Andrés Torres Queiruga
Profesor de filosofía de la religión en la Universidad de Santiago de Compostela
Dada la situación actual, determinada por una grave herencia histórica, un viaje papal no puede evitar fuertes ambigüedades. Indica brevemente algunas consideraciones.
En la presencia pública: viaja como pastor y como jefe de estado. Los gobiernos se ven obligados a recibirlo como tal. Mientras siga así, difícilmente habrá salida aceptable.
Creo que ayudará el mismo hecho de la multiplicación de los viajes. De hecho, cada vez son más “normales” para la gente: se nota en la asistencia y en el enfriamiento de la exaltación. El proceso cultural empuja en esa dirección. Creo que el resultado será que el papa acabará viajando sólo como pastor y eso hará más auténticos y fructíferos sus viajes.
Dada la doble audiencia que inevitablemente tienen sus mensajes, habrá que distinguir con cuidado los siguientes aspectos.
El mensaje para los creyentes: ahí los viajes tendrán siempre su rol propio, viniendo como testigo de la unidad de la fe en un mundo global y celoso de las identidades. El desafío está en la superación del verticalismo excesivo. Deberá ser ocasión no sólo de hablar, sino también de escuchar y entrar en contacto (más) con la vida y grupos de las iglesias.
Los obispos no aparecerán –perdónese la expresión– como simples monaguillos sino como copastores con él. Los fieles dejarán de ser masa anónima y pasiva, para además de escuchar encontrar cauces de comunicación que haga efectivo el sensus fidelium. Las mujeres dejarán de ser invisibles y se notará la urgencia de su normalización no discriminatoria en la iglesia. Las distintas visitas podrán convertirse en ocasión para hacerse efectiva la pluralidad real y se activará una verdadera y vivificante circulación de la vida eclesial.
El mensaje abierto a todos: la segunda audiencia es general, pues como representante máximo de una rica tradición de sabiduría humana es lógico que, buscando el bien de todos, el Papa se manifieste sobre temas generales; y que incluso oriente la responsabilidad pública de los fieles hacia la que parece la dirección más coherente con el Evangelio.
Pero aquí deberá reconocer y respetar con la Gaudium et Spes la legítima autonomía de esas cuestiones. Por un lado, ejerciendo su derecho inalienable a manifestarse, sin consentir ni en la invisibilidad pública del factor religioso ni en que la religión quede recluída en la sacristía. Por otro, teniendo en cuenta que ahí las razones, aunque contacten con lo religioso, no son específicamente religiosas y que por tanto valdrán lo que valgan por su fuerza de convicción racional. En consecuencia, deberá aceptar el diálogo y reconocer la existencia de un pluralismo razonado y responsable, incluso entre los fieles.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral