JAVIER MELLONI - EL RINCÓN DE LA MÍSTICA
Dentro de la tradición de los Padres del Desierto, destaca este monje del siglo VII del monasterio de Santa Catalina del Sinaí. Su obra, Escala del Paraíso, es un escrito exhaustivo y maduro donde se recoge la experiencia y la sabiduría depositadas durante los tres siglos anteriores. En ella presenta la vida espiritual como una escala de treinta escalones, evocando la escalera que vio Jacob en sus sueños. Aparecen los grandes temas de la vida espiritual, sus luces y sus sombras, sus combates y sus treguas, sus agonías y sus profundidades por donde el alma se adentra. En el monacato de Oriente, es tal vez el libro más leído después de la Biblia.
“¿Cuál es el monje fiel y sabio? Aquél que ha conservado el fervor sin dejarlo extinguir y que, día tras día hasta el final de su vida, no ha cesado de añadir fuego sobre fuego, fervor sobre fervor, deseo sobre deseo y celo sobre celo” (1,46).
“La pureza del corazón ha recibido la luz. La iluminación es la inefable energía de Dios contemplada en lo invisible y concebida en la ignorancia” (7,60).
“No corras tras la contemplación cuando no es el tiempo de la contemplación, a fin de que ella te pueda seguir a ti y captar la belleza de tu humildad, y que ella se una a ti para siempre en la más pura alianza” (7,63).
“El amigo del silencio se aproxima a Dios; y entreteniéndose con Él en lo secreto, se llena de luz” (11,5).
“La castidad es una apropiación de la naturaleza incorporal. Es el cielo terrestre en el corazón. Es una renuncia sobrenatural a la naturaleza, la condición de un cuerpo mortal y corruptible que rivaliza con los seres incorporales de un modo realmente maravilloso. Es casto quien desvanece el amor por el amor y quien apaga el fuego material con el fuego inmaterial” (15,2).
“Así como la luz de la aurora precede al sol, la dulzura de corazón precede a la humildad (…). Tal suavidad es un estado inmutable del alma, que permanece inmutable tanto en los honores como en las humillaciones” (24,1-2).
“Cuando un caballo está solo, se imagina que va al galope; pero cuando corre con otros descubre su lentitud” (25,21).
“El amor es mayor que la oración; la oración es una virtud particular, mientras que el amor contiene todas las virtudes” (26,52).
“El abismo de los dogmas es profundo, pero el espíritu del contemplativo se puede sumergir en ellos sin peligro. No es prudente nadar vestido ni meterse en la teología si uno está todavía sujeto a sus pasiones (…). “Quien ha alcanzado el estado de quietud conoce el abismo de los misterios; pero no habría llegado jamás hasta allí si antes no hubiera visto y entendido el tumulto de las olas y de los espíritus malignos” (27,11 y 27).
“Cuando el fuego viene a visitar el corazón, resucita la oración; y cuando ésta es revivificada se eleva al cielo, de modo que el fuego se convierte en una cascada en el cenáculo del alma” (28,48).
Viernes, 17 de febrero
Francisco Baena Calvo
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