
J.A González Casanova
Catedrático de Derecho Constitucional
En el último congreso del PSOE se propuso, para garantizar el derecho a una muerte digna y una intervención más efectiva en casos de enfermedades terminales o invalidantes, la legalización de la eutanasia activa y la plena deslegalización penal del suicidio asistido. En la práctica, ambas formas de morir se consideran un acto suicida. El Vaticano distingue, con sutileza, entre causa de muerte y motivación. Pío XII en 1947 y Juan Pablo II en 1995 coincidieron en considerar lícitos los narcóticos destinados a paliar el sufrimiento, aunque motivaran el óbito (eutanasia pasiva). Por contra, la Iglesia oficial se sigue oponiendo a cualquier acción o instrumento que pretenda directamente acabar con la vida. La eutanasia activa sería un suicidio, un pecado mortal y final. Por idéntica razón, dar asistencia al suicida, aunque éste la consienta y la pida, no deja de ser un homicidio consentido.
Pese a esta doctrina piadosa, el episcopado español recela de los paliativos. El cardenal de Sevilla calificó de “absurdo e indigno” el proyecto de ley andaluza de Dignidad ante el proceso de la muerte”, redactado según el criterio pontificio, y mantuvo que “lo auténticamente digno es la vida” y que las personas son “intocables desde su nacimiento hasta el final”. El arzobispo emérito de Pamplona censuró la sedación de enfermos terminales con estas terribles palabras: “Cristo no tuvo cuidados paliativos”. La retirada del respirador artificial a una enferma crónica sin solución que pidió morir obligó a las monjas del hospital religioso que la atendían a trasladarla a un hospital público por orden episcopal. Lo importante,por lo visto, no era el acto, sino el lugar.
Jesucristo no tuvo paliativos porque su tormento formaba parte de un proceso de muerte indigna. Equiparar con Jesucristo a un enfermo terminal, atormentado, sólo tiene sentido cristiano en cuanto las torturas y crucifixión sufridas expresan la solidaridad del Cristo con todo padecimiento o muerte del ser humano. Exigir a un cristiano o a toda persona un trato tan cruel e indigno como el de Jesús es otro acto de crueldad indignante, insolidario y contrario al amor con que el nazareno entregó su vida.
En realidad, no tiene sentido contraponer vivir y morir. Como ha escrito Salvador Pániker, “la alternativa no es entre vida y muerte, sino entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y degradante”. La Iglesia oficial, con su criterio materialista, defiende la vida de modo contradictorio. El aborto sería un asesinato, pero los asesinatos en una guerra “justa” (la de Franco en 1936, sin ir más lejos) no lo serían. Pero, sobre todo, la Iglesia se contradice cuando declara la libertad y la niega a la hora de una libre decisión en vida como es acabar con ella. Sólo Dios puede decidir eso, no el ser humano. El sufriente que pretende la eutanasia se substituye a Dios porque hace lo que quiere. No le excusa que la necesite, que sufra, que su dignidad padezca. Obligarle a ser un cristo es anticiparle el purgatorio por los pecados propios.
El amor cristiano no aparece para nada y se contradice con el humanitarismo demostrado en el caso de la eutanasia pasiva. Incluso el amor de Dios a través del Jesús crucificado se troca en castigo divino, como si Dios hubiera condenado a muerte a su Hijo para saldar una deuda con Él. Yo me pregunto: ¿según la teología, el ser humano es libre o no? ¿Lo es ante su muerte, si la acepta porque la necesita? Morir es un acto en vida de la propia vida. ¿Es cristiano negarle esa libertad postrera? La Iglesia oficial se la niega y, como dice Pániker, opta por la tortura. Y, sin embargo, ¿no es el patrono de la buena muerte, San José, el ímplícito patrono de la eutanasia cristiana?
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Por si alguien no lo recuerda, el franquismo no se desmoronó. Franco murió tranquilo, en la cama. Y se permitió una agonía de las caras, una agonía larga y bien cuidada. Entre los poderosos como Franco o Fidel Castro, no les va la eutanasia. Eso es para los desgraciados, los que vamos a acabar en las garras de la Seguridad Social, un Sistema de Salud que es una p*** mierda. Un Sistema de éxito relativo entre gente joven o de mediana edad que cotiza y anda preocupado de sacar su trabajo adelante antes que cuidar su salud. Les atiborran de drogas y cirujía y lo aguantan todo. Ese Sistema te declara en estado de pre-muerte entre los sesenta y los setenta años y sólo te dan un diagnóstico: es la edad. Hay que joderse.
Basta con tener dinero para que alguien se ocupe de que no nos muramos. Para que vengan los mejores médicos si te duele algo o te entra la depre y te curen y te animen. Así murió Franco, así Fidel Castro y así si hay dinero. El resto a la dulce eutanasia del Sistema.
De la repetición no nos libramos con quererlo. Hay un pensamiento muy poderoso que se repite y nada más. Y busca tonterías que le surtan de fraseología. Véase la "muerte dulce", el polo de limón de la muerte. ¡Qué ingenioso!. Hay que seguir repitiendo, hay que recurrir a lo que sea y volver a decir lo mismo. Estáis condenados a no pensar, a repetir los tiempos de "Franco". La repetición es un arte de cada día. Un arte de retroactualización. En eso es maestro don Cátedro, en dar bandazos como le vienen las tonterías a la cabeza. Y se lo publican. No es raro. En la televisión de cada día no paran de repetir las eternas memeces con una representación de imagen y sonido. Repite o muere. Esa es la ley del pensamiento actual de los eternos jóvenes de los eternos sesentas. Los que luchaban de boquilla contra Franco mientras sus padres hacían dinero con Franco para los próximos cien años de lucha de bocazas.
Tiempos de pasado: cumplía, llevaba, adoraban, habían impuesto
Tiempo de futuro: recoger muertos
Tiempos cruzados: Muerto Franco, la iglesia desmorona. Un presente histórico, un presente por un pasado: Muerto Franco, la iglesia se desmoronó, si no se desmoronó a lo mejor es porque "Franco" para muchos, no ha muerto. Tal vez hace falta un siglo para asegurarse de la muerte de alguien y, mientras tanto, a chupar del bote de los Presupuestos del Estado que financian a treinta mil euros cada desenterramiento. En todo caso el desmoronamiento de la iglesia dependerá de sus seguidores y no de una muerte imaginaria. El Partido Comunista no se ha desmoronado, ni la ETA. Ni el antifranquismo de lentejuelas. ¿Seguro que "muerto Franco"?.
Ese siglo político que nos espera será un siglo para recoger los tiempos muertos. Al final viviremos con un retrovisor en una mano y un retrorreloj en la otra andando boca abajo dentro de una máquina de los tiempos.
El franquismo cumplía las extrañas exigencias morales de los obispos. Muerto Franco, la iglesia se desmorona. No sólo llevaban a Franco bajo palio, es que lo adoraban. Así habían impuesto que en España sólo existiera el catolicismo, exterminando al resto de las religiones.
Divertido es que la iglesia no pueda condenar el franquismo. Aburridos, por conocidos y repetidos, los argumentos a favor o en contra del divorcio, aborto, eutanasia. Siglos no, pero cien años sí duran los efectos de una dictadura. Y aún faltan por recoger los muertos de los falangistas y párrocos
El Presidente ha dicho muchas cosas, que el terrorismo terminaba, y ETA voló Barajas y sigue matando, que íbamos al pleno empleo, y empezó la crisis. Y luego dice que no lo dijo y hay millones de fieles comprometidos que jurarán que no lo dijo. Típico del socialismo. Éllos oyen mejor que el resto lo que hay que oír en cada momento. Y no pierden un segundo en que nos enteremos los demás.
Aparte de decir, está lo de repetir. De aburrimiento nada, hay quien sigue repitiendo lo de Franco y José Antonio y sólo les falta cantar el himno de la Falange para repetirlo todo. Y de eso viven. Hay una ideología progre que repite y repite cada cosa como le conviene y dice que se aburre. Pues imagínate los que no somos de esa cuerda, los que estamos aburridos de verdad y vemos que van a seguir repitiendo y repitiendo lo de Franco y lo que toque por los siglos de los siglos. Menuda reserva espiritual de repeticiones, es inagotable.
Oí al Presidente que para esta legislatura no, para la siguiente se legislará la eutanasia. Qué aburrimiento, volver a repetir mil veces los mismo dimes y diretes que se dieron en los países de Europa. Como cuando el divorcio o el aborto. Reserva espiritual de Europa éramos con Franco. Reserva de indios, somos ahora, con nuestra absurda e inmoral moral cristiana hacemos el ridículo.
Un artículo de Don Cátedro sin faltar a lo grande como le gusta. No hay capitalismo "pecado" ni horribles "catalanófobos". Esta vez hay detalles. Obispos españoles hipócritas, crueles, insolidarios, contrarios a Cristo, insensatos, justificadores de guerras, negadores de la libertad, torturadores
Don Cátedro, ¿es Dios?. Sin duda es juez y ha condenado a los malos, le queda morir en la cruz por éllos. Lo pintoresco: la velocidad de la muerte, rápida o lenta. ¿Empieza y termina la muerte?. ¡Qué interesante!. Y la muerte dulce, muerte con sabores. De fresa o mango. ¡Qué muerte tan rica!. A la medida de la vida. Lástima que no dure. Cuando haya la ley de la muerte, ¿será de una semana con drogas y chicas guays?. Que no sea la muerte servicial de los dulces funcionarios del Estado antes del café. Que sea una juerga y Don Cátedro el showman. Lo hace bien. Le das rollo y monta el número. Ayer hacía malabares con el "pecado" a su bola. Ahora la muerte. Todo vale para matarnos.
buena muerte, desde la fe, es morir bien preparado de cuerpo y alma. Aliviar el sufrimiento, no amarlo. Al sufrimiento no se le ha de amar, pero se le puede aceptar con paz.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola