El Ciervo

Raimon Panikkar (I): Contra la superficialidad

09.10.10 | 13:31. Archivado en Espiritualidad
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Victorino Pérez Prieto
TEÓLOGO

Raimon era un sabio; no un docto ilustrado, aunque sabía muchos idiomas, había leído miles de libros, escrito varias docenas y conocido miles de lugares y gentes ilustres. Raimon era un sabio porque saboreaba la vida. Por eso entendía el pensamiento como gusto y amor por todo, por toda la realidad en sus mil facetas, hasta las cosas más pequeñas. Solía decir que la filosofía, más que “amor a la sabiduría”, era “sabiduría del amor”.
Nos unía una fuerte amistad, más allá de su magisterio del que tanto aprendí. Raimon valoraba mucho la amistad, como una de las mil dimensiones del amor. Así me lo escribió en una carta: “La amistad es una forma de amar, es una virtud humana, y por tanto cristiana”. “Te recuerdo con mucho cariño”, era una de sus despedidas preferidas, pues los 1.140 kilómetros de distancia entre A Coruña y Tavertet nos impedían vernos con más frecuencia.
Un amigo común, muy buen teólogo, Xabier Pikaza, me había dicho hace muchos años, cuando empecé a trabajar en mi tesis en teología: “Si consigues hacernos comprender el pensamiento de Panikkar, te mereces un grandísimo premio”. Yo me puse a la tarea, humilde, amorosa y esforzadamente; porque su pensamiento no es fácil, y leído superficialmente lleva a conclusiones erróneas, como he visto y escuchado tantas veces.
Raimon sabía de ese esfuerzo, y por eso me escribió con el envío de su prólogo para mi libro de introducción a su itinerario y su pensamiento, publicado por Tirant lo Blanch: “Me has leído profundamente”. Años antes ya me había escrito: “Amo el respeto con que me has tratado”. Y años después, dijo sonriente en una grabación para la presentación en Barcelona de mi libro publicado por Herder: “Victorino me entiende a mí más que yo mismo”. Palabras así, dichas por un hombre de su capacidad intelectual, que ya ha hecho su obra, sólo se pueden decir desde el corazón.
En aquella ocasión repitió algo que ya había dicho otras veces: “La epidemia más grande de este mundo es la superficialidad”. Concluyendo que mi nuevo libro sobre la Trinidad era “el mejor antídoto” contra esa epidemia. En otra ocasión, tras leer un libro mío de extraño título (Contra a síndrome N.N.A. [Non hai Ningunha Alternativa]. Unha aposta pola esperanza), me escribió: “Mi lema a ‘otro mundo es posible’, ha sido ‘este mundo es imposible’”. ¿Quien dijo que Raimon Panikkar era un pensador de la estratosfera, que no pisaba el mundo real de cada día?

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Miriam 13.10.10 | 01:24

    Raimon Panikkar rebosaba sabiduría, amor y, lo que no se dice tan a menudo, verdadera humildad. El mismo alcance de su inteligencia espiritual y humana le mantenía en una abertura de espíritu que le mantenía en una fragilidad humilde, natural,abierta a seguir descubriendo vida y plenitud allí donde otros no veríamos más que poco o nada.
    hay que leerle con el mismo espíritu de infancia, que todo lo acoge confiadamente y goza en descubrir los secretos de lo pequeño igual que de lo grande, porque el niño no hace distinciones duales, sino que contempla un universo pleno e ilimitado.
    Raimon fue siempre un niño despierto. conservó siempre su capacidad de maravillarse, su capacidad de gozar y sufrir, de vivir en profunda comunión y libertad interior.
    Y fue Un verdadero cristiano, hasta la médula, por eso mismo capaz de comprender, amar, acoger todo, contemplar a cristo en todo, sin modificarlo, simplemente contemplando su Realidad verdadera.
    Personas como él nos reco...

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