Javier Melloni
Esta mujer renana (1098-1179) fue abadesa de dos monasterios benedictinos y fue consultada como oráculo por los diversos estamentos de su época: por papas y reyes, santos y nobles, abades y clérigos y también por el pueblo sencillo. Fue autora de tratados de las más diversas materias: música, botánica, remedios para enfermedades. Entre su obra prolífica, una de las más significativa es Scivias, “Conoce los caminos”, un libro de visiones y revelaciones que escribió a lo largo de una década a partir de las experiencias que tuvo a sus cuarenta y tantos años. Ella misma dice que “desde mi infancia, desde los cinco años, hasta el presente [53 años], he sentido prodigiosamente en mí la fuerza y el misterio de las visiones secretas y admirables, y las siento todavía”. Escribió en latín e intentó unificar palabra, imagen y ritmos del lenguaje en una escritura llena de evocaciones bíblicas, con un estilo poderoso y enigmático lleno de reverberaciones. La obra contiene 26 visiones y el modo de presentarlas es siempre el mismo: primero describe la visión y luego da la interpretación, enriqueciéndola con textos bíblicos.
Joaquim Gomis
Como siempre, cuando en la redacción me dicen que toca escribir este Diario, en el bus, al volver hacia mi pueblo, pienso en el gran problema: ¿sobre qué escribiré? (Lo mismo dice, también cada mes, mi cuñada y directora: “No tengo tema, el problema es encontrar tema, luego ya todo es más fácil”.) Suerte que María –Marieta–, la joven pacífica y poética responsable del día a día de la redacción, me dice que se trata del número de julio-agosto, es decir, que me ahorro un artículo. No sé si por ser ella joven poeta, en el bus me viene a la supuesta memoria un verso de Lorenzo sobre el sol, el verano. Y se me ocurre que podría hablar del verano. No sé si decepcionaré al lector, siempre digno de respeto, aunque me sea desconocido, como el autor ignoto de un e-mail que me acaba de llegar diciendo que hace cincuenta años que me leía y que “ahora que te encuentro en internet brinco de alegría al ver que sigues pensando con la misma sensatez de siempre: ortodoxo pero a medias”. Elogio excesivo, sin duda, pero bueno es que alguien brinque de alegría. Sea como sea, este mes, tiempo de paréntesis, me gustaría hablar del verano.
Lucía Montobbio
¿Qué es lo que se pretende con la prohibición legislativa del burka? Sobre todo mayor seguridad, evitar indumentarias que impidan la identificación de la persona. El debate, sin embargo, trasciende a otro nivel. No se habla tanto de seguridad como de desacuerdo con el significado que se esconde detrás del atuendo: la sumisión de la mujer. A veces aceptada por ella misma, otras impuesta por el hombre.
Rosario Bofill
El burka es una vestimenta propia de algunos países de tradición islámica. A nosotros nos sorprende, no lo entendemos en absoluto, e incluso, hay quien considera que es denigrante y va contra la dignidad de la mujer. (Sobre este tema de la dignidad se podría hablar largo y tendido al ver algunas vestimentas de las mujeres europeas, o leer los anuncios que se publican en los periódicos para atraer la atención de los hombres.)
En cuanto que tras el burka se pueda atentar contra la seguridad ciudadana, no he leído –porque creo que aquí no ha ocurrido– que escondida tras el burka alguna mujer o algún hombre haya realizado un acto de terrorismo o de coacción.
Lluís Pastor
No es sólo un problema de género, aunque a primera vista lo parece. Cuando una mujer cubre todo su cuerpo hasta ser irreconocible lo que está eliminando es su identidad, no sólo su género.
Que una mujer cubra su pelo y deje a la vista el rostro sí que puede comprenderse como la eliminación de ciertos elementos de seducción. Es lo que sucede con el hiyab, que cubre pelo y cuello. Es lo mismo que hacen nuestras monjas: desaparecer del mercado de la atracción sexual. No creo que esta práctica discrimine a nadie.
Margarita Benedicto
Sinceramente, no puedo entender este debate, ni su necesidad, ni su oportunidad, ni mucho menos su prioridad, en una sociedad como la española en la que la presencia por las calles del burka o del niqab es nula, si no es como un síntoma de una islamofobia que los partidos políticos enarbolan pensando en un rédito electoral. Desgraciadamente quizá no se equivoquen. Está muy extendido entre nosotros el desprecio, la incapacidad para ponerse en lugar de los demás, la superioridad moral de nuevos ricos que han olvidado que no hace tantos años, las españolas del mundo rural andaban muchas veces cubiertas de espesos lutos.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral