F.Kafka. Su relación con Felice.
03.04.07 @ 22:11:44. Archivado en Psicoanálisis, Literatura, Filosofía, Salud Mental, Sexualidad, Investigación
DECANT, Françoise : Una elección de objeto especial en F. Kafka : la relación con
Felice
«No soy capaz de vivir sin ella y no seré capaz de vivir con ella».
F. Kafka. Diario (1) del 14 de febrero de 1914
Las Cartas a Felice (2) fueron para mí todo un hallazgo que hice hace tres años, con motivo de un Coloquio en Praga sobre F. Kafka. Estas cartas resultan conmovedoras, si uno se deja llevar por la magia de la correspondencia. En ellas, el Kafka que aparece, siguiendo el hilo de las cartas, es todo fuego, todo ardor, un enamorado perdido, que sucumbe a una pasión devoradora que le obliga a escribir cada día a su amada y que le exige a cambio un correo diario.
Nada más banal, me dirán ustedes ¿Qué relación puede tener esto con la gravedad de los Tres ensayos para una teoría de la sexualidad (3) de Freud? Sin embargo, pensé que estas cartas podrían interesarnos en un punto preciso. Este punto se refiere a la elección de objeto y, para empezar, les remito a esta breve frase de Freud en los Tres ensayos, a propósito de la pulsión: que ya contiene su objeto en la vida sexual normal. Freud añade entonces que el estudio de las aberraciones sexuales nos obliga a menudo a disociar la pulsión y el objeto.
Más lejos, todavía en los Tres ensayos, Freud retoma la cuestión del objeto, o más bien de la elección de objeto, evocando a su vez, los dos tiempos de la constitución de esta elección -la infancia y la adolescencia, con el periodo de latencia entre los dos- y la aparición de dos corrientes: la corriente tierna y la corriente sensual que podrán confluir sobre el mismo objeto o separarse e investir objetos diferentes.
Pero, estas precisiones a propósito de la elección de objeto y su complejidad fueron añadidas diez años después de la primera edición de los Tres ensayos, es decir en 1915. Entre 1905 y 1915, Freud no descansó. Resulta que escribió en 1910 “Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre”(4) y en 1912 “Sobre una degradación general de la vida erótica”(5).
Ya no se trata de sexualidad “anormal”, o de aberraciones sexuales, sino de la complejidad del deseo humano y de la división entre el amor y el deseo. Algunos hombres, nota Freud al escuchar a sus pacientes, al llegar a la pubertad se dividen: “Cuando desean no quieren, y cuando quieren, no desean.”
La atracción sexual de algunos hombres por mujeres de poco valor le llevará a hablar del amor por la prostituta (corriente sensual) que opondrá al amor por la madre (corriente tierna), probando de esta manera la persistencia, en estos hombres, de la fijación en la madre.
Por supuesto es alrededor de la madre, primer objeto de amor, objeto idealizado, al que el sujeto no puede renunciar, que Freud va a articular la explicación de esta división amorosa. Pero es interesante constatar que es en este texto de 1910 “Sobre un tipo especial de elección…” en el que, por primera vez, va introducir el término de Edipo y su concepto, tal como lo entenderá el psicoanálisis.
La partida se juega también con el padre, podemos decir, un padre que está ahí, no sólo para prohibir el acceso a la madre, sino cuyo papel es central en el desfile de las diferentes operaciones de la castración que el sujeto debe efectuar.
A partir de ahí, se puede decir que en la elección de objeto interviene también la cuestión paterna, eso que Freud llamó el “complejo paterno” evocando ahí, con respecto al padre también dos corrientes: la corriente tierna y la corriente hostil.
Lo que pretendo es mostrar que si, en ciertos momentos, la mujer elegida, la mujer amada, puede ocupar el lugar de la madre –y así pues estar prohibida sexualmente- puede también, sin que lo sepa, ser el escenario de la partida que se juega con el padre.
Si, como lo expresó Gérard Pommier recientemente, la bisexualidad debe entenderse como la manera en que el niño masculino o femenino va a manejar el fantasma de seducción durante el encuentro traumatizante con el amor del padre (por el padre) –padre llamado para salvarlo del excesivo amor materno-, es bien con la cuestión de la feminización, tanto del hijo como de la hija, con lo que tenemos que vérnoslas, y con la aceptación (pasiva) o el rechazo (activo) de este lugar. Que un hombre, feminizado por este amor por el padre, intente liberarse de la feminización, tomando una mujer (casándose), es una vía bastante clásica. ¿Qué lugar va a ocupar esta mujer para este hombre? No hay una respuesta única, allí donde cada uno se ve llevado a inventar para arreglárselas con el horror engendrado por la castración materna y el terror de estar puesto en posición de objeto de amor del padre.
Vamos a hablar de la invención de Kafka, de la manera como él pudo establecer una instancia tercera, gracias a Felice, a la escritura de cartas y a la escritura simple y llanamente, pero también de las dificultades que tuvo que afrontar ante este “objeto”.
El temor del padre
Todo aquel interesado en Kafka ha oído hablar del terrible temor que el padre de Kafka inspiraba a su hijo. Se han escrito muchas cosas sobre este padre autoritario, violento, irascible, responsable de los sufrimientos psíquicos de su hijo, por no decir de su enfermedad.
Entonces, pregunto: ¿Por qué Kafka se quedó en casa de sus padres tanto tiempo, en una promiscuidad tan grande que podía oír a su padre cuando se movía en su cama, del otro lado de la pared (Carta del 29-12-1912), cuando ya trabajaba y se ganaba la vida? Los problemas de vivienda en Praga en este ėpoca no me parecen explicar enteramente la cuestión.
Es del amor de Kafka por su padre de lo que quiero hablar, un amor fuerte y violento que se puede descubrir entre líneas en su famosa « Carta al padre » (6), de la que muy a menudo, sólo se destaca el odio.
¿Acaso Kafka no confesó en una de sus cartas a Felice (24-8-1913): «Mi admiración por su persona es mucho más grande que el miedo que me inspira. » añadiendo que este padre terrible puede ser tierno, tan tierno “que uno se queda completamente desamparado en su presencia”.
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Jorge Gómez Alcalá
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