
Juan Martín Velasco
Teólogo
A mis muchos años se esperan pocas cosas de uno mismo: “Soy un fue y
un será y un es cansado”, decía Quevedo. Cada día un poco menos “es” y
un poco más “cansado”. Nuestro capital es la memoria –“este raro no
ser, este haber sido” (Sánchez Rosillo)– y ya comienza a flaquear.
Aunque, ¿se puede esperar en verdad algo de uno mismo ni siquiera en
la plenitud de la vida?
Queda la confianza de vivir en la memoria y en el amor del Señor.
¡Tantas veces hemos cantado y escuchado: “¿Qué es el hombre para que
te acuerdes de él?”
Hemos vivido acumulando trabajos, tareas, relaciones, de las que queda
lo que haya podido servir a otros. También hay lo que nos ha sido
dado: familia, hermanos, amigos. Tampoco en ellos podemos esperar,
pero de ellos esperamos que acompañen nuestra esperanza.
Ahora se trata de apaciguar la mente de fantasmas, serenar el corazón
de cuidados y vaciar las manos de todo, para poder asirnos a las que
esperamos que Dios nos tenderá al final. Con esperanza cierta, pero
envuelta en oscuridad. Porque ¿quién sabe algo sobre Dios? Esperamos
que él siga sabiendo de nosotros y nos siga dando señales de sí en las
“pasividades” crecientes de la vida que nos espera.
Lunes, 13 de febrero
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Isabel Gómez Acebo
Francisco Margallo