Las bulímicas de mañana
13.11.06 @ 22:13:49. Archivado en Miscelánea
Escenario: un tren de cercanías atestado de gente y, en concreto, de niños que habían salido de excursión. Busco un asiento libre; sólo veo uno en un compartimiento ocupado por tres niñas bulliciosas. Me siento y abro un libro. Estoy leyendo En el balneario, de Herman Hesse. Es un volumen que el azar puso en mi camino: me lo encontré por la calle. Se trata de un texto breve, agudo, minucioso. El tren sufre una avería menor y pasa un rato detenido. Estoy algo mareada; la noche anterior la he pasado viajando en otro tren. La niña que está sentada a mi lado ríe como un ave enloquecida. Sus carcajadas me taladran el tímpano. Cierro a Hesse y me dedico a mirar. A las niñas. Por la ventanilla. A la gente que está de pie. Pero las niñas me llaman la atención.
Tendrán diez años, aproximadamente. Una de ellas es francamente regordeta, otra es algo rolliza, la tercera es alta y espigada. Esta última parece la líder. Lleva en una muñeca dos pulseras cuyas cuentas están hechas de caramelo. De vez en cuando, se acerca la muñeca a la boca, rompe un caramelo mordiéndolo y lo chupa. La niña que está sentada a mi lado es la más gordita. Lleva una camiseta ajustada y un vaquero estrecho. Son prendas de diseño moderno, el tipo de ropa que las niñas admiran, que tienen prisa por ponerse. Los diseños con que les gusta vestir a sus Barbis. Pero como he dicho, esta niña está regordeta, y esas prendas de niña que quiere ser mujer antes de tiempo ponen en evidencia sus defectos: su tripa abultada, su ancha cintura. Esta niña regordeta se ha encaprichado: quiere un caramelo de los de la pulsera de su amiguita, pero la otra quiere hacerla rabiar y no se lo da.
-Te lo pago –dice la caprichosa, y saca una moneda de veinte céntimos.
La alta, erre que erre. Que no. Muerde un caramelo y también otro a la tercera en discordia.
Entonces, la niña gordita abre su cartera. Con gran sorpresa, descubro que dentro lleva varias bolsas de tamaño regular repletas de chuches. Varias, no una sola. También lleva una botella de batido de chocolate. Comer de los caramelos que lleva en la bolsa y beber batido no le impiden desear el dulce que no puede conseguir.
La niña de los collares de caramelos también lleva la cartera hasta arriba de chuches. Es una combinación poco recomendable: corta edad, la cartera llena, (quizás) escaso control paterno/materno y ganas de parecer mayor. Por si fuera poco, a eso hay que añadir unos hábitos alimenticios compulsivos y algo erráticos: se ve que las niñas están acostumbradas a comer por aburrimiento, cuando no tienen nada mejor que hacer, del mismo modo que otros se lían con el móvil, a enviar mensajes o a hacer llamadas, en un intento desesperado de paliar el vacío existencial.
Se da la coincidencia de que un rato, mientras escribía los párrafos anteriores, oí una noticia suelta del telediario que alertaba de que cada vez se adelanta más la edad de inicio de los trastornos alimentarios: se están empezando a dar casos de pacientes de nueve años con anorexia o bulimia. Y yo recuerdo esas carteras llenas hasta arriba de golosinas y me pregunto de qué son sustituto.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/55813
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
María Arozamena
autor
Contacto








