Verónica Vives
Doctoranda de filología hebrea
Navidad es para los judíos como Janucá para los cristianos. La comunidad judía no tiene Navidad. En sociedades donde el modelo imperante es el monocultural, es frecuente realizar este tipo de identificaciones. Personas ajenas al judaísmo intentan sinonimizar una iglesia a una sinagoga, un cura a un rabino, la Semana Santa a Pésaj, la Biblia católica a la Biblia judía. La influencia que el judaísmo ha tenido en el mundo cristiano es indiscutible, pero evidentemente no identificable.
La fiesta de Janucá se celebra en el mes hebreo de Kislev, habitualmente en diciembre. Se recuerda la reinauguración del Templo de Jerusalén, después de la profanación de Antíoco Epífanes. Esta festividad se celebra en ocho días, y en cada uno de ellos se enciende una vela del candelabro. En países con pluralidad religiosa como Estados Unidos, es común ver pasacalles felicitando a ambos colectivos religiosos: Merry Christmas y Happy Hanukkah. En Nueva York, los vistosos árboles navideños pueden contemplarse con los grandes candelabros de Janucá, que se encienden en lugares públicos. En cambio, en Barcelona, mientras el pesebre de Navidad está en la céntrica plaza Sant Jaume, el candelabro de Janucá se halla en un lugar poco visible.
Intentar identificar festividades de otras religiones con la reinante, demuestra lo distante que estamos de una sociedad pluralista religiosamente. De la pluralidad aprendemos que las religiones minoritarias no son identificables con el modelo mayoritario. A pesar de que todos nos definimos como plurales y tolerantes, esta no es aún la realidad.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral