Semblanza del presidente de las civilizaciones
22.10.06 @ 13:10:03. Archivado en Miscelánea
Hace unos meses me encontré en un tren con una antigua compañera de instituto a la que hacía diez años que no veía. En mis años mozos, la chica no era santo de devoción de mucha gente (algo que suele suceder cuando el sujeto hablante se erige en tema fundamental del propio discurso con demasiada frecuencia). Durante ese reencuentro, mantuvimos una conversación. Yo tenía curiosidad por ver si el paso del tiempo había obrado algún influjo benéfico sobre mi antigua compañera; si los años la habían hecho más sabia o la habían enseñado a escuchar. Mis esperanzas se vieron frustradas. En esta ocasión, la muchacha me colocó una parrafada sobre su talento inverosímil para las lenguas extranjeras. Me despedí de ella con un concepto muy claro en mi cabeza: pasan los años, pero la gente no cambia.
Me pregunto si Pepe Estrada comparte esa opinión. ¿Que no saben quién es Pepe Estrada? El antiguo entrenador de baloncesto del presidente de las civilizaciones, nuestro José Luis Rodríguez Zapatero. Hace unos días, El Diario Montañés (grupo Vocento) le dedicaba una contraportada de lo más curioso, en tanto que proporciona una oportunidad poco frecuente de acceder a una visión de cómo era Zapatero antes, mucho antes de que aparecieran los títulos y los oropeles; cuando de la persona aún no había brotado el personaje.
El señor Estrada recuerda a Zapatero como un adolescente alto y también “delgadito pero fibroso”. De su rendimiento deportivo destaca: “Técnicamente no era muy bueno, pero para su edad había crecido mucho”. Y añade al cuadro un par de pinceladas psicológicas: “No se arrugaba ante nadie. Era un peleas”. O sea, que cuando le tocaban la moral, recurría antes a los puños que al diálogo. Estrada agrega: “Tenía más talante que talento. Deportivamente hablando, claro”. Hay en la semblanza una omisión curiosa: el entrenador de baloncesto no hace ninguna alusión a la inteligencia de su antiguo alumno, de lo cual yo extraigo la conclusión de que el talento del joven ZP aún no había sido descubierto en el colegio.
Muy distinta es la visión de Zapatero como persona que ofreció el gran escritor Juan José Millás en aquella famosa entrevista-panegírico que escribió para PRISA allá por el pasado mes de julio. Millás empeñó su honor y la trade-mark en la que se ha convertido su apellido en el mundo literario con objeto de limpiar, fijar y dar esplendor al prestigio de Rodríguez Zapatero, nuestro presidente patrio. El escritor recalca, por ejemplo, la “falta de apoyo mediático” de Zapatero, un hombre, por otra parte, aficionado a la política, pero no al poder, quien, además, afirma, que “en el problema de ETA, si no hubiera elecciones dentro de dos años, estaríamos todos de acuerdo”. Esto último es mentira, y para demostrarlo, me tomo a mí misma como ejemplo: me da igual que me voten o que no me voten, ya que no me voy a presentar a ningunas elecciones y, sin embargo, no estoy de acuerdo con el así llamado “proceso de paz”. En cuanto a la supuesta falta de apoyo mediático, basta con recordar que durante la presente legislatura socialista no sólo se han inaugurado en España dos cadenas de televisión nacional, la Cuatro y la Sexta, con amigos personales del presidente en sus respectivas juntas directivas, y con una línea editorial calcada de la ideología del PSOE, sino que además, los socialistas han lanzado un canal de televisión por Internet llamado iPSOEtv, cuyo nombre ya lo dice todo. Eso, por centrarnos en dos de las afirmaciones que gracias a la falta de espíritu crítico de Millás en este caso, Zapatero consigue colar en la entrevista.
Federico Quevedo respondía a la empalagosa entrevista días después con un artículo publicado en elconfidencial.com, en el que citaba el testimonio de un ujier del Congreso que recordaba a Rodríguez Zapatero antes de que éste se convirtiera en el presidente de las civilizaciones, cuando era un diputado más del PSOE. Eso sí, muy aficionado al mus y poco al orden. “Recuerdo que tenía el despacho hecho una mierda, lleno de papeles que no recogía, y recuerdo en especial una toalla colgada del perchero... llevaba ahí no sé la de años, siempre igual de sucia, casi petrificada”.
Un apunte más sobre Zapatero. Pancracio Celdrán es doctor en Filosofía y Letras y acaba de publicar un libro titulado Hablar con corrección. En una de las entrevistas de presentación del volumen le preguntan sobre la manera de hablar de nuestros políticos, y el señor Celdrán se moja: “Zapatero dice siempre lo mismo, de la misma manera y con el mismo tono, es una persona de vocabulario escaso, léxico pobre y dicción plana”. Yo añadiría que en su discurso, baraja hasta el desgaste una serie de nombres abstractos de tradición revolucionaria. Lo típico: vocación, igualdad, convicción, generosidad, et cetera. Palabras ampulosas que, repetidas en su voz abaritonada, suenan teatrales y huecas.
Estoy convencida de que hay una correlación entre el patrimonio léxico de cada persona y su capital intelectual. Muchas veces, al tratar de mejorar lingüísticamente un texto, me ha sorprendido comprobar que también estaba enriqueciéndolo conceptualmente. Por esa razón me molesta tanto la pomposidad vacua de nuestro actual presidente. Porque oyéndole hablar, parece que nos toma por tontos. Y porque, en el fondo, más allá de las ideologías, una no puede evitar la sensación de que han hecho fraile a una persona que tiene un escaso rodaje como cocinero.
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es decir: que es un inutil. Y eso va a misa. La historia lo recogerá en breve
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María Arozamena
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