Margarita Benedicto
Sinceramente, no puedo entender este debate, ni su necesidad, ni su oportunidad, ni mucho menos su prioridad, en una sociedad como la española en la que la presencia por las calles del burka o del niqab es nula, si no es como un síntoma de una islamofobia que los partidos políticos enarbolan pensando en un rédito electoral. Desgraciadamente quizá no se equivoquen. Está muy extendido entre nosotros el desprecio, la incapacidad para ponerse en lugar de los demás, la superioridad moral de nuevos ricos que han olvidado que no hace tantos años, las españolas del mundo rural andaban muchas veces cubiertas de espesos lutos.
Como mujer, como profesional, como feminista estoy radicalmente en contra de esas prendas femeninas que encarcelan, pero desconfío también radicalmente de los nuevos defensores que a las mujeres nos han salido por aquí y por allá. Me parece mucho más amistoso y eficaz, acompañar suavemente a las mujeres musulmanas a desembarazarse de esas y otras ataduras, desde el respeto. Fomentar la inclusión es muchas veces difícil por los espesos muros que levanta la diferencia cultural, pero hay que intentarlo, porque nos estamos jugando la convivencia en la sociedad española del futuro. Bien está que se cumpla la ley que está en vigor (¿qué prohíbe entrar en un banco con la cara tapada y las manos en los sobacos?), pero crear leyes ad hoc en las que calzan como un guante los extranjeros, tiene un tufillo francamente sospechoso
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral