La sexualidad y el psicoanálisis con niños
25.08.07 @ 11:54:17. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Psicología, Colaboraciones, Salud Mental, Sexualidad, Investigación
Silvia Yankelevich es una gran amiga y estimada colega. Con ella he compartido
trabajo, preocupaciones, ilusiones y el amor por nuestra profesión.
Especializada en psicoanálisis aplicado a niños y adolescentes, no por ello deja de trabajar con adultos. Su responsabilidad ética, su compromiso profesional y la seriedad de su compromiso intelectual son signos que la distinguen de otros practicantes del psicoanálisis.
El presente escrito forma parte de un libro que sobre el tema pretende publicar en breve y es a la vez parte del trabajo que presentaremos en París junto a Javier Rodriguez Magano y Alfonso Gómez Prieto en el congreso de la Fundación Europea para el Psicoanálisis a principios del mes de noviembre
LA CHUTE DE L’ENFANT ROI
He comenzado a pensar en mi trabajo, con múltiples contradicciones, y son estas mismas las que me han hecho llegar a alguna argumentación.
Uno de los planteos que circulaban a manera de pregunta, en las previas, era la cuestión de si Freud escribiría hoy los Tres Ensayos de igual manera que lo había hecho.
Este cuestionamiento parece vinculado a lo que siempre se argumentó…de qué manera estaba Freud influido por la moral victoriana de su época.
Será leída entonces hoy la sexualidad como una cuestión de costumbres? Tal posición no haría reescribir la teoría con el aditivo de nuevos paisajes e ideologías, con tales y tales nuevas costumbres, nuevos usos, nuevas formas.
Sigo pensando que la sexualidad vista desde el psicoanálisis es más una cuestión científica, inherente al propio psicoanálisis, tanto en intención como en extensión, que algo semejante o parecido a una adaptación literal a los modos sociales…eso nos llevaría a otro tipo de estudio.
Mas aún, creo que es desde el psicoanálisis, que podemos interpretar y tal vez reformular la sexualidad en sus múltiples formas o máscaras con las que se presenta en lo social.
Estas últimas se nos aparecen como costumbres naturales, y hemos terminado por naturalizar por obra del consenso, o el consenso termina por naturalizarnos. Tal vez una mirada sobre el consenso arroje alguna luz y podamos separar el consenso social de la perspectiva psicoanalítica.
Para los psicoanalistas que trabajamos con niños (no como un apartheid) sino por la calidad y cantidad de las demandas, los síntomas y cuadros clínicos son cada vez más graves o por lo menos diferentes en su presentación. Constituyen en sí mismos, un desafío que nos obliga a reestructurar la técnica, a pensar la clínica de otras formas. Aún más, a rediseñar, no sólo la posición del analista, sino la inserción de su función en la sanidad pública, en la red social.
Es inédito interactuar en el día a día con pediatras, maestros y en algún caso con la medicina legal y la Justicia.
Es esta sociedad quien rige la sexualidad, las normas y el consenso.
¿Qué escuchar del consenso como psicoanalistas?
Hemos tenido grandes maestros y por fortuna los seguimos teniendo.
Francoise Dolto, en la posguerra, atendía en los Hospitales de París a niños con trastornos pre-psicóticos o psicóticos en los cuales los más frecuentes, eran casos de adopción que habían pasado por familias que buscaban obtener subvenciones o cartillas de racionamiento. Los niños eran pura mercancía, por lo cual en realidad quedaban abandonados a su suerte o a la de sus adoptantes. La mayor parte de la casuística eran niños que no hablaban o tenían dificultades lingüísticas, por ej., tenían una perversión de la sed; estos niños solían beber lejía o aguas podridas negándose a beber el agua natural. Dolto los curaba, valoraba poco a poco la historia y rehacía los retales. Hacía un seguimiento, casi una pesquisa, y encontraba el núcleo de la cuestión.
Parece una historia costumbrista de la posguerra, la gente tenía hambre…hacía lo que fuera por consumir, las víctimas fundamentalmente eran los niños.
Ha pasado más de sesenta años, yo admito en mi consulta privada niños con síntomas de haber sido abusados o con indicios lógicos de esos abusos, algunos son prepsicóticos, otros con retrasos severos.
Me referiré brevemente a un niño latinoamericano de padre español, madre latinoamericana, que acude a consulta con trastornos del aprendizaje, dislalia,… ¿retraso mental? El discurso familiar es casi ideal; el padre que adopta por amor a su mujer a este niño, que había quedado en una aldea sumido en la incultura y viene a España a educarse y a tener al fin una familia…a convertirse en un rey. Esto no ha ocurrido…
Pero, ¿qué se ha malogrado en esa tentativa ideal? Desde la 1ª entrevista, dentro del discurso de los padres, hay aspectos que no ensamblan. Hay un significante que cae continuamente del discurso y es en la hiancia que escucho algo mucho más significativo que el discurso manifiesto sobre las buenas costumbres, el consenso de solidaridad hacia el Tercer Mundo, etc.
- Al niño le cambian su nombre, se llamaba Juan hasta los 4 años, y después de adoptarle le llaman Gabriel.
- Le dicen que el padre adoptivo es su padre real, sin embargo, Juan sabía quién era su padre biológico, con lo cual sostiene el ideal falaz de un padre.
- La madre estaba muy deprimida, el ideal de felicidad contrataba con el llanto continuo.
Esta fue la 1ª entrevista. Para mí fue suficiente y significativa.
Pocas semanas después, la madre me llama y me relata que su marido maltrata al niño de múltiples maneras. Son inenarrables los castigos que describe, están al nivel del torturador más entrenado, por ej.: el niño rechazaba la leche y el padre como castigo le tiraba encima jarras de leche caliente o bien le obligaba a tomar los vómitos provocados por la misma situación de terror… ¿Son éstas las nuevas costumbres? la vieja sexualidad sigue diciendo por lo bajo el mismo nombre, la perversión es la misma.
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Jorge Gómez Alcalá
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