Carlos Eymar
Filósofo
En un primer momento, Enrique Miret fue para mí un nombre de la revista Triunfo, inevitablemente asociado a la polémica. Recuerdo que, allá por los años sesenta, a propósito de un artículo suyo sobre moral sexual, en un corrillo de la facultad de Filosofía, se desató una fuerte discusión. Los calificativos de hereje, libertino y de infiltrado del Partido Comunista, se alternaban con elogios emitidos por algunos que, para lucirse, lo comparaban con Schleiermacher.
José Ramon Navarro
Periodista
No conocí en profundidad a Enrique Miret. Coincidimos en tres o cuatro actos en Madrid, él como invitado y yo como periodista especializado en información religiosa. Fue en uno de estos momentos en el que me pareció descubrir a un Miret bien distinto al que presentaban los medios de comunicación. Era en una comida organizada por una editorial y acabamos sentados juntos. Apenas hacía unos meses que Benedicto XVI había sido elegido Papa y algunos de los comensales, dirigiéndose a Miret, comenzaron a criticar el carácter “conservador” de Ratzinger. Para su sorpresa, Miret, lejos de sumarse a las críticas, encabezó una defensa del nuevo Papa y reclamó un periodo de gracia.
Juan Rubio
Director de Vida Nueva
La biografía de Enrique Miret está atravesada por un profundo amor al diálogo, a la fe que se hace conversación y sale al encuentro de lo diferente, de lo distinto, de lo extraño. La fe que se hace comunicación en la raíz misma del misterio de la Encarnación. Casi un siglo de la historia de España en las páginas escritas por este cristiano que se definía como teólogo porque ponía puentes entre Dios y la cultura moderna.
José Antonio Marina
Filósofo
Leí sus escritos muchos antes de conocerle personalmente. Siempre me interesó la religión como fenómeno cultural que revela parte de la naturaleza humana, y me ha gustado estar al tanto de lo que se hacía en teología. Hace medio siglo era sorprendente que un laico católico se declarara teólogo en un momento en que la aparición de un libro que ahora nos parece tímido –Jalones para una teología del laicado, del padre Congar– hizo temblar muchos solideos. Luego vinieron los sobresaltos de la teología holandesa, que también conocí a través de los escritos de Enrique.
Enrique Miret Magdalena
Han salido en el telediario unas declaraciones mías sobre este tema batallón dentro de la inquietud religiosa. Son muchos los amigos que me han hablado de estas declaraciones por su actualidad.
Y yo he recordado que en el primitivo cristianismo había muchos sacerdotes casados, tradición que solamente se ha conservado en el rito católico oriental.
José Manuel Vidal
Director de Religión Digital
Coincidía a menudo con Don Enrique (siempre le llamaba así) en congresos, jornadas y programas de radio y televisión, de los que él era un asiduo. En un programa sobre la Iglesia en la televisión vasca, en el que los dos compartimos animada tertulia con el prestigioso teólogo vasco, Javier Vitoria, una persona del público le preguntó: “Los obispos y los sectores más reaccionarios le llaman de todo menos bonito. ¿Cómo se define a sí mismo?”. Al instante, Miret respondió: “Como el marqués de Bradomín, soy feo, católico y sentimental, pero no perverso”.
JOAQUIM GOMIS
Ya que esta página se titula “Diario”, empezaré con un suceso personal. Repasábamos días atrás con mi mujer fotos de mi infancia. Afortunadamente son abundantes y en ellas casi siempre un servidor aparece como un niño risueño, tranquilo, de mirada abierta y feliz. Se ve que me lo pasaba bien, incluso en circunstancias –la guerra, la ausencia entonces de mi padre– que para los demás debían ser difíciles. Y comentó mi mujer: “Se nota que vivías en un ambiente de confianza”.
Jueves, 16 de febrero
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Margallo
Jesús Mauleón
Javier Madrazo Lavín