
19.10.09 @ 10:00:44. Archivado en Iglesia
ROSARIO BOFILL
A mediados de los 50, cuando Joaquín Ruíz-Giménez era ministro de educación, que Lorenzo al repasar un día los sobres en que enviábamos El Ciervo, descubrió que al Excmo. Sr. Ministro de Educación y Ciencia, Don Joaquín Ruiz-Giménez, se le enviaba el sobre con un simple “Joaquín Ruiz”. Hizo corregir en seguida la falta y toda la vida lo recordó. Joaquín Ruiz-Giménez (quito el don porque estoy hablando de un gran amigo) fue suscriptor y admirador de El Ciervo. A lo largo de los años nos vimos en reuniones, conferencias, encuentros. Siempre cordial, con esa discreción que no es cobardía, sino rectitud. José María Margenat nos habla de su papel como hombre religioso y político. Yo quisiera recordar dos anécdotas: la primera fue en el Foro del Hecho Religioso, una noche en la Eucaristía, en el espacio en que los fieles hacen sus súplicas, se alargaban mucho. Joaquín se impacientó y dijo: “Señor te pido silencio.” Respiramos aliviados.
La otra, más que anécdota, es un recuerdo entrañable. El año 1994 fuimos a un Congreso en Sevilla. Yo tenía una intervención sobre el papel de El Ciervo en la preparación de la democracia. Coincidía en aquellos días que Lorenzo cumplía 75 años. Organizamos una cena íntima con amigos. Era un restaurante que había reservado él para nosotros. Resultó estar en un tercer piso. Joaquín subió con apuros, tendría 82 años, y lo sentimos por su fatiga, pero fue de veras una cena de esas íntimas, entre auténticos amigos de distintos lugares, con esa sensación de vivir un momento único concientes de que quizá no nos veremos más.
Le vimos por última vez cuando se celebraron los 90 años de Enrique Miret Magdalena en Madrid. Joaquín sonreía, apenas hablaba. Alguien comentó que era un triste destino para él que había fundado Cuadernos para el diálogo. Un hombre tan dialogante. Me alegro de haberle conocido. Faltan en España hombres como él.
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14.10.09 @ 10:00:34. Archivado en Iglesia
La neutralidad es imprescindible
Rafael Díaz-Salazar
Profesor de Sociología en la Universidad Complutense
La neutralidad religiosa e ideológica del Estado es la piedra angular del proyecto laico. Las instituciones políticas y las leyes tienen identidades específicas y son autónomas e independientes de las confesiones religiosas. Por este motivo, la crítica del clericalismo y de los usos políticos de Dios es fundamental.
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12.10.09 @ 10:00:25. Archivado en Iglesia
La religión emancipada y secularizada
Reyes Mate
Filósofo
La laicidad es, en primer lugar, emancipación de la religión. En los tratados de la tolerancia moderna –El ensayo sobre la tolerancia de Locke (1677), el Tratado sobre la tolerancia (1763) de Voltaire (1763) o en el Natán el sabio de Lessing (1778)–, lugares obligados de la laicidad, aparece claro que la religión no puede ser el principio legitimador de la política, de ahí la reivindicación de la libertad de conciencia o de la afirmación lessingiana de que todos, antes que judíos, musulmanes o cristianos, somos hombres. Los principios fundantes, en una sociedad plural, hay que buscarlos en la humanidad común y no en las religiones.
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07.10.09 @ 11:19:29. Archivado en Iglesia
El derecho a la crítica recíproca
Pere Lluís Font
Teólogo
Teniendo en cuenta que, en los países de nuestro entorno, el régimen político-religioso de laicidad sustituye al de cristiandad, si se me pide que reduzca a tres las características indispensables de aquél, más allá de los diversos modelos y de la solución de diversas cuestiones concretas destacaría las siguientes:
a) La separación entre Iglesia y Estado (o entre religión y política), que supone la neutralidad religiosa de las administraciones públicas (ni confesionales ni laicistas) y la no intromisión entre política y religión, pero que no excluye necesariamente ni el reconocimiento del peso social y cultural de la religión ni la eventual colaboración entre administraciones públicas e instituciones religiosas.
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07.10.09 @ 11:19:14. Archivado en Iglesia
Los tres jalones de una laicidad inteligente
Alfredo Tamayo Ayestarán
Doctor en filosofía y teología
1. Es importante ante todo saber distinguir entre laicidad y laicismo. Laicidad remite al carácter de justa autonomía, al derecho a regirse por leyes propias de cualquier quehacer humano que no tenga que ver directamente con lo religioso, se trate de la actividad científica, técnica, económica, literaria, artística, filosófica, jurídica o política. La laicidad conlleva una actitud de neutralidad frente a lo religioso, al contrario del laicismo, que implica una postura beligerante, de exclusión, de revanchismo histórico frente al fenómeno religioso.
2. Desde una apuesta decidida por la laicidad me parece importante adoptar una actitud crítica frente al talante de nostalgia histórica del que es portadora una buena parte de nuestra Iglesia, nostalgia de un pasado nacionalcatólico, de un Estado a su servicio. No es de recibo tampoco una reivindicación de omnisapiencia en el terreno de lo moral y del derecho natural cuando se presentan problemas éticos inéditos y en extremo difíciles y frente a los cuales el Concilio Vaticano II aconsejaba modestia y diálogo con instancias seculares (Gaudium et Spes, 33). Al margen de esto no creo que sea el laicismo como tal el gran enemigo de la fe hoy. Yo lo veo más bien en la indiferencia de las masas frente a Dios, en la carencia de valores y referentes éticos, en la inmersión en la vulgaridad y la chabacanería, en la conversión en mercancía de la vida.
3. Por fin, creo importante recordar a nuestros laicistas alejados de una laicidad inteligente que tampoco ellos tienen el monopolio de la racionalidad y de la verdad. Además no deben olvidar que vivimos en un país de dos mil años de fe cristiana que ha conformado, nos guste o no, nuestra historia y cultura. Y que la fe católica no reviste tan sólo formas de poder sino también de profunda mística, de organizaciones de atención a los necesitados, que atiende y acoge a aquellos de los que nadie quiere saber nada, incluido el mismo Estado.
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Joaquim Gomis
Un pecado cometí en este “Diario” del pasado junio donde recordaba mis inicios como cura de pueblo: me comprometí a contar algo sobre mi tarea de confesor. Pecado porque después de tantos años ejerciendo de escribidor ya debería saber que nunca debe uno comprometerse a hablar de eso o aquello. Porque pasas semanas pensando qué dirás y al llegar el momento de escribirlo ya te aburre el tema, te falta la chispa divertida de la improvisación. Pero lo prometido es deuda, dicen, y aquí me tienen cumpliendo mi penitencia.
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La tercera encíclica, como las anteriores de Benedicto XVI, cuesta de leer. Y, por ello, plantea el interrogante sobre la utilidad de las encíclicas papales incluso para los miembros de la Iglesia. Aunque se agradezca la buena voluntad del Papa al escribir sobre el problema actual de la humanidad, una crisis económica que no es sólo un fenómeno de hoy sino que es un reflejo de hondas heridas en la estructuración de la sociedad, del mundo, que exigen respuestas no coyunturales sino un hondo replanteamiento de toda la organización social, económica, política.
Caritas in veritate ha sido quizá la encíclica más esperada del papa Ratzinger y también la que más se ha hecho esperar.
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Francisco Martínez Hoyos
Uno sospecha que las mujeres, más que para agradar a otros, se
maquillan para sentirse bien con ellas mismas. Con los curas obreros
intuyo que sucede un poco tres cuartos de lo mismo: no van a la
fábrica, a la construcción, o a otros mil sitios, para ofrecer un
producto más atractivo a los trabajadores. Para buscar, por así
decirlo, clientela. Lo que intentan es satisfacer las exigencias de
coherencia que les plantea su fe cristiana.
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Alicia Gómez de Pablos
A un siglo del nacimiento de una de las pensadoras más importantes que
ha dado Europa, he aquí algunas claves para conocer quién fue esta
peculiar mujer que ocupa un puesto privilegiado en la historia del
pensamiento crítico del siglo xx.
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Josep Maria Margenat
Profesor de filosofía social ETEA
El catolicismo es “todo un mundo” y, ciertamente, lo es este cuarto
bloque mayoritario, que llamé el pasado mes catolicismo “popularista”.
El catolicismo popularista representa una importante mayoría de las
élites católicas, y una parte no despreciable de las bases
parroquiales y de las instituciones más prestigiadas de la Iglesia
(Cáritas, Manos Unidas, HOAC).
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Joaquim Gomis
Escritor
El destino te llegaba en un pequeño sobre azul. Se suponía que era el
obispo quien decidía el destino, pero en aquellos tiempos, por lo
menos en una diócesis como Barcelona, con el pastor episcopal no había
relación personal. Yo no hablé con él hasta que el Santo Oficio se
enfadó conmigo (por eso a él le molestó que desde la sagrada
congregación se interesaran por un cura suyo que él ni conocía).
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Juan José Tamayo
En el segundo volumen de sus Memorias (el primero se publicó en 2003), Hans Küng (1928) se autodefine como “solidario de los buscadores de la verdad”, una verdad ciertamente controvertida, por la que siente verdadera pasión.
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