William J. O’Malley SJ
SalTerrae , Santander, 2009
El autor cita una frase del psicólogo William James, que resume lo que en cierta manera podría ser, y efectivamente es, el contenido de este libro: “Si el mero hecho de sentirse bien resultara decisivo, la ebriedad seria la experiencia humana más válida”. Tiene razón O’Malley al tratar el tema de este pequeño y sabroso libro de reflexión personal sobre la vida del ser humano, de todos los que tenemos la capacidad de leer y pensar sobre todo aquello que nos está ocurriendo a nosotros y a nuestro alrededor. ¿Y cuál es este tema central del libro? Sin duda, el del sentido de la vida, el de la fe, el de la conducta personal, el de averiguar qué estamos haciendo aquí y porqué.
Con gran poder de concisión, O’Maley nos introduce en la esencia de la realidad humana. Para ello recurre a un aspecto que nos atañe a todos: el de la duda. Desde siempre el hombre se ha cuestionado todo lo que le atañe: las preguntas le envuelven desde que nace. Pero se nos enseñó a dejar de lado estas preguntas dándonos respuestas previas a ellas. Ésta fue –y sigue siendo– una enorme equivocación. Las preguntas debemos respondérnoslas nosotros mismos: nadie puede contestarlas en lugar nuestro. Por eso es tan importante que nos cuestionemos permanentemente por el sentido de la vida, por nuestra existencia, por la existencia de Dios y el mundo.
O’Malley nos acompaña en este recorrido espinoso, pero lo hace acompañándose de una sutil ironía, desde una posición de distanciamiento y desenfado, incluso desde un cierto entusiasmo por la placentera actividad de dudar.
Para quienes no lo hubiesen descubierto por sí mismos, el autor de este libro, muestra al lector el lado más atractivo de nuestra especulación constante. Citando a Tennyson, nos recuerda que “nada de lo que vale la pena probar puede ser probado”, invitándonos a ser sabios y aferrarnos a la “faceta más importante de la duda.” Obviamente, nos está hablando desde una vertiente absolutamente cristiana. Intenta radiografiar qué y cómo es el auténtico cristianismo. El cristiano no debería dudar en ningún momento de su vida: en ese aspecto resulta presuntamente evidente que tiene todos los problemas resueltos. El hecho de que no sea así, hace que uno se culpabilice, que uno se suma en el desconcierto y crea firmemente que anda por un camino equivocado. Pues, no, la duda acompaña siempre al cristiano que no se conforma con creer a ciegas todos los cuentos y leyendas que ha leído o le han contado. Un libro como éste, como “¿Creer hoy?” era del todo necesario en un momento como el que estamos viviendo, de extrema indiferencia social y religiosa o de extremo individualismo. Dice O’Malley que deberíamos poder afirmar: “Ésta no es la fe de mis padres; es mi fe”. Porque “el aprendizaje auténtico (en cuanto opuesto a la memorización) es imposible, a no ser que el que aprende cuestione lo que le cuentan”. La fe no es un saber, un conocimiento, es una aprendizaje que no termina nunca.
Resulta interesante todo lo relacionado con la razón y la ciencia, con el evolucionismo sobre todo. Naturalmente que todo evoluciona, ¿pero esta evolución no es también obra de Dios? Luego propone varias reflexiones magníficas sobre el pecado original. ¿Cómo entender esta verdad religiosa? De muchas maneras, y quizás todas ellas lleven razón, pero en el fondo, ¿no se trata de que los hombres no estamos dispuestos a someternos a Dios ni a confiar en él? No tenemos la suficiente valentía para aceptar nuestra condición de criaturas.
Joan Guasp
Si la homilía es aburrida, la misa es aburrida; y si la misa es aburrida, ser católico es aburrido (P. 138).
Sábado, 18 de febrero
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