Rosario Bofill
El burka es una vestimenta propia de algunos países de tradición islámica. A nosotros nos sorprende, no lo entendemos en absoluto, e incluso, hay quien considera que es denigrante y va contra la dignidad de la mujer. (Sobre este tema de la dignidad se podría hablar largo y tendido al ver algunas vestimentas de las mujeres europeas, o leer los anuncios que se publican en los periódicos para atraer la atención de los hombres.)
En cuanto que tras el burka se pueda atentar contra la seguridad ciudadana, no he leído –porque creo que aquí no ha ocurrido– que escondida tras el burka alguna mujer o algún hombre haya realizado un acto de terrorismo o de coacción.
Empezaron a prohibirla algunos ayuntamientos catalanes. No me parece una cuestión urgente ni respetuosa con la convivencia, que esa sí que es absolutamente necesaria. Admito que en lugares públicos pueda obligarse a las mujeres musulmanas que entren sin burka (también nos controlan al entrar en los aviones, en los edificios oficiales). Pero de ahí a prohibirles que lo usen en la calle, me parece que va una gran diferencia.
Enojar ahora a las mujeres musulmanas prohibiéndoles una costumbre o tradición que viene de su religión no creo que ayude a una buena convivencia. Las cosas funcionan mejor despacio, con respeto y si puede ser con el convencimiento de las interesadas a las que no debe ser fácil vivir en una comunidad como la nuestra, tan distinta de la suya.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral