La caida de los ideales
30.09.07 @ 00:10:08. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Filosofía, Psicología, Actividades, Otros Autores
Desde El Psitio y por gentileza de Marta Mulhrait me llega este artículo de Pablo Fridman que profundiza en un tema varias veces tocado en este blog.
Lo hace con una agudeza y precisión singular lo cual es más que meritorio.
La insoportable caída de los ideales
Desde cierta perspectiva, se podría decir que en esta época ha quedado de relieve un aspecto siempre enunciado por el psicoanálisis como una consecuencia del relevamiento del inconsciente: La llamada "caída de los ideales" de la modernidad, ha mostrado la ineficacia estructural discursiva de la cultura de responder de manera eficaz y definitiva al malestar que le es inherente.
Por Pablo Fridman
pfridman@ssdnet.com.ar
La relación entre los seres humanos no encuentra aún ninguna fórmula satisfactoria. En la gran mayoría de los desarrollos filosóficos de las últimas décadas, se ha convenido en que no hay sistema ideológico que pueda dar cuenta del Todo. Las "concepciones del mundo" se han caracterizado como variantes de la religiosidad (Francois Lyotard se ha referido a la "caída de los grandes relatos de la modernidad" como el fracaso de crear un discurso de la totalidad).
Como fórmula de transacción, las conclusiones de Lyotard o de Hubermas es que solo pueden enunciarse algunas verdades parciales para algunos problemas parciales. Toda generalización ha caído en descrédito, y se acepta en la actualidad que pretender una razón para entender al mundo, conduce finalmente al despotismo o a las aporías teóricas mas absolutas.
La ciencia misma es puesta en cuestión como prueba de verdad, John Horgan en "El fin de la ciencia" dice: "Normalmente suponemos que, si la gente cree que algo es verdadero, es verdadero por alguna razón. En las matemáticas una razón se llama prueba, y el cometido de un matemático consiste en encontrar una prueba, las razones y las deducciones a partir de axiomas o principios aceptados. Ahora bien, lo que yo encontré fueron las verdades matemáticas que son verdaderas sin ninguna razón particular. Son verdaderas accidental o fortuitamente. Y por eso nunca descubriremos la verdad. Como no existe la verdad, no hay razón para que sean verdaderas". Lo verdadero ligado a lo fortuito, un pensamiento muy cercano a una indeterminación absoluta.
No existe ningún discurso que por si mismo sea suficiente para explicar el mundo. Las "cosmovisiones", al decir de Freud, no se sostienen. Simultaneamente a éste descrédito del Ideal totalizador se observa un retorno de concepciones fundamentalistas, racistas, discriminadoras, en muchas ocasiones se expresan con una violencia exacerbada dirigida al semejante, al que porta una "peque�a diferencia". Conviven disolución de Ideales con ideales absolutos y fanáticos. Domina la producción artística e ideológica un cierto "pastiche" (al decir de Frederic Jameson), o sea la superposición extremas de aspectos otrora antinómicos o incompatibles, en una convivencia donde no existe la contradicción, en tanto no hay una unidad conceptual verificable como tal.
Las disputas de poder se han desplazado de los grandes objetivos de la modernidad, a los espacios restringidos de la cotidianeidad. Los pequeños espacios de poder son los que permiten un escenario donde puedan desplegarse esas controversias. La multiplicación de los acontecimientos, la pluralidad de los niveles y las redes a las que pertenecen, hacen de la disputa del poder una trama esencialmente discursiva heterogénea y contradictoria.
El desarrollo técnico surge como la resultante pacificadora de la contradicción cultural. Como consecuencia de la entronización de la técnica, ocurre también una banalización (muchas veces planteada de manera deliberada, para eventuales beneficios económicos en cuanto a beneficios de mercado en la propagación de productos "salvadores") de los efectos de la palabra, que cede paso a una entronización de la imagen, del poder de la máquina, la eficacia..., y de obtener el mayor efecto con el menor costo y esfuerzo. El bienestar parte de una premisa universal que no contempla qué significa lo bueno para cada quién, sino que el bien común, establecido a priori, es el confort. De éste modo, el saber pasa a ser una mercadería de consumo, y de determinado valor en el mercado.
Se producen modificaciones en la constelación familiar, especialmente con relación a la autoridad paterna, pero que no eliminan la necesidad de una transmisión que cobra carácter de irreductible: Toda permisión conlleva su interdicción implícita.
Por otra parte, abolir la dictadura de los Ideales no ha permitido en absoluto una desaparición de la angustia, ni mejorar las condiciones de vida. No por eso los sujetos se encuentran mas fácilmente con su deseo, ni tampoco desaparecen los índices crecientes de un malestar, del cual la cultura se muestra cada vez mas impotente de dar cuenta, en tanto es la misma pulsión la que alimenta la civilización y sus exigencias de renuncia. La realización del individuo no es en absoluto la realización del sujeto.
También en el psicoanálisis se observan posiciones que oscilan desde la improvisación basada en la intuición del analista, a fundamentalismos teóricos que desconocen los hechos de la clínica, y que en la impostura de una rigurosidad teórica supuesta, buscan adaptar los efectos a las premisas.
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Jorge Gómez Alcalá
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