Lluís Pastor
No es sólo un problema de género, aunque a primera vista lo parece. Cuando una mujer cubre todo su cuerpo hasta ser irreconocible lo que está eliminando es su identidad, no sólo su género.
Que una mujer cubra su pelo y deje a la vista el rostro sí que puede comprenderse como la eliminación de ciertos elementos de seducción. Es lo que sucede con el hiyab, que cubre pelo y cuello. Es lo mismo que hacen nuestras monjas: desaparecer del mercado de la atracción sexual. No creo que esta práctica discrimine a nadie.
El uso del burka o del nikab es diferente. Las mujeres que los usan cubren todo su cuerpo y apenas muestran sus ojos. Las autoridades están planteando prohibir el uso de burkas y nikab amparadas en el principio de la identificación. El argumento resulta válido porque se basa en hechos objetivos pero resulta insuficiente para desarrollar una reflexión amplia.
Mi punto de vista es que hay que prohibir el uso del burka y del nikab porque anula la identidad social de las personas que los usan. Posiblemente esta anulación se ve agravada por presiones (a veces autoinflingidas) de carácter machista. Pero no quiero entrar en esta derivada, puesto que entiendo que la anulación de la identidad de la persona resulta un argumento más general. Las personas que usan burkas y nikab anulan su identidad social. Les roban su identidad hasta hacerlas irreconocibles. La identidad es el principio sobre el que construimos el diálogo. Sólo puede haber diálogo si podemos identificar a nuestro interlocutor. A su vez, el diálogo es la base de la cultura democrática.
Desde la izquierda también se pueden defender prohibiciones sobre elementos que deterioran los valores fundamentales sobre los que se construye nuestra democracia.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral