José Manuel Vidal
Director de Religión Digital
Coincidía a menudo con Don Enrique (siempre le llamaba así) en congresos, jornadas y programas de radio y televisión, de los que él era un asiduo. En un programa sobre la Iglesia en la televisión vasca, en el que los dos compartimos animada tertulia con el prestigioso teólogo vasco, Javier Vitoria, una persona del público le preguntó: “Los obispos y los sectores más reaccionarios le llaman de todo menos bonito. ¿Cómo se define a sí mismo?”. Al instante, Miret respondió: “Como el marqués de Bradomín, soy feo, católico y sentimental, pero no perverso”.
Y es que en su corazón no cabía la más mínima maldad. Crítico siempre con la Iglesia, pero sin hacer sangre. Por eso, siempre solía definirla como “una institución humano-divina y divino-humana”. Como divina, sin tacha. Como humana, pecadora y semper reformanda. Se sabía de memoria las citas de los padres de la Iglesia, de los teólogos del Siglo de Oro y de los catecismos. Uno de sus legados es precisamente una extraordinaria colección de catecismos de todas las épocas, formatos y tamaños. El catecismo de su vida se resumió en dos palabras: amor y diálogo.
Sábado, 18 de febrero
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa