Juan Rubio
Director de Vida Nueva
La biografía de Enrique Miret está atravesada por un profundo amor al diálogo, a la fe que se hace conversación y sale al encuentro de lo diferente, de lo distinto, de lo extraño. La fe que se hace comunicación en la raíz misma del misterio de la Encarnación. Casi un siglo de la historia de España en las páginas escritas por este cristiano que se definía como teólogo porque ponía puentes entre Dios y la cultura moderna.
Me quedo de él con esa pasión por el diálogo, abierta por la Ecclesiam Suam y por Pablo VI y que él tomó como opción preferencial desde los años conciliares. Si en algo quedó patente esa pasión fue en los esfuerzos para no levantar trincheras, para no arremeter con dogmas, sino para proponer siempre la fe a quienes quisieran escucharla. Eran otros tiempos en los que Enrique vivió. Y se marchó con la tristeza en el alma de quien ve puentes derruidos y arrasados por las aguas impetuosas que bajan anegándolo todo, destruyéndolo todo desde una actitud más impositiva que propositiva. Nos dejó la estela de la sonrisa y del diálogo.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral