
Pedro Miguel Lamet
Escribió José Jimenez Lozano que “Juan de la Cruz es una de las más
enigmáticas figuras cristianas”. Y él, buen conocedor del místico
castellano, confesaba: “resulta una caja de sorpresas”. Porque si hay
unanimidad en la valoración del fraile Juan como poeta, también aunque
no lleguemos a comprenderlo como místico, queda en el fondo el enigma
de su persona. Si él gustaba de repetir aquello de la “música callada”
y de la “soledad sonora”, se diría que gustó también de callar sobre
su música personal y escogió una soledad que resultó entonces y ahora
sonora, pero enigmática. Todo lo contario que quien fue entre su
maestra y discípula, compañera en la lucha por la reforma de los
carmelitas –y, de algún modo, de la Iglesia de entonces– Teresa de
Jesús. Esta gustaba y casi se pasaba hablándonos de ella, y por eso la
conocemos bien, sigue admirándonos y divertiéndonos tantos años
después. Juan no es menos admirable, pero en su secreto personal que
tantos estudios publicados sobre él no llegan a descifrar.
Por eso admira, y se agradece, que Pedro Miguel Lamet, jesuita,
periodista, poeta, se haya atrevido a escribir un grueso volumen, de
más de quinientas páginas, sobre Juan de la Cruz. Conviene advertir,
como ya se indica en la portada, que se trata de un “novela
histórica”. Es un género que Lamet ha cultivado con excelentes
resultados en los últimos años. Se trata de imaginar lo que él
denomina “una percha narrativa” que sirva para dar viveza a la
presentación del personaje del que realmente quiere hablarnos,
situándolo en su tiempo (desde María de Nazaret a Francisco Javier,
para citar dos ejemplos bien distintos). En el caso del libro del que
tratatamos, la percha es el poeta y comerciante segoviano Pedro de
Valmores que enamorado de doña Ana de Peñalosa, sospecha que esta le
ha abandonado por culpa de un pequeño y casi desconocido fraile
denominado Juan de la Cruz. Y emprende un largo camino en búsqueda de
quién es este fraile. Su búsqueda es el relato que hallamos en el
libro, un relato que sirve al lector para descubrir la sorprendente
vida del pequeño fraile en el contexto convulso de las luchas
religiosas de aquellos tiempos, de la perviviencia –también en Juan de
la Cruz– de las herencias semíticas, de los intentos renovadores que
la Inquisición sabía perseguir.
En esta, como en otras novelas históricas de Lamet, quizá el lector
tema que lo que en ella pueda haber de novela domine sobre lo que al
lector le interesa, es decir, la historia, el personaje. En este caso,
Juan de la Cruz, de quien tan poco sabemos de su persona. Debo
reconocer que un servidor comenzó la lectura con este temor, pero la
terminó agradeciendo a Lamet que, poco a poco, no sin dificultades,
nos aproxime al que podríamos denominar santo escondido, hasta
conseguir que “el pájaro solitario” nos sea alguien cercano, admirado,
querido.
He dicho que Lamet lo consigue no sin dificultades. Porque si Juan
fue, siguiendo a Teresa, iniciador de la reforma de los carmelitas,
luego todo el lío inmenso que siguió, las luchas entre unos y otros,
le interesó poco como poco interesa al lector actual. Divierte lo que
para él tuvo de aventura –sobre todo su audaz huida de la cárcel en la
que los frailes enemigos le habían encerrado– pero cansa todo el
rifirrafe entre curas y frailes, monjas o nobles, incluso Felipe II y
sus asesores, evidentemente la Inquisición. Joaquim Gomis
La Esfera de los Libros, Madrid, 2009, 526 p., 24 e
Viernes, 17 de febrero
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