21.10.09 @ 10:00:43. Archivado en Vida cotidiana
JOSÉ MARÍA MARGENAT
Profesor de Filosofía Social en ETEA (Universidad de Córdoba)
Si llegaba el día que hubiese de escribir en El Ciervo sobre Ruiz-Giménez sabía que quería hacerlo desde el recuerdo personal de varios momentos en torno a la eucaristía. Ha llegado sin esperarlo. Siempre me sorprendió la naturalidad con que él se refería a la que para él era fuente de su vida y siempre me edificó. El primer recuerdo es de antes de nacer yo, pues en mi familia en que no se hablaba ni bien ni mal de ningún ministro franquista, excepcionalmente desde niño oí hablar con admiración de un ministro que había estado en Barcelona, iba pronto a misa, tomaba el tranvía y hablaba con los estudiantes. Este ministro era el único elogiado cuyo nombre conocí, Ruiz-Giménez.
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Joaquim Gomis
Un pecado cometí en este “Diario” del pasado junio donde recordaba mis inicios como cura de pueblo: me comprometí a contar algo sobre mi tarea de confesor. Pecado porque después de tantos años ejerciendo de escribidor ya debería saber que nunca debe uno comprometerse a hablar de eso o aquello. Porque pasas semanas pensando qué dirás y al llegar el momento de escribirlo ya te aburre el tema, te falta la chispa divertida de la improvisación. Pero lo prometido es deuda, dicen, y aquí me tienen cumpliendo mi penitencia.
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Francisco Martínez Hoyos
Uno sospecha que las mujeres, más que para agradar a otros, se
maquillan para sentirse bien con ellas mismas. Con los curas obreros
intuyo que sucede un poco tres cuartos de lo mismo: no van a la
fábrica, a la construcción, o a otros mil sitios, para ofrecer un
producto más atractivo a los trabajadores. Para buscar, por así
decirlo, clientela. Lo que intentan es satisfacer las exigencias de
coherencia que les plantea su fe cristiana.
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Juan Martín Velasco
Teólogo
A mis muchos años se esperan pocas cosas de uno mismo: “Soy un fue y
un será y un es cansado”, decía Quevedo. Cada día un poco menos “es” y
un poco más “cansado”. Nuestro capital es la memoria –“este raro no
ser, este haber sido” (Sánchez Rosillo)– y ya comienza a flaquear.
Aunque, ¿se puede esperar en verdad algo de uno mismo ni siquiera en
la plenitud de la vida?
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Pablo d’Ors
Escritor y sacerdote
Espero la iluminación, es decir, que el silencio se vaya extendiendo
en mi vida como la noche sobre el día.
Que se vaya apoderando de mis horas, de las estaciones, de mi vida
entera, devorándolo todo, acallándolo todo.
Que no tenga que decidir nada porque no tenga palabras con que
decidir. Que el silencio, silenciosamente, viva por mí; y que yo vaya
desapareciendo.
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Salvador Pániker
Filósofo
Espero tener un poco más elaborada la respuesta a esta pregunta:
“Pero, veamos, ¿qué diablos es todo esto?” Todo esto es “todo esto”:
la vida, la muerte, la realidad que parece tan arbitraria. Me importa
saber un poco más “de qué se trata”, y así hacer mutis con coherencia.
Sí, ya sé que, como dice Derek Walcott, a medida que te vas haciendo
viejo el mundo se hace cada vez más indescifrable. Yo no aspiro a
descifrarlo. La respuesta final no existe. Pero sí creo que sea
posible alcanzar una cierta paz que también es conocimiento. Sí creo
que sea posible ir mejorando la calidad de la meditación. Sí creo que
cabe, al fin, perder el miedo. Y si las cosas se ponen muy feas, la
eutanasia.
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Ana María Schlüter Rodés
Mujer de Betania y maestra zen
Espero seguir haciendo, en edición mejorada, de puente, desde mi
inmersión en diferentes culturas y lenguas, un puente que esté
pendiente de los que pasan y no se importe demasiado a sí mismo.
Puente entre zen y fe cristiana;
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Dolores Aleixandre
Teóloga
Pasado ya el tiempo de esperar de mí misma mejoras constatables, ahora
espero cosas modestas: mantener el humor, hablar poco de enfermedades,
cumplir la norma de salud de los dos litros de agua y caminar una
hora;
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Raul Berzosa Martínez
Obispo auxiliar de Oviedo
En uno de los libros del cardenal Martini encontré una cita de
sabiduría hinduista con la cual me identifico totalmente en este
momento de mi vida. Decía, más o menos, que en la vida hay cuatro
momentos: aprender; enseñar; saber escuchar lo que no has aprendido
ni enseñado; y, finalmente, mendigar. Lo que traduzco por tres
realidades: caminar ligero de equipaje, sin ser rival de nadie y
cargado de ternura, y leyendo la realidad no con mis ojos, sino con
los del Espíritu. Espero poder hacerlo carne de mi carne.
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Rosario Bofill
Periodista
Hace bastantes años, cuando yo era mucho más joven descubrí en una
revista francesa unos consejos acerca de “cómo envejecer bien”. La
primera frase ya me interesó: “Para envejecer bien hay que prepararse
muy pronto desde la juventud”. Hice caso del consejo y enmarqué las
ocho “reglas de oro”.
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Rosario Bofill
Periodista
Hace años se hablaba de distintas espiritualidades. Se hablaba de la espiritualidad del trabajo, de la espiritualidad del sufrimiento. A mí me gustaba y me gusta pensar y a ser posible practicar la espiritualidad de la contradicción. No hay que inventarse nada. Solo esperar, porque muchas veces nos falla lo que habías programado, lo que habías pensado, el proyecto que dabas por hecho y querías que fuera de aquella manera, y estabas muy convencida, ilusionada incluso con él, y de repente se trunca. Viene una enfermedad, un tropiezo, un cambio que no estaba programado en tus planes y el mundo –tu mundo que después de todo no es tan grande– se viene abajo. Y hay que encajar la sorpresa sin remedio. A lo primero te hundes, esa es la verdad. Pero luego hay que cogerlo, como quien coge la pelota al vuelo, y seguir el juego.
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E. Miret Magdalena
Teólogo seglar
Después de haber vivido muchos años, la experiencia me dice lo necesaria que es la educación para la ciudadanía. La vida no es un conglomerado de hechos inconexos, sino que tienen una finalidad útil o desechable. De ahí que una cosa importante en todas las filosofías, religiosas o no, es la meditación serena de nuestros hechos.
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