Jordi Maluquer
Crítico musical
Para cualquier país con tradición católica es importante recibir la visita del obispo de Roma. Es rememorar la entrada de Jesús en Jerusalén sobre un jumento. Lo recibieron con palmas y ramos de olivo y aclamado como “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Precisamente el que ha venido adoptó el nombre de Benedicto.
Mayormente en su última visita fue así, pero los tiempos han cambiado y el jumento se sustituyó por un no muy litúrgico papamóvil y en medio de banderas y cantos se deslizaron algunas pancartas y críticas. En este caso la ocasión merecía la visita: en Barcelona se abría al culto la nave principal de uno de los templos más visitados del mundo que obliga simbólicamente a todos los visitantes a mirar al cielo siguiendo el remate de sus altas torres.
En nuestro siglo hemos tenido la suerte de tener buenos papas. Pienso lo duro que debía ser para la fe el tiempo de papas con poder militar o costumbres disolutas. Uno hubiera deseado una visita modesta, asequible, a pie, como cuando Dom Helder –papable en el corazón de tantos– nos visitaba. Pero la ceremonia invadió la iglesia como ha invadido el mundo –jueces ingleses, monarcas, doctores honoris causa– que si bien permite espectáculo pone en cambio distancia al personaje. Algo empero de doméstico tuvo cuando pernoctó en el austero palacio episcopal y salió a iluminar un balcón siempre cerrado de la plaza de la Catedral. En sus preparativos, en su acompañamiento, tuvo la virtud de dar a conocer al buen obispo local que le acompañaba y también, a través de la televisión, de proyectar al mundo las bellas imágenes de un templo construido por un iluminado, por un hombre de fe.
Siempre los papas parecen hablar y pensar a una cierta distancia de la vida real. En este caso su mensaje final se redondeó y habló en positivo: nada de “noes”, respeto a la vida, adhesión a la familia. La aplicación de esos preceptos dejada a la conciencia o al valor de cada uno. Si ese cambio se confirma, algo se habrá ganado. Para los catalanes cuando habló en nuestra lengua nos hizo sentir reconocidos y tal vez dejó a los hombres lejanos, a la historia futura, trazas de nuestra existencia.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral