El Ciervo

Ratzinger, ‘da vicino’

03.01.11 | 11:42. Archivado en Espiritualidad
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Joaquim Gomis
Escritor

luzdelmundoJordi Pérez Colomé decía que era mi garganta profunda en el Vaticano. En realidad, solo nos veíamos un par de días al año con motivo de la reunión en Barcelona del consejo de la revista de liturgia Phase. Lo que sí es verdad es que un servidor aprovechaba la ocasión para sonsacarle información y que él con gusto, con cierta pillería de buen valenciano, me la proporcionaba aunque supiera que yo preguntaba pensando en mis artículos (“eso no lo escribas”, decía en alguna ocasión, no sé si muy convencido). Pienso que este intercambio entre él y yo, podría sorprender a quien solo identificara al carmelita Jesús Castellano como uno de los mejores especialistas en liturgia y espiritualidad, autor de obras importantes y muchos años profesor en Roma (decano del Teresianum). Y, además, consultor de varios ministerios de la curia romana, miembro de la comisión organizadora de las celebraciones papales. Consultor sobre todo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que implicaba una muy cercana relación con su jefe, el cardenal Ratzinger.
El bueno de Jesús, porque era una excelente persona a quien un servidor apreciaba entre otras cosas porque siguió tratándome igual y no restringiendo sus confidencias después de mi secularización, murió inesperadamente el año 2006 mientras paseaba por unos jardines romanos cuando le faltaba poco para cumplir 65 años. Perdí a un singular amigo y a mi romana garganta profunda. Aunque llegó a ver como se cumplía la última confidencia –en este caso profecía– que me hizo. Lo recuerdo perfectamente, como si fuera ahora. En otros jardines, en este caso del Seminario de Barcelona, mientras los miembros del consejo de Phase nos dirigíamos a comer a un cercano restaurante gallego, en un aparte le pregunté sobre quien era su candidato para suceder al papa Wojtyla, entonces ya gravemente enfermo. Me sorprendió su respuesta: “Ratzinger”. Me sorprendió porque yo situaba a Jesús en un moderado centroizquierda eclesial y a Ratzinger bastante más a la derecha. Jesús captó mi sorpresa y explicó su apuesta: “Ratzinger gana mucho tratado da vicino (de cerca)”. Cosa que no sucedía –este ganar con el trato cercano– sino todo lo contrario con otros candidatos que figuraban en las quinielas sucesorias.

Ha sido leyendo el nuevo libro entrevista con Benedicto XVI titulado Luz del mundo (Herder) que he recordado las palabras de Jesús Castellano y le he enviado un mensaje reconociendo que tenía razón: Ratzinger gana mucho tratado da vicino. Es la gracia de este libro a cuya lectura he dedicado buena parte del puente de la Constitución-Inmaculada, aun sabiendo que había otras posibilidades más sugestivas. La gracia es descubrir a un Ratzinger con humor, que con frecuencia escoge el camino del matiz, que en ocasiones duda y que no oculta que se siente viejo. Claro que de algún modo se lo han puesto como a Fernando VII, al encargar la entrevista al periodista alemán Peter Seewald, mucho más conservador que el Papa. Ello facilita que responda con frecuencia matizando la dureza de Seewald, mostrándose más abierto, también más optimista. Todo ello en un libro que no debería figurar como autor Benedicto XVI sino Joseph Ratzinger. Porque en la mayoría de sus respuestas uno cree hallar más al profesor –él mismo confiesa que pensaba que su vocación, su carisma, era ser profesor– que no al Papa (“no estoy hecho para ser el primero y para llevar la responsabilidad por el conjunto”).
Y si responde como Papa, lo hace reconociendo que “el Papa puede tener opiniones privadas erróneas”. Es algo que todos sabemos, que afirma la doctrina católica más ortodoxa, la infabilidad –lo recuerda Ratzinger– es algo para ocasiones excepcionales que apenas se dan (la gran mayoría de papas nunca han pretendido pronunciar una declaración infalible), pero que paradójicamente dentro y fuera de la Iglesia se considera como si fuera una pretensión habitual. Por eso da gusto leer respuestas que se sitúan plenamente en el terreno de lo opinable, de lo personal, como puede hablar cualquiera que no sea papa. Si Ratzinger opina que en la cultura moderna hay un exceso de relativismo, alegra ver que también puede haberlo en la Iglesia. Y leer las respuestas de Benito XVI sin ninguna necesidad –aunque uno se considere católico– de prestar obligado acatamiento.
Porque, por ejemplo, puede resultar que Ratzinger coincida con lo que luego, ahora, se presentan como revelaciones debidas a Wikileaks sobre el Vaticano. Las leí ayer en la prensa, las había leído unos días antes en el libro-entrevista. Al comentar varias situaciones conflictivas recientes por actuaciones suyas, como en el caso de la anulación de la excomunión a varios obispos lefebvrianos, reconoce los fallos de comunicación de la Santa Sede. Cuando habla de lo sucedido con unos de ellos, el obispo antisemita Williamson, reconoce sin tapujos: “Lamentablemente, ninguno de nosotros había hecho una búsqueda en internet, enterándose así de quién se trataba”. Y si los papeles de Wikileaks hablan de una burocracia vaticana anquilosada, ineficiente, la opinión del papa parece más radical. No, explicablemente, él no lo dice concretando en la curia romana, pero sí más amplia y contundentemente: “La burocracia está desgastada y cansada”. La Iglesia, dice, no debe concebirse básicamente como institución, como un aparato, sino como un organismo vivo que proviene de Cristo.

Quedaría examinar lo que en esta dice sobre su mayor preocupación: la relación entre cristianismo y modernidad, entre fe y razón. Me divierte esta afirmación: “Pienso que, ya que Dios ha hecho Papa a un profesor, quería que este aspecto de la reflexividad alemana, y en especial la lucha por la unidad de fe y razón, pasaran al primer plano”. Esta página no ofrece mayor espacio más allá de dos observaciones. La primera es que Ratzinger me ha parecido ahora más positivo sobre la modernidad, reconociendo que incluye grandes valores morales que en buena parte ha recibido del cristianismo. La segunda, que insiste más en la necesidad que los cristianos sepan comunicar traduciendo las grandes palabras, buscando nuevas formas de expresión.
Como coda anecdótica algo sobre la famosa cuestión de los preservativos. Lo sorprendente es que más allá del párrafo tan citado sobre “un prostituido”, poco antes hay una afirmación mucho más contundente que no he visto citada. Refiriéndose a la acción de la Iglesia en África, dice: “La realidad es que, siempre que alguien lo requiere, se tienen preservativos a disposición”. Es un ejemplo más de que el papa Ratzinger tiene poca suerte con los medios. Es también una ocasión, aunque uno no se considere ratzingeriano, para sentirse más cercano, más vicino, a quien explica que “noto que mis fuerzas decaen”.


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