Pilar Malla Escofet
Ex Síndica de Greuges de Barcelona
Conocí a Roser Bofill en la Escuela de Trabajo Social hacia el año 1955. La recuerdo como una persona equilibrada e inteligente; al terminar el curso nos dijo que se dedicaría a escribir, recuerdo que sentí mucho su decisión porque me parecía que perdería
su amistad. No hacía ruido pero dejaba huella.
Después de muchos años nos volvimos a encontrar. La recuerdo como una mujer, inteligente, culta, simpática, con criterio propio. Una mujer de fe, segura de ella misma, sin necesidad de sobresalir y siempre capaz de dar su opinión.
Ha sido una mujer comprometida, sufría por la Iglesia que la deseaba abierta y acogedora al estilo del buen Papa Juan.
No rehusó el compromiso político concreto. Ella y Llorenç cerraron la lista de Pasqual Maragall para el Parlamento de
Cataluña. Esto no es fácil para los que tienen amigos en todas partes.
Los escritos de Roser han sido claros, valientes y equilibrados. Desprendían compromiso, universalidad, amplitud, todo reforzado por su fe y su libertad.
Una persona que prepara la despedida de la vida terrena, como lo hizo Roser Bofill, escogiendo personalmente las lecturas, los cantos y sus versos preferidos es un testimonio de fe, esperanza y amor. Su predilección por Santa Teresa revela su faceta mística, donde todo se reúne en Dios. Descubrir este aspecto en su vida ayuda a vivir el amor de Dios que es a la vez universal y concreto.
La vida y la muerte de Roser Bofill son para los que la hemos conocido, un regalo de Dios. Una vida humana llena, con sus alegrías y sus penas. La vida de una mujer inteligente que puso sus cualidades al servicio de sus verdades: la paternidad
de Dios y la fraternidad humana.
La muerte es un misterio y el mundo es distinto y mejor porque personas como Roser y Llorenç han existido.
Lunes, 28 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez