Javier Melloni
La vida de este peculiar sabio sueco (1688-1772) está dividida en dos partes: una primera dedicada a la investigación científica en campos muy diversos –desde la astronomía, la botánica y la anatomía humana hasta la invención de artilugios mecánicos–, y una segunda etapa, a partir de 1745, en la que una experiencia visionaria cambió por completo su área de interés y se dirigió puramente al ámbito místico. Durante casi treinta años tuvo continuas experiencias y visiones que recogió en ocho volúmenes, Los arcanos celestiales. En ellos presenta una cosmología concebida como diferentes estados evolutivos en la cadena del ser. Tres son las ideas esenciales que van apareciendo continuamente en sus escritos: que el cielo no es un lugar sino un estado, un modo ser de las cosas en el que Dios es todo; que el cielo tiene diversos grados de profundidad o de presencia; y la ley de correspondencias: lo visible está hecho a imagen de lo invisible, y todo tiene su transposición a cada escala. En último término, el Cielo es el Hombre Universal, tal como aparece en otras tradiciones místicas sin contacto ninguno con él.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral