
Francisco Martínez Hoyos
Uno sospecha que las mujeres, más que para agradar a otros, se
maquillan para sentirse bien con ellas mismas. Con los curas obreros
intuyo que sucede un poco tres cuartos de lo mismo: no van a la
fábrica, a la construcción, o a otros mil sitios, para ofrecer un
producto más atractivo a los trabajadores. Para buscar, por así
decirlo, clientela. Lo que intentan es satisfacer las exigencias de
coherencia que les plantea su fe cristiana.
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Pedro Miguel Lamet
Escribió José Jimenez Lozano que “Juan de la Cruz es una de las más
enigmáticas figuras cristianas”. Y él, buen conocedor del místico
castellano, confesaba: “resulta una caja de sorpresas”. Porque si hay
unanimidad en la valoración del fraile Juan como poeta, también aunque
no lleguemos a comprenderlo como místico, queda en el fondo el enigma
de su persona.
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Alicia Gómez de Pablos
A un siglo del nacimiento de una de las pensadoras más importantes que
ha dado Europa, he aquí algunas claves para conocer quién fue esta
peculiar mujer que ocupa un puesto privilegiado en la historia del
pensamiento crítico del siglo xx.
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Juan Martín Velasco
Teólogo
A mis muchos años se esperan pocas cosas de uno mismo: “Soy un fue y
un será y un es cansado”, decía Quevedo. Cada día un poco menos “es” y
un poco más “cansado”. Nuestro capital es la memoria –“este raro no
ser, este haber sido” (Sánchez Rosillo)– y ya comienza a flaquear.
Aunque, ¿se puede esperar en verdad algo de uno mismo ni siquiera en
la plenitud de la vida?
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Pablo d’Ors
Escritor y sacerdote
Espero la iluminación, es decir, que el silencio se vaya extendiendo
en mi vida como la noche sobre el día.
Que se vaya apoderando de mis horas, de las estaciones, de mi vida
entera, devorándolo todo, acallándolo todo.
Que no tenga que decidir nada porque no tenga palabras con que
decidir. Que el silencio, silenciosamente, viva por mí; y que yo vaya
desapareciendo.
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Salvador Pániker
Filósofo
Espero tener un poco más elaborada la respuesta a esta pregunta:
“Pero, veamos, ¿qué diablos es todo esto?” Todo esto es “todo esto”:
la vida, la muerte, la realidad que parece tan arbitraria. Me importa
saber un poco más “de qué se trata”, y así hacer mutis con coherencia.
Sí, ya sé que, como dice Derek Walcott, a medida que te vas haciendo
viejo el mundo se hace cada vez más indescifrable. Yo no aspiro a
descifrarlo. La respuesta final no existe. Pero sí creo que sea
posible alcanzar una cierta paz que también es conocimiento. Sí creo
que sea posible ir mejorando la calidad de la meditación. Sí creo que
cabe, al fin, perder el miedo. Y si las cosas se ponen muy feas, la
eutanasia.
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Ana María Schlüter Rodés
Mujer de Betania y maestra zen
Espero seguir haciendo, en edición mejorada, de puente, desde mi
inmersión en diferentes culturas y lenguas, un puente que esté
pendiente de los que pasan y no se importe demasiado a sí mismo.
Puente entre zen y fe cristiana;
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Dolores Aleixandre
Teóloga
Pasado ya el tiempo de esperar de mí misma mejoras constatables, ahora
espero cosas modestas: mantener el humor, hablar poco de enfermedades,
cumplir la norma de salud de los dos litros de agua y caminar una
hora;
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Raul Berzosa Martínez
Obispo auxiliar de Oviedo
En uno de los libros del cardenal Martini encontré una cita de
sabiduría hinduista con la cual me identifico totalmente en este
momento de mi vida. Decía, más o menos, que en la vida hay cuatro
momentos: aprender; enseñar; saber escuchar lo que no has aprendido
ni enseñado; y, finalmente, mendigar. Lo que traduzco por tres
realidades: caminar ligero de equipaje, sin ser rival de nadie y
cargado de ternura, y leyendo la realidad no con mis ojos, sino con
los del Espíritu. Espero poder hacerlo carne de mi carne.
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Rosario Bofill
Periodista
Hace bastantes años, cuando yo era mucho más joven descubrí en una
revista francesa unos consejos acerca de “cómo envejecer bien”. La
primera frase ya me interesó: “Para envejecer bien hay que prepararse
muy pronto desde la juventud”. Hice caso del consejo y enmarqué las
ocho “reglas de oro”.
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Joaquim Gomis
Escritor
El destino te llegaba en un pequeño sobre azul. Se suponía que era el
obispo quien decidía el destino, pero en aquellos tiempos, por lo
menos en una diócesis como Barcelona, con el pastor episcopal no había
relación personal. Yo no hablé con él hasta que el Santo Oficio se
enfadó conmigo (por eso a él le molestó que desde la sagrada
congregación se interesaran por un cura suyo que él ni conocía).
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Juan José Tamayo
En el segundo volumen de sus Memorias (el primero se publicó en 2003), Hans Küng (1928) se autodefine como “solidario de los buscadores de la verdad”, una verdad ciertamente controvertida, por la que siente verdadera pasión.
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