Poesía, Filosofía y Psicoanálisis
06.11.07 @ 13:31:28. Archivado en Psicoanálisis, Arte, Literatura, Cultura, Filosofía, Otros Autores
La revista Conversiones suele ser una fuente importante de textos brillantes y artículos
singulares. Sergio Rochetti, uno de sus colaboradores nos introduce este trabajo de Henri Rey Flaud y lo hace con mucha claridad e inteligencia.
El texto del trabajo de Rey Flaud, que es un psicoanalista francés que trabaja en Montpellier, y los temas que lo componen han sido tratados varias veces en este blog y seguramente los lectores no se sentiran decepcionados por su lectura.
La reunión que se menciona y a la que asistí en París en el año 2000 fue un punto de inflección y creo que los "Estados Generales del Psicoanálisis" deberian tener una continuidad aún mayor y servir o tener una utilidad que pudiera plasmarse en trabajos fecundos que nos orienten en el camino psicoanalítico.
El psicoanálisis en su relación con lo poético y con la filosofía
Henri Rey‑Flaud
En el año 2000 se realiza en París la reunión de los 'Estados Generales del Psicoanálisis', su convocatoria como su modo de funcionamiento: no a título personal, sino en la inclusión de un texto general creado por una comisión de lectura y sometido posteriormente a discusión, debiéramos escribir diálogo, son tentativas que aprobamos e impulsamos, porque nos hacen sentir la búsqueda de una forma nueva o diferente de las vigentes y acostumbradas (la de los amos y los esclavos o las más postmodernas de: todos esclavos, sin amos ubicables). Tener como objetivo siempre perfectible nunca realizable en su totalidad lo siguiente: "[que se] asegure su independencia tanto de los poderes públicos, como de toda otra colectividad, de modo que pueda mantener su exigencia de indagar y analizar lo que sucede hoy en el Estado, las estructuras de poder, las sociedades, las instituciones, sean cuales fueren. Esta exigencia deberá ejercer la misma vigilancia sobre las propias estructuras de este Instituto de Altos Estudios en Psicoanálisis".
¿Cómo no estar de acuerdo con aquello que uno preconiza desde hace tanto tiempo? ¿Cómo no estar de acuerdo con lo que sabemos que no se logra ni siquiera intentar (por no ser pensable eficazmente para instalar sus prácticas) y que produce los más crules designios? Insistiremos con el intentar, sabemos que no lo lograremos pero si aceptamos el modificar los medios de presentación y relación algo se producirá que logre nuevos lazos, que quizás y solo quizás, puedan evitar la instalación (y prolongación) de los conocidos despotismos ("... ¿es que será nuestro destino cambiar de tiranos y no abolir la tiranía?"; dicho esto hace cuatrocientos años por Cervantes en el idioma castellano).
¿Cómo no estar de acuerdo con un la propuesta de lugar que plantea que: "La vocación específica del Instituto es el estudio de los procesos psíquicos inconscientes, que imprimen sus determinaciones sobre la vida individual, social y política, que conocemos también por el estudio de la historia, la literatura, las religiones y los pueblos". Claro que para esto tenga consecuencias hay que haber aceptado la hipótesis del inconciente y no la vigencia, debiera escribir regencia, de la conciencia. El inconciente es una hipótesis hasta que uno no encarnó su influencia y no recorrió y recorre sus dimensiones. Digámoslo así: el inconciente no es algo, el inconciente no es 'cosa en el mundo'. El inconciente es lo inconciente que surge en sus formas, junto con sus formaciones y desde allí nos permite plantearlo. Antes no fue ni es, luego no es ni será (paradojas de la no-ontología). Lo inconciente es lo que pone en escena que la regencia de la conciencia es nuestra ilusión permanente hasta que se rompe y se reestablece. Por ello: No entre aquí nadie que no lo haya aceptado. Si no es inútil. Para recorrer las relaciones que mantiene el psicoanálisis con otros campos es necesario haber aceptado ésta hipótesis. Si no es inútil.
Sergio Rocchietti
Introducción
La cuestión de las relaciones que mantiene el psicoanálisis con la literatura, el arte y la filosofia ya no se plantea en la actualidad en los mismos términos que en el tiempo de Freud. Para el comentarista de la Gradiva, el texto literario y la obra de arte ofrecían al psicoanálisis naciente, considerado en esa época como una hermenéutica de las producciones del inconsciente, un espacio de verificación externa para descubrimientos hechos en el campo de la clínica. En cuanto a la filosofía, siempre será para el clínico que era Freud, un espacio de especulaciones gratuitas ajeno al de su creación. En nuestro contexto histórico, en el que el auge de las neurociencias, junto con la proliferación de las técnicas de adaptación, plantea a nuestra civilización el problema de un nuevo malestar, la relación del psicoanálisis con los campos tradicionales de pensamiento que son la literatura, el arte y filosofía, cuestiona la esencia misma del descubrimiento freudiano y fija las condiciones de su futuro o de su desaparición.
Plantear hoy la cuestión de las relaciones que mantiene el psicoanálisis con la literatura y el arte por un lado, y con la filosofía por el otro obliga a determinar con precisión la naturaleza de esos tres espacios de pensamiento en los que se establecen tres relaciones con la verdad.
El espacio de lo poético
El campo de lo que los griegos llamaban poiesis (traduzcamos: lo poético) abarca las diversas prácticas de escritura (Hesíodo o Dante), así como el "hacer" (poien) del artista (Bernini o Cézanne). Miguel Ángel o Leonardo, poetas, pintores, escultores, arquitectos, presentan las figuras emblemáticas de ese campo doble en que el trazo del estilete y el del pincel se hacen acto. El acto poético es un hacer cumplido a partir de la nada, una creación ex nihilo. Es lo que enuncia la fórmula de Maurice Blanchot: "Lo que no hace origen en la obra, no hace obra", de la que Marx extrajo el correlato de que "no hay historia del arte". Sin duda, existe una historia de motivos, tradiciones, filiaciones y fuentes, pero lo que se transmite entonces (las grandes escuelas del Renacimiento lo atestiguan) es el aprendizaje de una técnica: las influencias se limitan a ese terreno. El arte de Florencia no continúa el de Bizancio y sus iconos: las obras de Cimabue y del Giotto comienzan y terminan con ellos. El Maestro es aquel a quien no se reemplaza ni se continúa: su último cuadro, su último poema clausura su obra. Así como no tiene un antes, no tiene un después. El acto creador, sin ataduras, tampoco tiene intención ni dirección. En esto responde a la finalidad sin fin que Kant pone en su principio.
El gesto poético constituye así un acontecimiento. Expresa, como dice Maldiney, "el rayo del ser", con la característica que tiene el rayo de fulminar algunas veces: "Apolo me ha herido", escribe Hölderlin para expresar el destino que comparte con Cassandra de Licofrón, cuya palabra es proferida como maldición sobre el mundo. La palabra poética amenaza a la comunidad, a las leyes, a la memoria colectiva, a todo lo que funda y cimienta el estar juntos de la ciudad. Como tal, esa palabra, en el sentido propio diabólico, es una figura sublime de la pulsión de muerte.
El pensamiento en acto en el campo de la filosofia, presenta caracteres completamente invertidos con respecto a los de la expresión poética.
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Jorge Gómez Alcalá
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