José Ramon Navarro
Periodista
No conocí en profundidad a Enrique Miret. Coincidimos en tres o cuatro actos en Madrid, él como invitado y yo como periodista especializado en información religiosa. Fue en uno de estos momentos en el que me pareció descubrir a un Miret bien distinto al que presentaban los medios de comunicación. Era en una comida organizada por una editorial y acabamos sentados juntos. Apenas hacía unos meses que Benedicto XVI había sido elegido Papa y algunos de los comensales, dirigiéndose a Miret, comenzaron a criticar el carácter “conservador” de Ratzinger. Para su sorpresa, Miret, lejos de sumarse a las críticas, encabezó una defensa del nuevo Papa y reclamó un periodo de gracia.
Me pareció que aquel gesto, más que una mera cortesía, encerraba una inquietud vital. Creí ver a un hombre ya mayor, cansado de liderar disensiones y necesitado de recuperar un espíritu de comunión.
Insisto en que no conocí en profundidad a Miret. Ya nunca más volví a verle y sus declaraciones posteriores me hicieron dudar si aquella había sido una impresión equivocada, pero prefiero seguir pensando que, de alguna forma, fui testigo de un fogonazo de su compleja personalidad.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral