Pasiones amorosas y estragos en la pareja
28.03.07 @ 12:31:17. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Colaboraciones, Salud Mental, Sexualidad, Investigación
Dentro del conjunto de trabajos presentados en las jornadas realizadas en Barcelona el pasado fin de semana, algunos destacaron por sus interogantes, por su singularidad, por su oportunidad o por su claridad.
Es el caso de éste que hoy les presento. A mi gusto uno de los mejores.
El tema de las pasiones amorosas en el seno de las parejas está muy de actualidad por razones por todos conocidas.
De Neuter es miembro de la Fundación Europea para el Psicoanálisis y ejerce la clínica en su país. No es la primera vez que sus reflexiones llegan hasta nosotros, y siempre lo hace con una claridad y prudencia especial.
En próximas entregas les iré presentando otros trabajos que a mi juicio merezcan ser difundidos.
DE NEUTER, Patrick: Pasiones amorosas y que hacen estragos ¿Por qué se atraen ?1
Las pasiones amorosas son todas diferentes. Las del obsesivo no son las del histérico y las que encontramos en los casos de psicosis son asimismo diferentes. Ellas tienen, sin embargo, ciertos puntos en común –particularmente, el padecimiento, el sufrimiento, incluso el estrago– que las acompaña muy a menudo antes, durante o después de que la relación pasional se haya hecho efectiva.
¿Cómo dar cuenta de estos estragos? ¿Por qué subrayar este punto? ¿Cómo comprender que las mujeres estén más sujetas a eso que los hombres, si es que este es el caso efectivamente?
He aquí las tres preguntas a las cuales voy a intentar responder en el marco de los minutos de que disponemos.
EL ESTRAGO INHERENTE A LA PASIÓN
a) En el registro del amor
Freud ya nos lo había enseñado: disponemos sólo de una cantidad limitada de libido; lo que invertimos en el otro implica una desinversión del yo. Además numerosas curas, numerosos ejemplos de la literatura lo demuestran: el enamorado y, a fortiori, el apasionado no tienen ya con qué quererse a ellos mismos. Así, Suzanne Lilar hace decir a Benvenuta: «Yo, la intérprete de Bartok y de Hindemith, yo que tuve las ovaciones de Londres, de París, de Roma, yo que... ¡A sus pies, ebrio de humildad y de nada! ¡Adorante! ¡Inmolada! ¡Aspirada por vía negationis!» y, más recientemente, Madeleine Chapsal, hablando de su relación con J.-J Servan-Schreiber, confiaba a sus lectores: «Le seguía como un perrito».
Otra dimensión del amor: el sueño de hacer [ser] Uno, viejo sueño, por así decirlo, sus huellas las encontramos ya en el mito de Aristófanes. Y no parece que este sueño se haya vuelto obsoleto incluso en la actualidad, cuando se estigmatiza el individualismo. Ser el “alma” del otro, el corazón del otro, o la sangre que corre por sus venas, o todavía «el yo de su tú», como lo canta Carla Bruni, no parece pasado de moda. Pero hacer [ser] Uno no está desprovisto de peligros para el yo (moi).
Así «Hacer [ser] uno» dice el humorista, que añade: «¿pero cuál de los dos?». Parecería que Woody Allen puede responder: «¡yo, naturalmente! » Todo esto para esbozar el lado que despersonaliza, subjetivamente mortífero de esta tendencia amorosa a hacer “Uno” que ustedes conocen suficientemente bien para que no sea necesario que insista.
Cuando el otro ama también, cuando la pasión se hace recíproca (lo que no siempre es el caso, contrariamente a lo que se hizo decir a Lacan – podemos volver sobre eso en la discusión), así pues cuando el amado elegido se enamora también, entonces esos efectos nefastos de la pasión son compensados: el yo es de nuevo recíprocamente narcisizado por el amor del otro: a través de su mirada, de sus palabras y de sus gestos de amor y de deseo, el amante vuelve a verse como amable [digno de amor] y deseable, rejuvenece, incluso renace a la vida. Aquí también podemos extraer numerosos testimonios tanto de los tratamientos como de obras literarias.
Algunas citas entre muchas otras:
Benvenuta de nuevo: «Insolencia, belleza, juventud, todo vuelve de nuevo en unas horas a la que se creía frustrada para siempre. No sólo me sentía joven, sino que lo era por primera vez... Después de su partida, largamente me miré y me maravillé con mi belleza que había regresado... el amor logra hacer remontar el alma…Lo veo con claridad en la mirada de los hombres que cruzo en la estación. Yo que no recibía ya apenas el homenaje de la calle, supe que todavía podía ser perfectamente deseada por un transeúnte... » Y este sentimiento de renacimiento, incluso si es engañoso, como todo sentimiento, no deja tampoco de producir sus efectos en los hombres. Pensemos, por ejemplo, en Pablo Picasso cuya obra recupera su aliento con cada nueva relación; a Auguste Rodin cuya obra es revivificada y transformada por su encuentro amoroso con Camille Claudel; a Emile Zola que renace y cuya obra se expande, a los 40 años, gracias al encuentro de su segunda compañera.
Parafraseando al filósofo, podríamos decir: «Él o ella me quiere, entonces soy o, más bien, revivo», y todavía: «Él o ella me desea, luego existo o, más exactamente, llego a ser».
Las reciprocidades del amor, tanto como las del deseo, son pues, en nuestra cultura occidental de hoy, completamente esenciales para el sujeto o, por lo menos, para su yo (moi). Y es el sentido preciso que Lacan quería dar a su fórmula «El amor es siempre recíproco»; pide y exige siempre reciprocidad.
Podemos comprender que la pulsión de dominio se desarrolle con respecto a aquel o a aquella que es la ocasión o la causa de ese amor. Podemos comprender también la angustia del declinar, del ocaso y del fin de este amor renarcisizante. Esta importancia vital de la respuesta amorosa puede dar cuenta parcialmente de ciertas mociones celosas.
Comentarios:
Los grandes cambios del siglo 21 parecen ser que vendran añadidos y debidos a la incorporacion de pleno derecho de la mujer.
Las percepciones de Freud estaban inmersas en la cultura de la epoca.
El AMOR desde el punto de vista actual es en parte una creacion romantica.
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Jorge Gómez Alcalá
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