Jordi Llisterri
Director de la revista foc nou y del portal catalunyareligio.cat
Es deformación profesional pero siempre critico lo mismo. Instituciones que organizan multitud de actos, seminarios, conferencias, retiros, y se esmeran en elegir al ponente, preparar la sala, los micros, la botellita y el vaso, la servilleta, el sobre con la gratificación. Pero nunca piensan en la difusión. Que venga gente, sí. Cien son un éxito. El día que vinieron doscientos lo recordamos durante años. Cuarenta, lo habitual. La quincena, el fracaso y la disculpa al conferenciante: “Ha sido un mal día”; “Había fútbol”; “Llovía”. Lo que critico es que hay que pensar otra cosa. Como hacer salir de la sala una o dos ideas interesantes de lo que ha dicho el conferenciante, o de lo que se ha debatido en la jornada. Ya sabemos que no seremos titular de ninguna portada, pero hay redes sociales o boletines en papel que a lo mejor llegan a diez o veinte veces al aforo de nuestro salón de actos. No pensamos nunca en ellos, en los que no vienen.
Viene a cuento el tema porque con el Papa pasa un poco lo mismo. No entro en cuestiones eclesiológicas sobre el papel del primado. Me quedo en la foto. Nos guste o no el espectáculo, la presencia del Papa nos permite visualizarnos fuera de las salas en las que realizamos nuestros encuentros y debates, de la iglesias en las que celebramos, o de la caridad anónima que practicamos. El ejemplo más reciente es la visita la obra del Nen Déu, dedicada a las familias de niños con graves discapacidades. ¿Las monjas franciscanas que lo regentan lo hacen para que se les vea? Pero, ¿no es importante de vez en cuando que se las vea? O, mejor dicho, se nos vea. De la misma forma la celebración en la Sagrada Familia. En Cataluña, nunca tanta gente había seguido un misa –¡de tres horas!– por televisión. También hacía años que no nos preguntaban tantas cosas a los periodistas que tratamos temas religiosos y que teníamos la oportunidad de explicarlas fuera de nuestros ambientes.
Es más que evidente que si cuando el Papa se va no queda nada, el espectáculo carece de sentido. Igual que tampoco generará conversiones en masa ver una misa por televisión. Pero ahí queda. Para los que no vienen y quizá nunca vendrán. Pero habrán visto que alguien hay allí y que podrá encontrarnos si un día nos buscan. Porqué con o sin la visita del papa continuaremos allí. Con nuestra botellita de agua, la servilleta, y las cuarenta almas caritativas que tienen humor para asistir a una conferencia un martes a las siete de la tarde.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral