Interpretación psicoanalítica de la depresión
21.06.06 @ 15:29:55. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Colaboraciones
ARTÍCULO DE ALFONSO GÓMEZ PRIETO
El primer estudio sobre la depresión desde el ángulo psicoanalítico fue hecho por Abraham. El fue el primer analista que aplicó el tratamiento psicoanalítico a pacientes maníaco depresivos, con notable éxito terapéutico.
Pero, se diferenció de Freud en que trató las perturbaciones afectivas como si fueran neurosis.
Tampoco puede olvidarse que sus contribuciones fueron anteriores a la introducción de las nuevas teorías estructurales y pulsionales de Freud cuyos comienzos pueden rastrearse en su trabajo sobre el duelo y la melancolía (1.917).
Abraham llamó la atención sobre que las ideas de culpabilidad en el depresivo contienen el cumplimiento de un deseo.
Este deseo ha sido con anterioridad vivido con agresión al objeto, agresión reprimida una y otra vez.
La culpa que el depresivo se reprocha no es una culpa fáctica, pero si real en tanto que mero deseo de y para el superyó de un sujeto precisado de auto castigarse, tanto da que ese deseo se convierta en hecho como que quede simplemente en tal, a la hora de reprochárselo.
El desarrollo de su doctrina puede precisarse en los siguientes puntos: La tendencia a hacer del objeto exterior al yo, propiedades del propio yo del sujeto, procede de la etapa esfinteriana o anal-sádica.
En esta deben distinguirse dos niveles, el de retención y el de destrucción. En el fondo se trata de escindir los impulsos procedentes de este estadio en dos: el meramente posesivo, controlador del objeto, y el destructivo, si aparece el temor a perderlo.
En el depresivo surge la ambivalencia frente al objeto a partir de la reiteración de esta situación infantil, en la que en principio se desea aquello que se ama y posteriormente se prefiere destruir al objeto amado antes que perderlo.
Voy a referirme ahora al trabajo publicado en 1.917 por Freud "Duelo y melancolía". Freud parte aquí de la comparación entre la pena normal y la melancolía. La pena normal sobreviene por la pérdida de un ser amado o su equivalente abstracto (patria, libertad, ideal, etc.).
En este duelo la pérdida del objeto es real "el mundo se ha hecho pobre y vacío" y no hay tan marcado descenso de la autoestima.
La melancolía por el contrario constituye un estado de ánimo profundamente doloroso, en el que cesa el interés por el mundo exterior, la pérdida incluso de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la autodepreciación, la pérdida del amor propio.
Esto se traduce en autorreproches y autoacusaciones que inducen, a veces, al sujeto a la delirante espera del castigo y el suicidio.
En la melancolía la pérdida es desconocida para el sujeto, algo se ha perdido en el yo por el cual éste es el que ahora se ha vuelto "pobre y vacío ". Se explica el trabajo de duelo sobre la base del lento desasimiento de la libido del objeto perdido que "...se ejecuta pieza por pieza, con un gran gasto de tiempo y energía... una vez cumplido el trabajo de duelo, el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido".
En cambio para la melancolía se postula que existe una pérdida de objeto que se llama "... afrenta o desengaño real o imaginario ", cuyo resultado no es el lento desasimiento y el desplazamiento hacia otro objeto, sino que la libido retirada del objeto va hacia el yo por medio de la identificación del yo con el objeto resignado.
De ahí que se afirma " ...la sombra del objeto cae sobre el yo, quien en lo sucesivo puede ser juzgado por una instancia particular como un objeto, como el objeto abandonado.
El conflicto entre el yo y la persona amada se transforma en un conflicto entre el yo crítico y el yo alterado por la identificación".
Precisando más podemos ver que en la pena normal esperamos del tiempo que la supere, es decir que el principio de realidad se imponga sobre la frustración que para el sujeto supone la pérdida del objeto.
En la melancolía se sabe también qué objeto es el que se ha perdido, pero el sujeto ignora lo que con él ha perdido.
Pero ¿qué cosa es la que puede perderse en forma tal que suponga una tan dura aflicción? Freud nos hizo ver como antes indiqué que el objeto perdido es valioso en la medida en que uno está identificado con él.
Esto es válido tanto para el duelo normal como para la melancolía. Lo que ocurre es que en ésta última, a diferencia del primero, la identificación del yo con el objeto ha sido de tal calidad, debido al carácter primigenio, histórico de la misma, que en realidad la pérdida del objeto equivale a la pérdida del yo.
La persona que se ha identificado con ese objeto tiene pues que reprocharse la pérdida del mismo, lo mismo si la causa real de la pérdida es por culpa de la persona misma que si lo es por el objeto mismo.
De ahí que muchos autorreproches en el depresivo estén dirigidos no a sí mismos, sino, como descubriera Freud, al objeto y en la medida en que éste no es el yo, aunque con él se identificara fuertemente, puede externalizar esos autorreproches impúdicamente, que en el fondo son reproches al objeto y no a sí mismo.
Ahora bien, una identificación de esta índole con el objeto solo se verifica si el modo de relación del sujeto con las cosas (relaciones objetales) son de tipo oral. Exigen, pues, una inmadurez del yo.
Comentarios:
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Jorge Gómez Alcalá
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