Neocolonialismo
Lluís Pastor
La impregnación de nuestras sociedades con inmigrantes de todo el mundo es un giro copernicano. Europa estaba acostumbrada a exportar. Las personas que iban a conquistar el mundo acabaron mandando allí donde fueron e imponiendo leyes, tradiciones y religión. En lo que había sido selva un día los indígenas amanecían con una iglesia.
Hoy es distinto. Se habla de globalización, pero es cierto sólo a medias. Se produce a través de las pantallas. Para que la globalización alcanzara cualquier lugar del mundo haría falta que todas las culturas, religiones y creencias fueran nodos de peso parecido.
Pero no es eso lo que se está produciendo. Los flujos migratorios actuales indican una cosa distinta. Lo que sucede es que culturas que han sido dominadas exportan ahora al mundo occidental todo su sentido. Y Occidente se ve colonizado por unas culturas que en sus metrópolis son impermeables a cualquier cambio.
En los siglos anteriores, Occidente ha colonizado y los pueblos colonizados han podido impregnar sólo residualmente las metrópolis. Ahora la situación es la contraria, el islam está colonizando el mundo occidental en un camino de ida que no permite la vuelta, porque las metrópolis islámicas impiden que otras ideas que no sean las que dimanan de sus leyes islámicas impregnen sus países. Esas metrópolis impiden que surjan las catedrales católicas, del mismo modo que los derechos humanos son tratados con menosprecio. Ese es el neocolonialismo del siglo xxi. Los minaretes son sólo un símbolo. Un símbolo perfecto.
Sábado, 11 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Antonio Espinosa
Ana Bou
Carmen Guaita
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Salvador García Bardón