Josep Maria Margenat
Busco en el Diccionario de la Academia de la época en que España estaba bajo una dictadura: dice que se trata del “gobierno que, invocando el interés público, se ejerce fuera de las leyes constitutivas de un país”. Aprendí en aquel diccionario de 1970 que España vivía una situación excepcional que lógicamente terminaría un día feliz. Cinco años más tarde, fue un día feliz. El Diccionario formaba para la democracia. Los liberales escolapios me explicaban en clase de latín que la dictadura era una magistratura romana, que debía ser autorizada excepcionalmente por el Senado para un tiempo determinado, seis meses era lo previsto. Cuando me explicaron esto comprendí que llevábamos muchos más meses y que aquello había de acabarse pronto. Me atrajo la disciplina y la audacia de los comunistas: eran “el partido” antifranquista; pero siempre rechacé la necesidad de “otra” dictadura. El siglo xx ha conocido dictaduras muy odiosas, otras genocidas, otras que han violado los derechos humanos. Todas han sido un error y han dejado delitos de lesa humanidad.
Al llegarme el último libro-conversación del papa Benito XVI, realizado por el periodista tudesco Peter Seewald, me voy derecho al capítulo 5 “Dictadura del relativismo”. Siempre me ha inquietado que un intelectual como Joseph Ratzinger use un concepto ambiguo y poco preciso como “dictadura del relativismo”, pues no encuentro en la situación actual ninguna de las características que evoca la palabra dictadura. Un individuo, una asamblea, un partido o un grupo social pueden establecer una dictadura, pero no parece que sea el caso. Tampoco la posmodernidad, la era del vacío, es una transición hacia una nueva utopía como aquella dura transición comunista en la que habíamos de sacrificar la libertad para finalmente conseguirla junto con la igualdad. Nunca quedó claro que hubiese que violar la dignidad de las personas para liberarlas de la opresión, pero al menos era una temporada. No es el caso de hoy. Este imperio de lo efímero se presenta como lo único que definitivamente existe, sin pretender ser nada más que algo delicuescente e inconsistente. No encuentro en el tiempo actual nada que se parezca a la barbarie que conocí en tiempo de la segunda dictadura española, llena de miedo y silencio, pero tampoco a las barbaries relatadas y estudiadas en tantos otros sitios. Cuenta Lévinas en Difficile Liberté que sólo para aquel perrito, Bobby, que merodeaba el campo de concentración, aquellos judíos eran aún “hombres”, hasta que un día los centinelas echaron al perro incómodo, “el último kantiano de la Alemania nazi”. Esto no ocurre hoy, ¿o sí?
Sin embargo el cardenal Ratzinger dijo que se estaba construyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como propia medida sólo el yo y sus antojos. El Papa está convencido de que esto no puede ser así pues el hombre es un ser capaz de verdad y debe buscarla. Añade que “la verdad necesita criterios para ser verificada y falsada” y ha de ir acompañada de tolerancia y humildad para aprender y ejercitar los valores que nos han hecho personas. La verdad no puede imponerse con la violencia, sino por la autoridad que nace desde dentro de la verdad y la autenticidad. Al fin eso fue lo que hizo Jesús, defender la verdad a través de la pasión y de la cruz. Descartar la verdad sin más como inalcanzable nos daña directamente y nos destruye como personas y como sociedades; cuando leo esta frase del Papa me identifico con su pensamiento. Pienso también que hoy han surgido algunas “religiones de sustitución” que se imponen con intolerancia contra el cristianismo –la creencia y la praxis del amor y de la verdad– y nos imponen visiones aparentemente inconsistentes que ejercen una presión fortísima sobre nosotros, impidiéndonos el desarrollo de aquel humanismo integral del que escribiera Maritain.
Me parece que la dictadura del relativismo de la que habló Ratzinger se parece a la vida líquida que también denuncia, el sociólogo Zygmunt Bauman. La sociedad moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de las personas cambian antes de que se consoliden unos hábitos. La sociedad moderna líquida no puede mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo. En esta sociedad, añado por mi cuenta, la búsqueda de la verdad es puesta en cuestión. No hay una verdad, sino muchas, y muchos caminos para acceder a ellas. Todo cambia y nada es como parece ser, ¿para qué afirmar un sentido?, ¿para qué afirmar la posibilidad de una verdad? Pienso que Benito XVI tiene mucha razón aunque no acierte con la palabra. Hemos de pensar la cosa hasta el fondo. Nos jugamos mucho. Como quería santo Tomás, tenemos caminos para llegar a Dios. El camino de la bondad, practicado excelentemente por muchos cristianos, el camino de la belleza que hemos gozado con la dedicación de la barcelonesa basílica de la Sagrada Familia por el Papa, y el camino de la verdad. No me gusta hablar de politeísmo, paganismo o relativismo para descalificar la cultura actual, pero tampoco deberíamos renunciar a la via veritatis para ser realmente quienes somos. La vida líquida nos invita a no ser, a “caminar sobre arenas movedizas”. Quizá tenga razón Benito XVI. Seguro que sí.
Al acabar este artículo alguien me comenta e informa con detalle sobre la decisión de la Conferencia episcopal española de disolver el “movimiento junior” de la Acción católica hace pocos meses. Cuesta mucho entender estas decisiones tacticistas, pero no respetan ni el sentido de la vida entregada por tantos militantes, ni una pedagogía consolidada. El “movimiento junior” formaba parte de la Acción católica especializada, después lo integraron en la Acción católica general, ahora lo disuelven. ¿Cuántos meses le quedan a la JOC, etc.? Me pregunto si es más cómodo hablar de la dictadura del relativismo o si debiera hablar de estas suaves formas dictatoriales.
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¿Qué pasa en España con la Acción Católica? En el verano de 2009 fue refundada. Su actual consiliario nacional es mons. Atilano Rodríguez, obispo electo de Sigüenza-Guadalajara. Antes lo fueron los obispos Zacarías de Vizcarra y Arana, José Guerra Campos, Rafael Torija de la Fuente y Felipe Fernández García. El hecho de que se refundara, ¿significa que había desaparecido? ¿Y ahora dónde está? Desde que se dio a conocer la nueva de su refundación, la primera noticia que he tenido es la disolución del "movimiento junior". Pues vaya noticia.
Angel Herrera Oria, cardenal, es la persona que más ha trabajado para urdir la guerra civil española. Lo suyo era la FORMACIÓN DE SELECTOS. Hoy, pocos eclesiásticos alcanzan la cultura media de los que opinamos aquí.
Kant.- Ilustrado es el que piensa por sí mismo, sin depender de nadie ni plegarse a la dirección de otro. Enemigo principal de la razón son las iglesias, que predican: No razonéis, sino creed la palabra de dios tal como os la comunico. Así no os perseguirán como herejes.
A Kant, como a Erasmo, la iglesia lo tiene condenado al Indice. Es una verguenza que a la iglesia le gustaría ocultar.
Mas bien se vive sobre una "dictadura religiosa" que es un régimen teocrático donde se considera que el poder del Jefe del Estado tiene una inspiración divina y el código legal más importante es un libro religioso. Un ejemplo de "dictadura religiosa" es Irán, donde se utiliza la Sharia (normas islámicas) como código legal del país y los imanes tienen una fuerte influencia sobre las decisiones que toma el Gobierno del actual presidente Ahmadineyah. Otro ejemplo de régimen teocrático es el Vaticano, donde se considera que el Papa es un ministro de Dios en la Tierra y su poder tiene un origen divino, por lo que no se puede discutir ni tampoco recortar con la implantación de una constitución liberal.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral