José Antonio Marina
Filósofo
Leí sus escritos muchos antes de conocerle personalmente. Siempre me interesó la religión como fenómeno cultural que revela parte de la naturaleza humana, y me ha gustado estar al tanto de lo que se hacía en teología. Hace medio siglo era sorprendente que un laico católico se declarara teólogo en un momento en que la aparición de un libro que ahora nos parece tímido –Jalones para una teología del laicado, del padre Congar– hizo temblar muchos solideos. Luego vinieron los sobresaltos de la teología holandesa, que también conocí a través de los escritos de Enrique.
Por fin nos conocimos. Espero que se diera cuenta de cuánto apreciaba su trabajo. Era un ejemplo de “inteligencia bondadosa”, que me ha parecido siempre el colmo de la inteligencia. Fui testigo de su entusiasmo conmovedor hasta el fin de sus días. Hace tres o cuatro años, la editorial Espasa Calpe me propuso que hiciera con Enrique un libro que se titularía: Diálogos sobre Dios. Acepté encantado, porque ese proyecto me permitía disfrutar de su conversación y de su sabiduría. Y, todo hay que decirlo, porque me enorgullecía aparecer junto a él en la portada de un libro conjunto. Tuvimos un par de reuniones –de diálogos– para preparar tan arriesgada y apasionante conversación, pero Enrique cayó enfermo, y el proyecto se truncó. Lo siento por mí y por los lectores. Tendremos que conformarnos con seguir leyéndole.
Lunes, 28 de mayo
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral