
Juan Martín Velasco
Teólogo
A mis muchos años se esperan pocas cosas de uno mismo: “Soy un fue y
un será y un es cansado”, decía Quevedo. Cada día un poco menos “es” y
un poco más “cansado”. Nuestro capital es la memoria –“este raro no
ser, este haber sido” (Sánchez Rosillo)– y ya comienza a flaquear.
Aunque, ¿se puede esperar en verdad algo de uno mismo ni siquiera en
la plenitud de la vida?
Queda la confianza de vivir en la memoria y en el amor del Señor.
¡Tantas veces hemos cantado y escuchado: “¿Qué es el hombre para que
te acuerdes de él?”
Hemos vivido acumulando trabajos, tareas, relaciones, de las que queda
lo que haya podido servir a otros. También hay lo que nos ha sido
dado: familia, hermanos, amigos. Tampoco en ellos podemos esperar,
pero de ellos esperamos que acompañen nuestra esperanza.
Ahora se trata de apaciguar la mente de fantasmas, serenar el corazón
de cuidados y vaciar las manos de todo, para poder asirnos a las que
esperamos que Dios nos tenderá al final. Con esperanza cierta, pero
envuelta en oscuridad. Porque ¿quién sabe algo sobre Dios? Esperamos
que él siga sabiendo de nosotros y nos siga dando señales de sí en las
“pasividades” crecientes de la vida que nos espera.
Martes, 14 de febrero
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes