Carlos Eymar
Hace unos meses, el Museo del Prado consiguió traer del Louvre, como obra invitada, la Magdalena penitente, de Georges Latour, una auténtica obra maestra. En ella se deja traslucir la sensibilidad religiosa de su autor, impregnada de una muy personal espiritualidad de la llama. Al poco de concluir aquella breve y memorable exposición de un único cuadro, el museo Thyssen y Cajamadrid montaban otra que, bajo el sugerente título de “Lágrimas de Eros”, continúa exhibiéndose. Una sala de esta última exposición, integrada por cinco cuadros y dos esculturas, está asimismo consagrada a Magdalena penitente. La coincidencia en poco tiempo de un mismo tema pictórico en dos exposiciones, no es sino una confirmación de la enorme atracción que, a lo largo de los siglos, ha ejercido y sigue ejerciendo la figura de María Magdalena. Así lo atestigua también el reciente libro de Isabelle Renaud-Chamska que, con el título de Marie Madeleine en tous ses états (Cerf), analiza el modo en que las artes y las letras han venido abordando su figura desde el siglo iv al xxi.
Josep Maria Margenat
Éste es uno de aquellos artículos que sólo debieran leer quienes no estén de acuerdo con el título. En nuestro país el catolicismo ha estado impregnado de conservadurismo no sólo político, sino también social, cultural, en fin, mental. Nuestro catolicismo ha sido conservador a fuer de antiliberal. Ocurre, sin embargo, algo que distorsiona un tanto la imagen y, por supuesto, la autopercepción que muchos católicos tienen de su papel social. Es frecuente que muchos subrayen el fuerte compromiso social de la Iglesia a favor de los más pobres en la primera mitad del siglo xx (aunque ese catolicismo social fue débil, desigual y frecuentemente paternalista); hoy puede reconocerse el compromiso social católico con esos mismos colectivos, a los que habría que añadir las nuevas formas de pobreza urbana y juvenil, además del ingente esfuerzo de la Iglesia por los pueblos del tercer mundo.
Julián Ruiz Díaz
En su novela ‘Caín’, José Saramago hace un retrato de Dios a través de pasajes de la Biblia. La imagen que surge, según el profesor Ruiz Díaz, es un ‘esperpento de mala condición’. Si Dios fuera sólo eso, el ateísmo sería lo más razonable. Pero ese Dios caprichoso e irracional, para Ruiz Díaz, ‘no puede existir’ y su uso en textos de tanto calado como éste debe ser puesto en cuarentena: nadie puede creer en un Dios así. Hay que agradacerle a Saramago que denuncie esa imagen, pero no que la identifique con el Dios cristiano.
Javier Melloni
Este hombre singular (1712-1778) estuvo distanciado de los convencionalismos de su entorno, tanto de la religiosidad oficial como de la irreligiosidad no menos oficial de los intelectuales de su tiempo. Nostálgico del orden genuino y espontáneo de las cosas del que el ser humano se ha separado construyendo un mundo artificial, abogó por el retorno a las leyes de la naturaleza. Dos de sus más célebres expresiones son: “El hombre nace libre pero por todas partes está encadenado” y “el hombre es bueno por naturaleza”. Lo que es menos conocido es que su producción literaria y sus ideas más fecundas surgieron a partir de una experiencia que ocurrió a sus treinta y siete años, en el verano de 1749.
Roberto Monteforte
Sólo son 44 hectáreas. En la colina a la derecha del Tíber en el corazón de Roma se encuentra el Estado de la Ciudad del Vaticano. Desde 1929 con el concordato y los Pactos lateranenses, revisados en 1984 a la luz del Concilio Vaticano II, se constituyó el estado más pequeño e influyente de la Tierra: la santa sede, el lugar símbolo para centenares de millones de católicos, desde donde el Papa ejecuta su función de guía espiritual para todo el mundo. Allí está la curia romana y sus dicasterios. Lo esencial, se dice, para garantizar autonomía y libertad al pontífice y a la santa sede.
Joaquim Gomis
Fiesole, Pascua de 1963. Juan XXIII ya estaba gravemente enfermo, pero dejaba iniciado el Concilio y acababa de publicar la encíclica más importante del siglo xx, la Pacem in terris. Pero más acá de todo esto, mi recuerdo se sitúa en las escaleras del convento de San Francisco con el impresionante panorama de Florencia delante. Bajo el sol, un cielo suficientemente azul, un agradable aire primaveral. Junto con dos jóvenes curas, terminados los helados, fumaba mi pipa. Pero sobre todo, mi recuerdo es sentirse sumergido en aquel domingo de Pascua en la notable multitud que había subido a Fiesole.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral