De móviles, tecnología y carnaval
15.02.07 @ 19:52:05. Archivado en Miscelánea
Hoy se celebra el carnaval en muchos colegios del país. En el de enfrente de mi casa, se han aglomerado profesores y padres para contemplar el desfile protagonizado por los alumnos, que exhiben, orgullosos, el mismo disfraz que sus compañeros de clase.
Esta tarde, cuando salí de casa, la fiesta de disfraces estaba en su apogeo. Desfilaba un grupo de niños con cajas rectangulares en la cabeza. Deduje que se trataba de cajas tontas y que, por tanto, a los niños de esa clase les había tocado disfrazarse de televisiones. A continuación pasó un grupo de niños con una estructura trapezoidal amarilla encajada entre pecho y espalda. Desde lejos, daba la sensación de que esos niños estaban disfrazados de contenedores de basura. Un tercer grupo de alumnos paseaba metamorfoseado en teléfonos móviles. Sin duda, se trataba de un carnaval temático cuya consigna era: hacer que los niños se cosifiquen, se conviertan en un objeto sin alma.
Supongo que hay muchos criterios posibles para elegir un disfraz. Personalmente, el que más placer me reporta es vestirme de aquello en lo que me gustaría convertirme. Mi disfraz favorito era el de hada. También me encanta vestirme de época: con modelo versallesco en plan María Antonieta. Otros disfraces que me resultan divertidos y que, en un momento u otro, he adoptado: diablesa, gitana, mujer de mala vida. Todos esos atuendos pertenecen a la categoría de disfraces teñidos de fantasía. Para confeccionarlos, se requiere una vertiente estética. Es decir: son disfraces bonitos; conceptos que dicen algo a la vista, que animan, que alegran el corazón.
Los disfraces que he visto hoy probablemente requieran habilidad manual y un cierto ingenio para conseguir volúmenes y superposiciones partiendo de los materiales y recursos, por lo general limitados, que cuentan en las aulas. Sin embargo, chirrían a los ojos, son aburridos de ver y denotan un culto/adoración al objeto (en concreto, a los medios de comunicación y a las TIC) que resulta, a la vez, sintomático y preocupante.
Efectivamente, el móvil se ha convertido en el tótem de las nuevas generaciones. Tanto es así, que ya hace falta prohibirlo en las aulas. Al menos, en la Comunidad de Madrid así piensan hacerlo. Según publica hoy elmundo.es, se establece la expulsión para quienes graben imágenes humillantes o agresiones, mientras que se considera falta leve el uso de teléfonos móviles en clase.
A veces tengo la sensación de que, gracias a los móviles, el mundo se está convirtiendo en una jaula de grillos. ¿Recuerdan ustedes lo que era viajar en autobús hace diez años, cuando el sonido ambiental no estaba continuamente taladrado por el estridente pitido de los teléfonos móviles? ¿Se ha llegado a cuantificar el tiempo perdido en las reuniones como consecuencia de las interrupciones constantes debidas a llamadas de móviles? Por no hablar de los estudios que avalan la existencia de daños cerebrales en personas con el hábito de mantener frecuentes conversaciones a través del móvil.
Que conste que ni estoy en contra de los dichosos móviles ni dudo de su utilidad. Es sólo que a veces tengo la sensación de que la rotunda implantación de los móviles en nuestra sociedad es una metáfora. Sí, a veces me parece que los móviles son como una horda de entes quisquillosos con alma de metal que pretendieran abducirnos a nosotros, los humanos, quitarnos el alma y sustituirla por un chip sabelotodo que nos hará más esperpénticos, pero no más felices. Sin que nos diéramos cuenta. Y entonces me entra un escalofrío.
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María Arozamena
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