Las memorias de Hans Küng
03.06.09 @ 09:01:51. Archivado en Sobre los autores, Espiritualidad, Iglesia

Juan José Tamayo
En el segundo volumen de sus Memorias (el primero se publicó en 2003), Hans Küng (1928) se autodefine como “solidario de los buscadores de la verdad”, una verdad ciertamente controvertida, por la que siente verdadera pasión. “No podía seguir otro camino –afirma–, no sólo por la libertad, que siempre me fue querida, sino por la verdad, que está aún por encima de mi libertad. Si lo hubiera hecho –entrar al servicio del sistema romano–, así lo veo ahora, habría vendido mi alma por el poder de la Iglesia”. Estas memorias dan cuenta de esa búsqueda de la verdad en cuanto científico, entendida como racionalidad crítica; en cuanto cristiano, la verdad relevada en Jesús de Nazaret; en cuanto teólogo, la verdad de Dios, a la que sólo podemos aproximarnos a tientas y a ciegas, sin llegar a comprenderla, ya que, como dice Agustín de Hipona, “si comprendes, no es Dios”.
En esa búsqueda Küng ha seguido caminos diferentes a los de su colega Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, coprotagonista de estas memorias. Si éste pone en acento en la “dictadura del relativismo”, Küng lo pone en “la dictadura del absolutismo y del dogmatismo”, corporeizados en el culto personal al Papa y en el pensamiento único de la llamada eufemísticamente “Congregación de la Doctrina de la Fe”, que actúa con similar dureza a la antigua Inquisición y Santo Oficio. Küng entiende la verdad en sentido bíblico como veracidad, fidelidad, confianza; Ratzinger la define como ortodoxia y sumisión al dogma.
Las Memorias describen los sucesivos conflictos que tuvo con la Inquisición por el ejercicio de la libertad conquistada (título del primer volumen de las memorias) en la búsqueda de la verdad controvertida. Conflictos que siguen la lógica del certero proverbio alemán: “Los molinos de Roma no sólo muelen despacio, sino también sin hacer ruido”. La defensa que Küng hizo de sus ideas provocó este comentario de Congar, perito conciliar como él: “Debo decirle que admiro muchísimo su coraje y la fuerza que saca del servicio incondicional a la verdad. Pero también he de añadir que esto habría sido absolutamente imposible con Pío XII. Era un régimen emparentado con el estalinismo”.
En su búsqueda de la verdad, el teólogo suizo tuvo que plantearse la pregunta por el dogma de la infalibidad, que le llevó a una investigación desde la exégesis bíblica, la teología sistemática, la historia de la Iglesia y la filosofía del lenguaje. Dos fueron sus conclusiones: a) los dogmas deben atenerse a las leyes por las que se rigen las proposiciones humanas, y el de la infalibidad no las cumple; b) desde el punto de vista teológico-bíblico, sólo Dios puede considerarse infalible. La Iglesia y el Papa no lo son. Su misión es dar testimonio de la verdad ¡con hechos y palabras! El impacto de ¿Infalible? Una pregunta en la Iglesia católica fue similar al del manifiesto Yo acuso, de Émile Zola en la sociedad francesa. Tras un largo proceso, Roma declaraba que Küng “no puede ser considerado como teólogo católico ni puede enseñar como tal”.
Doloroso final, es verdad, pero feliz ganancia, concluye el teólogo, ya que de la derrota ante el Vaticano surgieron tres nuevas y creativas líneas de investigación: el trabajo interdisciplinar con expertos en literatura y religión, con físicos, psicólogos, economistas, científicos sociales y politólogos; el diálogo interreligioso e intercultural; y la propuesta de una ética mundial en tiempos de globalización.
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