Psicoanálisis, Sexo e Islam
12.05.06 @ 12:37:55. Archivado en Psicoanálisis, Cultura, Religión, Sexualidad, Otros Autores
En los últimos años asistimos a un imparable ascenso del
fundamentalismo islámico.Eso puede hacernos pensar que el resurgimiento del fenómeno religioso puede deberse a las condiciones de explotación de esos pueblos y gentes y a la búsqueda de una salida a semejante e insostenible situación.
Con ser una situación importante a considerar, muchos temen que el fanatismo desatado sea la expresión de un crecimiento sostenido de los partidarios del Corán y sus deseos de expansión e implantación en los territorios en donde viven.
Sin embargo, el artículo que hoy les presento, parte de una hipótesis algo diferente. El auge del fundamentalismo islámico no sería debido a las causas antes apuntadas, al menos no únicamente por ellas, sino una consecuencia del choque de civilizaciones que lleva a la religión Islamica a su destrucción, sobretodo por el empuje e influencia de la Ciencia Europea y Occidental.
Y ésta se realiza principalmente por la diferente concepción sobre el campo de lo sexual que domina y está implantada en los países Coránicos.
El artículo fue publicado en el periódico Página 12 de Argentina del dia 11 de Mayo, y la argumentación que desarrolla es digna de tomarse en cuenta debido sobretodo a la ignorancia y desinformación que sobre este campo existe en el primer mundo.
El autor,psicoanalista árabe, conoce en profundidad el problema y sus planteamientos nos introduce en el meollo de la cuestión dándonos argumentos que debemos analizar cuidadosamente para poder entender este fenómeno tan de actualidad.
La reflexión sub-siguiente es hasta que punto y de que manera la ciencia opera en un sentido destructor sobre todos los fenómenos religiosos, quebrantando los paradigmas que hacen a la subjetividad humana y propone una respuesta totalizadora y global que sea capáz de dar respuesta a esos mismos paradigmas.
Desde el psicoanálisis sabemos que eso no es asi,que muy por el contrario el pensamiento científico trabaja obturando todo lo que hace expresión de la "falta" del sujeto. ¿Es la Ciencia la nueva religión del siglo XXI?.
"Este es mi depósito en ti"
Por Fehti Benslama *
Hablar de sexualidad en el Islam ya es operar una traducción de una lengua a otra, de una cultura a otra, puesto que la noción de sexualidad data de mediados del siglo XIX en Europa, y pertenece a un conjunto discursivo marcado por la que Michel Foucault denominó la emergencia de la scientia sexualis, el saber sobre el sexo, y que opone a culturas donde el sexo no es asunto de saber, sino el objeto de un ars erotica, de un arte erótico.
Recuérdese que entre las sociedades que disponen de un arte erótico Foucault menciona a China, Japón, India, Roma y las sociedades árabe-musulmanas; por lo tanto, tratándose de interrogar al Islam sobre la cuestión de lo sexual, es importante tener en cuenta la operación de traducción que hacemos.
Dicho de otro modo, es importante restituir el empleo de nociones y de conceptos en su contexto para que el sexo sea devuelto al universo del discurso y del lenguaje en el que se encuentra.
Para comenzar, digamos que hasta comienzos del siglo XX en la lengua árabe y en la concepción ante-islámica no existen los conceptos de sexualidad, de instinto sexual y aún menos la noción de relación sexual.
Recién en la época contemporánea reciente, bajo el efecto de la traducción y de la difusión del discurso científico y médico europeo, se encuentran las nociones de sexualidad y de relación sexual.
Sin embargo, la lengua árabe es muy rica en términos que describen la experiencia sexual. Recientemente, paseando por una librería popular en Rabat, encontré un pequeño léxico sobre las palabras que nombran los asuntos del sexo y ese pequeño vocabulario no contaba menos de 2200 términos.
Dicho de otro modo, hay una lengua de los asuntos del sexo. No diré “sexual”, y ya veremos por qué.
Así que no se puede interrogar el sexo en este universo sin constatar un doble hecho: el mundo antiguo precientífico, premoderno, no conoce la noción de sexualidad y no nombra algo como relación sexual. En cambio, nombra, denomina, renombra sin cesar los asuntos del sexo; es decir, aquello de lo que se trata va mucho más lejos de lo que Michel Foucault llamó un ars erotica, la articulación más extendida de los asuntos del sexo en el lenguaje.
La lengua árabe y el texto coránico entrañan el concepto de sexo, pero como vamos a ver, dicho concepto de sexo no puede convertirse en adjetivo, no puede dar “sexual”.
Este término es farj. Su etimología habla del defecto, de la falta, del intersticio, del agujero, de la distancia. Por ejemplo, uno de los grandes vocabularios define farj del siguiente modo: “Se lo denomina así porque no está tapado. Es la parte ciega. Se llama el farj del hombre y de la mujer así porque está entre las dos piernas”.
Es el vocablo que se utiliza en el Corán para el hombre y para la mujer. Como acabo de señalar, el término farj es un sustantivo que no puede convertirse en adjetivo para decir “sexual” o bien para dar la
palabra “sexualidad”.
Y esta imposibilidad no es de orden sintáctico. Habría podido hacerse, pero no está en el universo del discurso. Es por ello que, en el momento en que se necesitó traducir el discurso científico y médico europeo, verter los términos “sexual” y “sexualidad”, no se lo pudo hacer con farj: se utilizó otra voz completamente nueva, el vocablo jins, que designa inicialmente el género.
El jins es un término completamente particular que designa la asonancia y la semejanza, y todo lo que es convocado por el vocablo jins tendrá que ver con el registro imaginario. Es con esta palabra como se va a traducir la noción de relación sexual en el campo científico. Se va a decir “relación jins”; la palabra jins permite obtener un calificativo. Mientras que en el discurso tradicional antiguo no se encuentra la noción de instinto genital, en el sentido naturalista, con finalidad biológica y de reproducción, tal como apareció en los siglos XIX y XX en Europa, el término jins permite decir y operar la restricción de los asuntos del sexo y de lo sexual como genital, como comportamental.
Va a dominar progresivamente todos los otros términos, por su capacidad normativa y normalizante desde el lado científico justamente, es decir del lado de la reproducción y de la genitalidad, ya que es en el discurso científico y médico donde el sexo tiene una meta reproductiva.
Como ya he dicho, el léxico de los asuntos del sexo –no digo “sexual”, vimos que no existe el vocablo “sexual” en la antigua lengua árabe– está muy extendido; abarca los registros de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario.
Pero el concepto más importante es el de niqar, que reúne todos esos registros en relación con la legalidad: se podría traducir como el goce relativo al sexo, en el sentido legal.
Los términos que se refieren al goce del sexo en tanto legal, designan al mismo tiempo las palabras que dicen la experiencia sexual, la demanda sexual y la demanda de matrimonio: acto y palabra son designados por el mismo término cuando se trata del goce sexual.
Y se ve aquí cómo la sexualidad, antes de su reducción científica, no separa el sexo del lenguaje: lo que permite no separarlos es precisamente el concepto de goce, que liga el sexo con la palabra sobre el sexo y con la legalidad del uso del sexo.
Esto nos permite abordar el punto más importante: al mismo tiempo que se operaron la traducción y la aparición del jins, en la lengua árabe desapareció el concepto de sexo.
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Jorge Gómez Alcalá
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