El Ciervo

Marruecos, la religión y el burka

03.08.10 | 14:42. Archivado en Iglesia
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Jordi Pérez Colomé

Marruecos es un país en progresión económica. Otras de sus principales características son el papel de la religión y algunas costumbres sociales conservadoras. Esta combinación entre progreso económico y vida tradicional hace quizá que se parezca un poco a la España de hace medio siglo. Jordi Pérez Colomé ha estado allí y nos cuenta algunos detalles.

El autobús sale a las 11.30. El vendedor a quien el día antes le compré el billete me ha convocado a las 11.15; me lo escribe incluso detrás del papelito para que me entere bien. Llego con calma a las 11.12 y busco la puerta 7, donde debe estar el autocar que va de Marrakech a Essaouira. En el centro de la estación veo un bus repleto, con gente en los pasillos. Es temprano, espero que no sea el mío. En el 7 no hay nada, pero desde el centro ya me gritan: “¿Essaouira, Essaouira?” Es el mío.
Me hacen pagar 10 dirhams -1 euro- por dejar la bolsa en el maletero del bus (creo que es el primer país en el que pago por el equipaje en un autocar). Subo y todos miran con atención a ver cómo busco un lugar libre. Los dos o tres que hay tienen bolsas encima; están reservados. Pregunto y todos se hacen los despistados. Al final, un señor quita una mochila y me deja sentar. Él discute con un empleado, de pie. Al momento el autocar sale. No son aún las 11.30 pero ya está lleno. El señor que me ha dejado su asiento se ha sentado en el suelo. Imagino que habrá pagado menos.
A mi lado hay otro hombre. Tiene 59 años pero aparenta 70. Está a punto de jubilarse de su trabajo en un departamento agrícola estatal, con casi el cien por cien del sueldo. Me pregunta qué voy a hacer a Essaouira. Él va a ver a su hijo, que trabaja allí de policía. Essaouira es un pueblo de pescadores en la costa.
Al otro lado del pasillo viaja un hombre con chilaba y barba sin bigote. A pesar de que suena música en el autocar, escucha un pequeño transitor que parece que emite salmodias, que repite en voz baja. Toquetea también un rosario. Le pido a mi amigo si es un imán: “No, no, es una persona religiosa”. Tiene toda la pinta. Le pido si en Marruecos son muy religiosos:
–Hay que ser religiosos –me dice. Porque si no cuando esta vida se termina vas a acabar mal.
Me lo dice con cara de candidez. Pongo el pie en el asiento del que reza y sin querer le piso la chilaba. Se da cuenta, se gira rápido pero no me pilla. He quitado el pie. Pero se sacude su túnica negra con fuerza y mira mis pies con rabia. A mi lado, mi amigo me sonríe ligeramente. Diría que aprueba mi travesura imprevista.
La religión en Marruecos es más visible que en Occidente. Hombres como éste quieren presumir con su vestimenta de que son más religiosos que los demás. La chilaba, la barba, el pelo corto y el gorrito son pequeñas muestras de que viven más acorde con las normas musulmanas de no llevar apreturas ni nada que destaque.
Es habitual aquí ver gente que reza en la calle o en algún rincón de un edificio público. Hay cinco oraciones al día, repartidas desde el alba a las 4 o 5 hasta la noche hacia las 10. Quien no puede llegar a la mezquita, lo hace en la calle o donde le pille. Evidentemente no todos cumplen a diario con este precepto.
Todo esto significa, claro, que la religión tiene un papel importante en el país. En Casablanca fui a la enorme mezquita Hassan II, acabada de construir en los años 90. Es como una catedral. Probablemente el islam sea la única religión del mundo capaz de construir aún monumentos que atraigan turistas. Algunas sectas protestantes americanas han construido edificios enormes para albergar sus megaiglesias, pero no son un reclamo para visitantes.
En la visita a la mezquita, el guía no paraba de decirnos cuántos miles de toneladas pesaban los artilugios que había allí: las puertas, el techo deslizante, las lámparas, las columnas. También le gustaba describir los materiales que venían de Carrara, Italia, o absorbían la humedad. “Esto es una segunda Meca”, concluyó. Al final, pidió una propina.

Las parejas hablan y no se tocan

Este papel decisivo de la religión se mezcla de manera confusa con otros aspectos tradicionales que perjudican el desarrollo social. Eso no implica que la economía no mejore; el año pasado subió casi un 5 por ciento. Pero, por ejemplo, Marruecos es una sociedad globalmente machista; pero la religión no tiene toda la culpa. Las mujeres son por tanto uno de los grupos más perjudicados. En la calle, en los cafés marroquíes, hay pocas mujeres. En todas mis relaciones con marroquíes en restaurantes, hoteles, tiendas o taquillas de estaciones apenas tuve que hablar con mujeres. Es verdad que en los pueblos esta situación es más evidente que en las ciudades, pero en todas partes es sorprendente.
El último día de mi viaje me alojé en un riad –una casa tradicional– de Marrakech. El propietario era francés y lo regentaba una francesa. Mientras desayunaba, empecé a hablar con ella. Una chica marroquí le echa una mano. Mientras hablábamos se detuvo y se añadió a la charla. “Está buscando novio”, dijo la francesa. El modo en que se busca pareja es curioso. Se empieza con miradas y luego se habla. Se habla mucho. En el paseo marítimo de Casablanca vi a montones de parejas que hablaban con recato. Imagino que unos ya habían pasado a etapas superiores, mientras que otros sólo se conocían y se hacían grandes promesas.
La chica del hotel acababa de romper una de estas relaciones de charla. El chico le decía que sí, que quería casarse –la palabra mágica–, pero se negaba a conocer a sus futuros suegros. Eso hubiera oficilizado el compromiso y la pareja podría haber pasado a palabras mayores, aunque no a hechos. Eso sólo ocurre –no en todos los casos, claro– después de la boda. Por tanto, se habían separado. La chica buscaba de nuevo.
Una vez se ha conseguido un novio formal, las dificultades de verdad pueden venir después del matrimonio. Es probable que el marido pida a la mujer que deje de trabajar –si lo hacía antes– y se quede en casa de la madre de él. “Es como si la familia del marido contratara a una mujer de la limpieza”, dice mi chica del hotel. Ella no quiere ir a vivir a casa de sus suegros. Intentará que junto a su marido alquilen una casa y ella seguir trabajando. Eso es lo que quiere, pero no lo tendrá fácil para encontrar a un chico así, “avanzado”, según dice.

Por qué se cubren las mujeres

Sin que muchas cosas estén escritas en ningún sitio, el hombre tiene en Marruecos muchos más derechos adquiridos que las mujeres: una mujer debe llegar virgen al matrimonio, una mujer casada no puede decir que no al marido bajo riesgo de repudio y a menudo debe ir cubierta por la calle. Su cuerpo debe ser sólo para los ojos del marido. En Marruecos el tipo de velo predominante es el hiyab, que cubre pelo y cuello. Hay muchas mujeres que no llevan nada y visten como las occidentales, pero son minoría y viven en los barrios más urbanos de las ciudades. Las mujeres que no se cubren son menos respetadas por los hombres. En cierto modo, se entiende que no hay un padre o un marido que las vigile y las haga ir cubiertas, con lo que están más a disposición de las miradas y piropos del resto. El acoso sexual es un problema grave en Marruecos. Según una ong que se preocupa de estos asuntos, un tercio de mujeres lo ha sufrido.
Según la chica del hotel, “a menudo cuanto más cubierta va una mujer más respetada es”. A pesar de esto, no vi ningún burka y pocos niqabs en mis días allí. El país donde su uso está más extendido es Afganistán. Ni tan siquiera en Arabia Saudí son comunes. El objetivo de estas prendas es esconder los encantos femeninos, alejar la tentación del hombre. Hasta ahí sería religión. Ningún texto sagrado especificia sin embargo qué tipo de vestimenta debe ponerse una mujer.
¿Qué sentido tiene prohibir las burkas y niqabs en España? No son un signo específicamente religioso. La chica del hotel lleva sólo el pelo cubierto con un pañuelo y reza cinco veces al día: es tanto o más piadosa que otras mujeres que vayan cubiertas de pies a cabeza. ¿Es un signo de opresión femenina? Es probable. Es dudoso sin embargo que estas tradiciones se cambien por ley. La reacción del marido o padre ante la prohibición será evitar que la mujer salga de casa. Estará aún más en sus manos. Por extraño que parezca, la mejor solución para este tipo de tradiciones extrañas es que desaparezcan de muerte natural.
El progreso en las sociedades musulmanas más avanzadas vendrá de la mano en parte de las mujeres, de chicas como la del hotel, que conoce al dedillo las tradiciones de su país, respeta algunas y se siente oprimida por otras. Es probable que su hija sea más libre que ella. Su esfuerzo por salir de casa, por no plegarse a la voluntad de su familia política hará que cada vez más hombres entiendan que ellos también tienen mucho que ganar de una sociedad menos encorsetada.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por carbonato 14.08.10 | 17:19

    ABC (Madrid) - 27/02/1975, p. 41 - ABC.es Hemeroteca
    27 Feb 1975 ... Condenada por adulterio Pontevedra 26. María Cristina Pérez de Diego, vecina de Vigo, ha sido condenada a la pena de dos años de prisión ... Delito de adulterio? en Europa, en 1975, sólo en España
    hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/.../madrid/.../041.html - En caché

  • Comentario por jalon 05.08.10 | 11:58

    Vamos a simplificar las cosas: inculcar ideologías a los niños sin el consentimiento de sus padres es un acto grave y nefasto (Porque entre sus frutos además de aprovechar de la inocencia de los menores, rompe las relaciones que debe ser fuerte con sus familias) Además de que estos Curas aprovechas de la necesidad de las familias (es como a costa de darte de comer me tienes que dejar inculcarte). Si es verdad que lo que pretenden es ayudar a esa gente (que no es el caso) pobre pues que lo hagan sin cambio y si quieren predicar que lo hagan en sus iglesias con los adultos. En Marruecos hay iglesias. Tan sencilla es la verdad.

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