco años después de la muerte del dictador para dar su testimonio.
Los argumentos de esta obra audiovisual se sostienen por los testimonios de mujeres que formaron parte de aquel proceso. La verdad aflora siempre.
“Cuando alguien quiere que la memoria perdure, la memoria está ahí, no tiene más que preguntar. Tengo 62 años, es la primera vez que hablo, es la primera vez que me preguntan”. Este es el testimonio de Tomasa Cuevas, que fue una niña y perdió a su madre en este execrable episodio de la historia de España.
Es un final desde la reflexión, desde el análisis objetivo de la historia. Es un mensaje para todos sobre la necesidad de conocer nuestro pasado.
Publicado por Octavio Fraga Guerra en miércoles, enero 16, 2008
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Jorge Gómez Alcalá
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