Síntoma y enfermedad
Fernando Rey
Que el 57,7 por ciento de los suizos rechace la construcción futura de minaretes en las mezquitas me parece una barbaridad, pero el asunto me preocupa más como síntoma de enfermedades más graves. Esta cuestión está relacionada con la petición del presidente francés a los musulmanes de su país de que practiquen su religión de modo discreto. O con la política racista contra los gitanos del presidente italiano. Etcétera. Cabe suponer que en todos estos casos una parte significativa de los pueblos respectivos están de acuerdo con sus líderes. En España no hay una verdadera lucha institucional contra el racismo, la intolerancia y la xenofobia porque se niega el problema. Si no reconocemos la enfermedad, no podemos curarla.
La crisis económica no ayuda. Es curioso que, como ocurrió tras la crisis del 29, en el crack actual Estados Unidos gira hacia la izquierda (el nuevo Roosevelt es Obama) y Europa hacia la derecha. La deriva conservadora, defensiva y de cierre de fronteras no es tan agresiva como entonces, pero un sentimiento predominante es común: el miedo. Miedo a casi todo y miedo específicamente al peor enemigo, lo musulmán. Han vuelto las cruzadas. Los suizos alegaban el miedo a la discreta invasión musulmana. Aunque no es ésa su intención, seguramente, algunos discursos eclesiales que subrayan las raíces cristianas de Europa pueden convertirse en munición ideológica. El mensaje: europeo igual a cristiano, puede ser peligroso. No niego ni desconozco los problemas de la inmigración, pero estoy absolutamente convencido de que el racismo, la xenofobia y la intolerancia no son de ninguna manera la solución, sino que forman parte del problema. Rechazar los minaretes empeora las cosas. El miedo no es el camino.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral