La Docta ignorancia del Psicoanálisis
23.01.08 @ 10:37:10. Archivado en Psicoanálisis, Filosofía, Política, Salud Mental, Prensa
Rolando Karothy es mi "paisano" no sólo porque sea Argentino sino porque es de mi ciudad, La Plata. Alli crecí y vivi muchos años y en sus facultades estudié su misma profesión.
No obstante no le conozco personalmente aunque si he leido algunos de sus trabajos.
El que hoy publico apareció en el periódico Página 12, de la ciudad de Buenos Aires.
EL PSICOANALISIS Y SUS RELACIONES CON LA CIENCIA
“Proletarios del goce, ¡separáos!”
Un examen de la relación entre ciencia y psicoanálisis conduce a un sorprendente diagnóstico del sujeto en el mundo actual.
Por Rolando Karothy
Relación ambigua y paradojal: el psicoanálisis y la ciencia se acercan y se separan, para acercarse nuevamente. Pero en este nuevo acercamiento no se trata tanto de si el psicoanálisis es una ciencia o no: el problema mayor consiste, inversamente, en cómo considerar a la ciencia desde el momento en que el psicoanálisis existe.
El psicoanálisis comparte con la ciencia un horizonte caracterizado por la necesidad de formalización: de ahí la importancia del matema y la preferencia lacaniana por un “discurso sin palabras” (cito sus palabras). Pero el psicoanálisis, a diferencia de las ciencias, no plantea una relación de aplicación entre la teoría y la práctica, porque cada caso es absolutamente singular y excepcional y no una muestra de lo que la teoría describe como entidad nosológica.
Esto llevó a Lacan a considerar que el psicoanálisis es una “ciencia de lo singular”, expresión que parece plantear una contradicción en los términos: al menos según la concepción aristotélica, la ciencia no puede sino ser de lo general, en el sentido de la consideración de las leyes universales y generales, lo cual, a la vez, implica la posibilidad de su aplicación en los casos singulares y genera la experimentación y la contrastación.
Jean Allouch afirma la existencia de un “discurso del método en Freud”.
Señalemos que el primer uso claramente conceptual de la palabra methodos, que encontramos en Platón, está vinculado explícitamente con una forma de caminar, pues odos significa camino. El método no es la tekhné (aproximadamente traducible como “técnica”), con la cual estuvo confundido desde los griegos hasta el Renacimiento, es decir, hasta “el momento inaugural en que el método se vuelve científico”.
Freud también señala un método en el chiste, en la defensa, en la búsqueda de satisfacción. “A partir de tales indicaciones, se descubre que hay un posible método freudiano, porque hay método en la locura”, dice Allouch.
Freud constituye el carácter metodológico de su discurso a partir de la exclusión del azar, la existencia del determinismo y la crítica al carácter de obviedad de lo obvio. En la Clark University, en 1909, decía que “no existe nada pequeño, nada arbitrario ni fortuito en las expresiones psíquicas”, un tiempo después agrega que se trata de “un determinismo que no tolera ninguna excepción”.
El método freudiano, por otra parte, se sostiene, como en Maquiavelo, en el estudio de la singularidad de un caso histórico.
Hay que señalar, además, que en la ciencia el sujeto pone a trabajar el significante y de ahí resulta un saber transmisible sin el sujeto. El analista, en cambio, considera el valor del significante, pero para permitir la emergencia del sujeto y su relación con el goce.
Ningún “genio maligno”
La ciencia moderna surge a partir del proyecto cartesiano, que consiste en la reforma absoluta del saber por una vía que intenta retomar las consideraciones de la pedagogía humanista de Rabelais y Montaigne, es decir, “sustituir la persuasión por la convicción” (Bernard Baas y Armand Zaloszyc, Descartes y los fundamentos del psicoanálisis, ed. Atuel).
Descartes propone establecer una duda hiperbólica: dudar del mundo, del cuerpo y de las ideas innatas (principios de la lógica y la matemática). Puesto que un “genio maligno” le ha hecho dudar también de esas ideas innatas, Descartes necesita demostrar la existencia de Dios “como causa de las ideas innatas en el alma del sujeto” y esta circunstancia –que lo lleva a encontrar pruebas de la existencia de Dios– muestra que la “evidencia del cogito no basta para asegurar el tan esperado acceso a la cadena diacrónica de la ciencia”.
El sujeto que busca la certeza ingresa en el conocimiento sincrónico del escepticismo, es decir, en el movimiento ficcional de la duda. El cogitoindica el “término de la duda”, “el sujeto escapa a la atracción de la duda” –según Baas y Zaloszyc– y se dirige a Dios como otro polo de atracción, pasándose así del cogito a la certeza de la existencia de Dios por la vía demostrativa de la razón.
El sujeto cartesiano busca en la figura de Dios el rasgo de perfección “que lo constituye a sí mismo como sujeto consistente. Y por eso, una vez acabada la demostración de la existencia de Dios se da por terminado el tema, no se insiste porque el sujeto ha encontrado que consiste y puede partir rumbo a la ciencia”, dicen los citados autores.
El problema de la garantía o la idea de un Dios no engañador, tal como aparece en la meditación cartesiana, se puede leer también en Einstein cuando formula que Dios, astuto pero honesto, no juega con los dados: “Tú crees en un Dios que juega con los dados, en cuanto a mí yo creo en el imperio perfecto de la ley”, le escribió a Max Born en 1944.
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Jorge Gómez Alcalá
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