Enrique Moreno Castillo
Crítico teatral
Cuando una persona querida se va por el camino de la muerte, sobre todo cuando ese hecho es muy reciente y nuestra imaginación no
ha tenido tiempo de asumirlo, nos asaltan diversas sensaciones contradictorias. Percibimos el sabor extraño de la vida cuando la contemplamos sobre el fondo de su inconsistencia, la terrible crueldad de la muerte que nos borra de un plumazo, la melancolía del tiempo, que todo lo destruye y que hace que las cosas nunca vuelvan a ser como antes.
Pero hay otra sensación que se impone sobre todas las demás: la persona que se ha ido invade en estos momentos nuestra memoria con una contundencia y una rotundidad que parecen mayores aún que las que experimentamos cuando se hallaba entre nosotros. “Los hombres mueren para probar que han vivido”, dice Guimarães Rosa. En medio de la aflicción por su pérdida, Roser Bofill, que estuvo tan viva en la vida, se nos aparece, en estas horas inmediatas a la triste noticia, con toda su intensidad, con toda su presencia, con todo eso en lo que cada persona se manifiesta como imborrable y permanente.
Uno de los rasgos que caracterizaba su personalidad era una actitud religiosa que no la alejaba nada, absolutamente nada, de
las circunstancias concretas y cotidianas de este mundo. Esa actitud le llevaba a poner las cosas en perspectiva, a verlas con
distancia aunque nunca con desinterés, a relativizarlas, pero sobre todo, a relativizarse a sí misma. Su espiritualidad no era
en modo alguno proclive al dramatismo ni a la estridencia, sino que respiraba sentido común, pragmatismo y ganas de ser eficaz. Practicaba un humor suave y espontáneo, el de la persona que no pretende hacer reír, sino que simplemente, a veces, ríe; y sus escritos tenían el encanto de lo que brota con naturalidad, como si su autora se limitara a pensar en voz alta y mantuviera el tono de quien, más que impartir doctrina, está entablando una conversación con el lector.
Ella siempre creyó que la muerte no tenía la última palabra. Pero nosotros, todavía desde este lado, echaremos de menos esa conversación que ahora se interrumpe.
Lunes, 28 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez