El Ciervo

Recuerdos ínfimos y eucarísticos

21.10.09 | 10:00. Archivado en Vida cotidiana

JOSÉ MARÍA MARGENAT
Profesor de Filosofía Social en ETEA (Universidad de Córdoba)
Si llegaba el día que hubiese de escribir en El Ciervo sobre Ruiz-Giménez sabía que quería hacerlo desde el recuerdo personal de varios momentos en torno a la eucaristía. Ha llegado sin esperarlo. Siempre me sorprendió la naturalidad con que él se refería a la que para él era fuente de su vida y siempre me edificó. El primer recuerdo es de antes de nacer yo, pues en mi familia en que no se hablaba ni bien ni mal de ningún ministro franquista, excepcionalmente desde niño oí hablar con admiración de un ministro que había estado en Barcelona, iba pronto a misa, tomaba el tranvía y hablaba con los estudiantes. Este ministro era el único elogiado cuyo nombre conocí, Ruiz-Giménez.

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En recuerdo a Joaquín Ruiz-Giménez

19.10.09 | 10:00. Archivado en Iglesia

ROSARIO BOFILL
A mediados de los 50, cuando Joaquín Ruíz-Giménez era ministro de educación, que Lorenzo al repasar un día los sobres en que enviábamos El Ciervo, descubrió que al Excmo. Sr. Ministro de Educación y Ciencia, Don Joaquín Ruiz-Giménez, se le enviaba el sobre con un simple “Joaquín Ruiz”. Hizo corregir en seguida la falta y toda la vida lo recordó. Joaquín Ruiz-Giménez (quito el don porque estoy hablando de un gran amigo) fue suscriptor y admirador de El Ciervo. A lo largo de los años nos vimos en reuniones, conferencias, encuentros. Siempre cordial, con esa discreción que no es cobardía, sino rectitud. José María Margenat nos habla de su papel como hombre religioso y político. Yo quisiera recordar dos anécdotas: la primera fue en el Foro del Hecho Religioso, una noche en la Eucaristía, en el espacio en que los fieles hacen sus súplicas, se alargaban mucho. Joaquín se impacientó y dijo: “Señor te pido silencio.” Respiramos aliviados.
La otra, más que anécdota, es un recuerdo entrañable. El año 1994 fuimos a un Congreso en Sevilla. Yo tenía una intervención sobre el papel de El Ciervo en la preparación de la democracia. Coincidía en aquellos días que Lorenzo cumplía 75 años. Organizamos una cena íntima con amigos. Era un restaurante que había reservado él para nosotros. Resultó estar en un tercer piso. Joaquín subió con apuros, tendría 82 años, y lo sentimos por su fatiga, pero fue de veras una cena de esas íntimas, entre auténticos amigos de distintos lugares, con esa sensación de vivir un momento único concientes de que quizá no nos veremos más.
Le vimos por última vez cuando se celebraron los 90 años de Enrique Miret Magdalena en Madrid. Joaquín sonreía, apenas hablaba. Alguien comentó que era un triste destino para él que había fundado Cuadernos para el diálogo. Un hombre tan dialogante. Me alegro de haberle conocido. Faltan en España hombres como él.


Cómo debe ser la laicidad bien entendida (IV)

14.10.09 | 10:00. Archivado en Iglesia

La neutralidad es imprescindible

Rafael Díaz-Salazar
Profesor de Sociología en la Universidad Complutense

La neutralidad religiosa e ideológica del Estado es la piedra angular del proyecto laico. Las instituciones políticas y las leyes tienen identidades específicas y son autónomas e independientes de las confesiones religiosas. Por este motivo, la crítica del clericalismo y de los usos políticos de Dios es fundamental.

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Cómo debe ser la laicidad bien entendida (III)

12.10.09 | 10:00. Archivado en Iglesia

La religión emancipada y secularizada
Reyes Mate
Filósofo

La laicidad es, en primer lugar, emancipación de la religión. En los tratados de la tolerancia moderna –El ensayo sobre la tolerancia de Locke (1677), el Tratado sobre la tolerancia (1763) de Voltaire (1763) o en el Natán el sabio de Lessing (1778)–, lugares obligados de la laicidad, aparece claro que la religión no puede ser el principio legitimador de la política, de ahí la reivindicación de la libertad de conciencia o de la afirmación lessingiana de que todos, antes que judíos, musulmanes o cristianos, somos hombres. Los principios fundantes, en una sociedad plural, hay que buscarlos en la humanidad común y no en las religiones.

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Cómo debe ser la laicidad bien entendida (II)

07.10.09 | 11:19. Archivado en Iglesia

El derecho a la crítica recíproca
Pere Lluís Font
Teólogo

Teniendo en cuenta que, en los países de nuestro entorno, el régimen político-religioso de laicidad sustituye al de cristiandad, si se me pide que reduzca a tres las características indispensables de aquél, más allá de los diversos modelos y de la solución de diversas cuestiones concretas destacaría las siguientes:
a) La separación entre Iglesia y Estado (o entre religión y política), que supone la neutralidad religiosa de las administraciones públicas (ni confesionales ni laicistas) y la no intromisión entre política y religión, pero que no excluye necesariamente ni el reconocimiento del peso social y cultural de la religión ni la eventual colaboración entre administraciones públicas e instituciones religiosas.

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Cómo debe ser la laicidad bien entendida (I)

07.10.09 | 11:19. Archivado en Iglesia

Los tres jalones de una laicidad inteligente
Alfredo Tamayo Ayestarán
Doctor en filosofía y teología

1. Es importante ante todo saber distinguir entre laicidad y laicismo. Laicidad remite al carácter de justa autonomía, al derecho a regirse por leyes propias de cualquier quehacer humano que no tenga que ver directamente con lo religioso, se trate de la actividad científica, técnica, económica, literaria, artística, filosófica, jurídica o política. La laicidad conlleva una actitud de neutralidad frente a lo religioso, al contrario del laicismo, que implica una postura beligerante, de exclusión, de revanchismo histórico frente al fenómeno religioso.

2. Desde una apuesta decidida por la laicidad me parece importante adoptar una actitud crítica frente al talante de nostalgia histórica del que es portadora una buena parte de nuestra Iglesia, nostalgia de un pasado nacionalcatólico, de un Estado a su servicio. No es de recibo tampoco una reivindicación de omnisapiencia en el terreno de lo moral y del derecho natural cuando se presentan problemas éticos inéditos y en extremo difíciles y frente a los cuales el Concilio Vaticano II aconsejaba modestia y diálogo con instancias seculares (Gaudium et Spes, 33). Al margen de esto no creo que sea el laicismo como tal el gran enemigo de la fe hoy. Yo lo veo más bien en la indiferencia de las masas frente a Dios, en la carencia de valores y referentes éticos, en la inmersión en la vulgaridad y la chabacanería, en la conversión en mercancía de la vida.

3. Por fin, creo importante recordar a nuestros laicistas alejados de una laicidad inteligente que tampoco ellos tienen el monopolio de la racionalidad y de la verdad. Además no deben olvidar que vivimos en un país de dos mil años de fe cristiana que ha conformado, nos guste o no, nuestra historia y cultura. Y que la fe católica no reviste tan sólo formas de poder sino también de profunda mística, de organizaciones de atención a los necesitados, que atiende y acoge a aquellos de los que nadie quiere saber nada, incluido el mismo Estado.

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La penitencia de confesar

07.10.09 | 11:18. Archivado en Vida cotidiana, Iglesia


Joaquim Gomis
Un pecado cometí en este “Diario” del pasado junio donde recordaba mis inicios como cura de pueblo: me comprometí a contar algo sobre mi tarea de confesor. Pecado porque después de tantos años ejerciendo de escribidor ya debería saber que nunca debe uno comprometerse a hablar de eso o aquello. Porque pasas semanas pensando qué dirás y al llegar el momento de escribirlo ya te aburre el tema, te falta la chispa divertida de la improvisación. Pero lo prometido es deuda, dicen, y aquí me tienen cumpliendo mi penitencia.

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Juan Clímaco

01.10.09 | 12:24. Archivado en Espiritualidad

JAVIER MELLONI - EL RINCÓN DE LA MÍSTICA
Dentro de la tradición de los Padres del Desierto, destaca este monje del siglo VII del monasterio de Santa Catalina del Sinaí. Su obra, Escala del Paraíso, es un escrito exhaustivo y maduro donde se recoge la experiencia y la sabiduría depositadas durante los tres siglos anteriores. En ella presenta la vida espiritual como una escala de treinta escalones, evocando la escalera que vio Jacob en sus sueños. Aparecen los grandes temas de la vida espiritual, sus luces y sus sombras, sus combates y sus treguas, sus agonías y sus profundidades por donde el alma se adentra. En el monacato de Oriente, es tal vez el libro más leído después de la Biblia.

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Lunes, 13 de febrero

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