
Dolores Aleixandre
Teóloga
Pasado ya el tiempo de esperar de mí misma mejoras constatables, ahora
espero cosas modestas: mantener el humor, hablar poco de enfermedades,
cumplir la norma de salud de los dos litros de agua y caminar una
hora; cuidar que no se me estropicie la poca voz que me queda,
amigarme más con el silencio por si acaso. Pero en cambio espero mucho
más que Dios me sorprenda con lo improbable y lo inverosímil, según
esa costumbre suya de desbordar nuestras previsiones: Sara parió
cuando estaba hecha un carcamal, los israelitas atravesaron el mar
brincando como carneros, una mujer doblada en dos por la artrosis se
enderezó, Zaqueo transfirió a una cooperativa de parados su cuenta
secreta de Suiza, Jairo y familia celebraron en un burger que su niña
había despertado de la muerte, en la mesa del banquete reservado a
vips se sentaron los que hacían cola en el ropero de Cáritas, a doce
tipos sin una triste diplomatura se les encomendó la evangelización
del mundo mundial.
Con semejantes precedentes, inauditos todos ellos, espero no estorbar
demasiado la irrupción en mí de lo imposible y lo inalcanzable, aunque
sea invisible. “Abre toda tu boca y yo la llenaré”, dice el salmo 81 y
el final del Te Deum va aún más lejos: “Fiat misericordia tua Domine
super nos quem ad modum speravimus in Te”. Que en traducción libre y
personalizada me sirve para decirle a Dios: “Espero que te decidas a
portarte conmigo según la desmesura de mi confianza en ti”.
Martes, 14 de febrero
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes