
Josep Maria Margenat
Profesor de filosofía social en ETEA
En lo que solemos llamar nacionalcatolicismo conviven dos fenómenos diferentes. En sentido amplio lo es la identificación de la realidad nacional con el catolicismo. En España, sin embargo, solemos reservar este concepto al intento fracasado de realizar la cristianización social desde el poder político. Evidentemente hay posiciones intermedias. Yo creo que ni en el segundo sentido, ni siquiera en el primero, hay una emergencia del nacionalcatolicismo en España, aunque exista en algunos sectores no pequeños una clara nostalgia de un catolicismo nacional políticamente influyente.
En la primera acepción es claro que en los años 30 del siglo xx el cordón sanitario frente a los fascismos, a las democracias y al totalitarismo soviético, tuvo mucho de nacionalcatolicismo: Polonia, Hungría, Austria, Croacia, Italia, Portugal, reunían bastantes características de países nacionalcatólicos. Cierto tradicionalismo español que se miraba mucho en la Action Française, pretendía jugar un papel nacionalcatólico, como buena parte de la jerarquía católica con el cardenal Gomà al frente. En el primer tipo de nacionalcatolicismo se suelen incluir también más recientemente los ejemplos de Irlanda, de Québec, de Argentina, como otros países que en distintas épocas han tenido fuertes formulaciones nacionalcatólicas; algunos incluso han mencionado algunos períodos y realizaciones del País Vasco y de Cataluña. Como se ve el fenómeno es poliédrico.
Lo que existió en España desde 1936-1939 hasta 1975-1978 fue un nacionalcatolicismo del segundo tipo, el que intentaba una recatolización forzada de la sociedad a partir de la acción del aparato ideológico y coercitivo del Estado, del poder en todos sus aspectos. En ese nacional catolicismo, el Estado era concebido como “instrumentum Regni”, el Estado y sus aparatos eran agentes de evangelización, como diríamos hoy. Entonces se hablaba de reconquista católica de la sociedad y, si se hablaba de reconquista era porque se había perdido el carácter de una sociedad cristiana y había que imponer a la nación, aunque fuera por la fuerza, el carácter católico porque era consustancial a la identidad nacional (española); por eso esa era tarea del Estado, de la que la Iglesia en su conjunto y en su jerarquía no eran sino una parte de la estrategia. Pues bien, esto fracasó entonces, y todavía vivimos de las consecuencias de su fracaso. Es un proyecto fracasado, como lo es el intento de hegemonizar la producción social de sentido de la realidad desde la Iglesia para recatolizar la sociedad. Pero hemos de reconocer las diferencias esenciales entre ambos proyectos.
Por otro lado asistimos en España a un intento paralelo de laicismo desde el poder político, tanto desde el propio partido del gobierno y otros partidos que le apoyan en ámbitos locales y regionales, como desde poderosos centros productores de cultura y medios de comunicación social. ¿Podemos llamar a este fenómeno nacional-laicismo? No estoy seguro, pues hay una diferencia importante al ser la nuestra una comunidad política democrática, con reglas, garantías y procedimientos legales para el control y la participación popular. Por otra parte, el consenso democrático es muy amplio, la nuestra es una sociedad plural, con una configuración poliárquica clara y una fuerte diferenciación, aunque sí hay algo que asemeja este fenómeno.
Muchos tenemos la convicción y la experiencia de que, desde algunas instancias políticas y de medios de comunicación, se está promoviendo una laicización forzada abusando del poder político y legal y de los poderes económicos, muy vinculados a los medios de comunicación. Esta laicización forzada quizá tenga como consecuencia no querida el refuerzo de los sectores católicos más neoconservadores. Estos acentúan la reacción identitaria como agentes de catolización social. Un ejemplo pudo ser la famosa misa de la familia de fin de año en Madrid en 2007, que este año se habrá repetido aunque con menos participación, porque ya hay algunas iglesias locales que no se identifican con este proyecto. Otros, cada vez más reforzados se configuran como agentes de reconquistas social y política.
Igual que fracasó el nacionalcatolicismo, el nacional-laicismo imperfecto está abocado al fracaso en su intento de forzar la laicización de la sociedad, aunque puede producir un efecto no querido, un efecto descarriado. Así como el diálogo con la ciudad secular ha tenido como uno de sus efectos no deseados un proceso de secularización interna de los cristianismos, el proyecto de laicismo forzado del mundo de la vida puede tener como efecto no deseado la recomposición de un bloque hegemónico nacional-católico en el seno de la Iglesia en España que definitivamente ocupe el centro de poder del espectro eclesial. Téngase en cuenta que desde el final del período del cardenal Tarancón al frente de la Conferencia Episcopal se han mantenido durante casi todo el pontificado de Juan Pablo II y durante el actual, dos bloques casi equivalentes en votos, que van alternándose sucesivamente, pero con votaciones últimamente muy reñidas.
Además de este efecto colateral, el verdadero resultado grave sería el retraso en la consolidación de una verdadera laicidad del Estado no confesional, con una presencia pública de las iglesias y confesiones religiosas, reconocidas en el ámbito prepolítico como interlocutores en la sociedad civil. El Estado es laico, pero no lo es la sociedad pues ésta es plural. No se debe forzar la laicización social pues impide la verdadera laicidad del Estado en una ciudad secular y pluralista, como deseamos los ciudadanos demócratas y como deseamos muchos cristianos porque es la mejor forma de configuración del espacio público para la acción de evangelización de la Iglesia.
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En su discurso ante los obispos, Benedicto XVI se refirió al laicismo de Francia, uno de los temas que marcó su visita a París, destacando la «originalidad» de la situación francesa, que la Santa Sede «desea respetar». Se felicitó de que Sarkozy hubiera resaltado «los valores cristianos de Francia». 300.000 francesas, trescientas mil, ejercen cada año su derecho al aborto.
pues a mi no me parece que el nacionalcatolicismo esté de capa caida y ni mucho menos apartado. Según se están poniendo las cosas está resurgiendo y con bastante vigor en muchas partes
Se ha remitido a los juzgados decanos provinciales los datos relativos a los niños robados. Se cifran en más de treinta mil los menores que entre 1944 y 1954 fueron recluidos en centros religiosos y luego adoptados por familias franquistas. El régimen consideraba su familia republicana como inadecuada para su formación. "Protección de menores" le llamaban. En las listas ha colaborado el Patronato de la Merced y el Patronato de San Pablo.
Para no patinar con las analogías mejor decir estatal-laicismo. Que el Estado imponga eso en lo que nadie reparaba y que llaman "laicismo" de cuatros años para acá. La cosa consiste en que el Estado impone al Estado llámese lo que se llame y que eso está bien y que el Estado es bueno y acierta siempre. La "laicización" no es nada serio, es un acto de fé en el Estado. La laicización es el acto de seguir al Estado adonde nos quiera llevar que no es a ser laicos sino a ser imbéciles.
Item: Me he pronunciado por un Nuevo Concilio. Básicamente que sea Organizativo. Presencia de mujeres y de laicos: Un Tercio de cada. Laicos y Mujeres al Gobierno de la Iglesia en todas las Demarcaciones: 1/3 de cada. Sesiones del Concilio en Asia-Australia (Filipinas), en África y en América Latina y "Sesión de Clausura" en Sevilla (España). Nom: Concilio Ecuménico Universal I "Cinco Continentes" y Sevilla.
"Un nuevo Concilio? Solamente soñaría con un nuevo Concilio si en él hubiera representación del clero y de los laicos(as) y donde se pudieran discutir ampliamente y con libertad todos los temas de actualidad teniendo en cuenta el "sensus fidelium". Y con la libertad de expresión para tantos teólogos silenciados....¡Todos desarmados y abiertos al Espíritu !
En las presentes circunstancias, sólo un "milagro" de Dios lo haría posible con un Papa "Martini". ¡Dios lo quiera!"
OK. OK. De acuerdo.
Para mí constituye ya una evidencia el intento de forzar una laicización de la sociedad española, es decir, la existencia de un proyecto nacional-laicista en toda regla. Es evidente que cuando este proyecto se lleva a la práctica sin pararse en barras, utilizando a discreción los medios de comunicación casi en su totalidad, crece la posibilidad de una respuesta menos templada por parte de algunos miembros menos inteligentes de la jerarquía católica.A una agresividad se responde con otra. Lo llamativo, para mí, es que todo el catolicismo progresista español, en vez de criticar a fondo y con contundencia el proyecto paleto y siniestro nacional-laicista, la emprende a mamporros con los obispos que no son capaces -entre otras cosas porque se encuentran con pocos apoyos intelectuales y emocionales- de afinar una estrategia de respuesta inteligente que no caiga en la trampa del enemigo. Saludos.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola