La perenne Navidad de Zapatero
19.12.06 @ 20:19:24. Archivado en Miscelánea
Hace unos días me contaban el caso de un estudiante de quinto de Medicina que estaba algo asustado porque, dentro de la asignatura de Psiquiatría, le tocaba pasar consulta a un paciente de esa rama, y "tenía que quedarse a solas con él durante una hora". Evidentemente, era su primera vez. Finalmente, llegó el temido momento. El paciente que le tocó en suerte al joven aprendiz de médico, pasó la hora desgranando el siguiente mensaje: "Somos electricidad, los seres vivos estamos compuestos de corriente eléctrica".
Ciertamente, somos electricidad, y en Navidad, más que nunca. La energía eléctrica es uno de los leit motiv de estas fechas, en las que los paisajes urbanos se iluminan con profusión de adornos y decorados de fantasía, bombillas, árboles de navidad y belenes varios, todos ellos abundantemente iluminados... con energía eléctrica.
Esas edulcoradas luces saltan también a las páginas de revistas y periódicos, junto con la retórica ampulosa y supuestamente bienintencionada propia de estas fiestas. Por ejemplo, es un tópico de esatas fechas la apelación seudosolidaria a los seres más desfavorecidos (léase pobres, huérfanos, síndromes Down, etc.). Me alegro de que estos colectivos se vean beneficiados de algún modo por el montaje publicitario navideño, pero no puedo por menos que sospechar que la principal preocupación de estas campañas no es ayudar a los que más lo necesitan, sino convencernos, mediante esa alusión humanitaria a los que están peor que nosotros, de que nos encontramos en una situación de privilegio, de que podemos y, por tanto, debemos gastar. Ése, creo yo, es el hard core de la solidaridad mediáticamente enquistada en la Navidad tal y como la conocemos.
Llegué a esta conclusión el otro día, hojeando una revista "de mujeres" editada a principios de diciembre. Esta publicación dedicaba sus páginas centrales a una colección de árboles de navidad de diseño, firmados por prestigiosos creadores del mundo de la moda y el arte. Bajo cada árbol, se podía leer una descripción del mismo firmada por su "autor". Los textos se caracterizaban por una más que predecible cursilería. La idea era loable: subastar esos árboles tan fashion y destinar los beneficios a colectivos desfavorecidos. Bajo esa luz, la Navidad parecía un encomiable ejercicio de desinterés y nobleza.
Pero la verdadera naturaleza de estas fiestas emergió una semana después en el siguiente número de la revista, que era básicamente un extenso catálogo comercial de regalos, el cual, bajo la supuesta pretensión de "ayudar" a las lectoras a elegir el mejor regalo para sus seres queridos, encubría un descarado intento de estimular el deseo de lujo de la consumidora que hay oculta en cada mujer.
La palabrería navideña del 2006 es similar a la de años anteriores. Sin embargo, observo que este año se me antoja particularmente cargante. Y es que he desarrollado tolerancia cero a las tácticas de persuasión publicitaria, tan melosas de forma como carentes de mensaje profundo. Este agotamiento se ha producido por saturación. Y es que, para Zapatero, todo el año es Navidad: la actual legislatura sólo se puede definir como una infinita campaña publicitaria, construida a base de palabras grandilocuentes y generosos aspavientos, pero sin coherencia, ni fondo ni ideales más allá de lograr los equilibrios de fuerzas necesarios para seguir recaudando votos, para mantenerse en el poder. Con un ampuloso aparato de luces y sonidos destomadp a despistar aquellas mentes más proclives o acostumbradas a pensar por sí mismas, a hacerse preguntas.
Hace unos días tuve ocasión de contemplar un pedacito de roca a través de un microscopio. Al principio, uno ve los contornos borrosos. Al cabo de unos instantes, la vista se acostumbra a la lente y se conquista una nueva dimención, la del microcosmos. Entonces, la percepción da un salto y se hace mágica: parece como si se estuviera contemplando una montaña desde la ventanilla del avión. Al observador maravillado incluso se le puede antojar que está a punto de aterrizar en un paisaje de ensueño.
La experiencia me hizo pensar en el famoso proceso abanderado por ZP, quien está tratando de convencer por todos los medios a los españoles de que el gobierno que él preside va a conducirnos a un nuevo orden mundial, en el que la paz reinará y los asesinos se convertirán en corderos. Ojalá fuera así, señor Zapatero, pero no debe usted olvidar que no estamos contemplando una montaña, sino un humilde pedacito de roca a través de una lente magnificadora.
Por mucho que usted esté dispuesto a emplear todo tipo de estrategias persuasivas para convencernos de otra cosa.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/62847
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
María Arozamena
autor
Contacto








