La sexualidad y Jacques Lacán
19.05.07 @ 12:42:31. Archivado en Personajes, Psicoanálisis, Teoría, Filosofía, Sexualidad
"En la sexualidad, no se sabe con qué pie bailar"
En conferencias pronunciadas ante público no especializado y publicadas hoy en español, Jacques Lacan se refirió al valor de la palabra, al deseo, al pensamiento y al "agujero en la verdad" producido por la sexualidad.
Por Jacques Lacan *
Podemos preguntarnos si el ideal de un final de cura psicoanalítica es que un señor gane un poco más de plata que antes y que, en el orden de su vida sexual, se agregue, a la asistencia moderada que demanda a su compañera conyugal, la de su secretaria. En general, se considera que ésta es una muy buena salida cuando el tipo estaba un poco hasta la coronilla de problemas por ese motivo, ya sea que haya tenido simplemente una vida infernal o que haya sufrido algunas de esas pequeñas inhibiciones que pueden ocurrir en diversos niveles, oficina, trabajo, e incluso en la cama, ¿por qué no?
Cuando todo esto se levantó, cuando el yo está fuerte y tranquilo, cuando el sexo ha hecho las paces con el superyó, como se dice, y el ello ya no pica demasiado, pues bien, la cosa funciona. La sexualidad allí es completamente secundaria.
Mi querido amigo Franz Alexander –porque era un amigo, y no era tonto, pero, como vivía en Norteamérica, respondía a las órdenes– ha llegado a decir que, en suma, había que considerar la sexualidad como una actividad excedente. Entiéndase, cuando se hizo todo bien, se pagaron regularmente los impuestos, entonces, el remanente es lo que le toca a lo sexual.
Debe de haber habido un error para que la cosa llegue hasta ese punto. Si no, uno no se explicaría verdaderamente la enorme apertura teórica que se necesitó para que el psicoanálisis se instale e incluso asiente decentemente sus cuarteles en el mundo, y después inaugure esta extravagante moda terapéutica. ¿Por qué tantos discursos para llegar a eso? Debe de haber, pese a todo, algo que no funciona. Tal vez habría que buscar otra cosa.
Se podría pensar en primer lugar que debe de haber habido una razón para que la sexualidad haya asumido una vez la función de la verdad; aunque más no fuera una vez, justamente fue sólo una vez. Después de todo, la sexualidad no es algo tan inaceptable. Y además, si la asumió una vez, la conserva.
Lo que está en juego se encuentra verdaderamente al alcance de la mano, al alcance en todo caso del psicoanalista, que da testimonio de ello cuando habla de algo serio y no de sus resultados terapéuticos. Y lo que está al alcance de la mano es que la sexualidad agujerea la verdad.
La sexualidad es justamente el terreno, si puedo decirlo así, en que no se sabe con qué pie bailar a propósito de lo que es verdad. Y respecto de la relación sexual siempre se plantea la cuestión de lo que verdaderamente se hace, no diré cuando se le dice a alguien un "te amo", porque todo el mundo sabe que es una declaración tramposa, sino cuando se tiene con ese alguien un lazo sexual, cuando la cosa tiene una continuación, cuando asume la forma de lo que se llama un acto.
Un acto no es simplemente algo que les sale así, una descarga motriz, como dice gustosamente y muy a menudo la teoría analítica; aun cuando, con la ayuda de cierto número de artificios, de diversas facilidades, o incluso del establecimiento de cierta promiscuidad, se llega a hacer del acto sexual algo que no tiene más importancia, como se dice, que beber un vaso de agua.
No es verdad, y lo percibimos rápidamente, porque ocurre que se bebe un vaso de agua y después se tiene un cólico. La cuestión no es evidente por razones que obedecen a la esencia de la cosa, es decir que uno se pregunta en esta relación, cuando se es un hombre por ejemplo, si se es verdaderamente un hombre, o para una mujer, si se es verdaderamente una mujer. No sólo se lo pregunta el partenaire, sino cada uno, uno mismo se lo pregunta, y esto cuenta para todo el mundo, cuenta de inmediato.
Entonces cuando hablo de un agujero en la verdad no es, por supuesto, una metáfora grosera, no es un agujero en la chaqueta, es el aspecto negativo que aparece en lo que atañe a lo sexual, justamente, por su incapacidad para revelarse. De esto se trata en un análisis.
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No sólo el hombre nace en el lenguaje, exactamente como nace en el mundo, sino que nace por el lenguaje.
Aparentemente, antes que yo nunca nadie concedió la menor importancia al hecho de que en los primeros libros de Freud, los libros fundamentales sobre los sueños, sobre lo que se llama la psicopatología de la vida cotidiana, sobre el chiste, se encuentra un factor común, salido de los traspiés de la palabra, de los agujeros en el discurso, de los juegos de palabras, de los retruécanos y de los equívocos. Esto confirma las primeras interpretaciones y los descubrimientos inaugurales de lo que está en juego en la experiencia psicoanalítica, en el campo que ésta determina.
Abran en cualquier página La interpretación de los sueños y verán que sólo se habla de asuntos de palabras. Freud se refiere al tema de tal manera que percibirán escritas con todas las letras las leyes de estructura que Ferdinand de Saussure difundió a través del mundo. El no fue, por otra parte, su primer inventor, aunque sí ha sido su ferviente transmisor, para constituir lo más sólido que se hace hoy bajo la rúbrica de la lingüística.
Un sueño en Freud no es una naturaleza que sueña, un arquetipo que se agita, una matriz del mundo, un sueño divino, el corazón del alma. Freud habla de éste como de cierto nudo, de una red asociativa de formas verbales analizadas y que se recortan como tales, no por lo que éstas significan sino por una especie de homonimia. Cuando una misma palabra vuelva a encontrarse en tres entrecruzamientos de ideas que se le ocurren al sujeto, ustedes se darán cuenta de que lo importante es esa palabra y no otra cosa. Cuando han encontrado la palabra que concentra en torno de ella la mayor cantidad de filamentos de este micelio, saben que allí está el centro de gravedad escondido del deseo en juego. Para decirlo todo, es ese punto del que hablaba hace un momento, ese punto-núcleo que agujerea el discurso.
Si me entrego a esta prosopopeya, es simplemente para volver sensible lo que digo a los que aún no lo habían escuchado.
Cuando me expreso diciendo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, es para intentar devolver su verdadera función a todo lo que se estructura bajo la égida freudiana, y esto ya nos permite entrever un paso.
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Jorge Gómez Alcalá
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